El Papa en la clausura de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

En la Basílica de San Pablo Extramuros el Santo Padre dirigió en la tarde del martes 25 de enero la oración de las Segundas Vísperas en la clausura de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

El Santo Padre celebró este martes las Segundas Vísperas de la Solemnidad de la Conversión de San Pablo, en el cierre de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Invitando a la unidad plena deseada por “Jesús, que quiere que todos seamos uno (cf. Jn 17,21)”.

 

 

Los momentos de oración, y diversas iniciativas que buscan la unidad de los cristianos tuvo como eje central la cita bíblica: “hemos visto aparecer su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo” (Mt 2, 2)

En la ceremonia de este 25 de enero, en la Basílica de San Pablo Extramuros, se hizo el rezo de los Salmos y el Papa reflexionó sobre el itinerario que hicieron los Magos, “que consta de tres etapas: comienza en oriente, pasa por Jerusalén y por último llega a Belén”.

En el rezo de las Segundas Vísperas estaban presentes, Su Excelencia Polykarpos Stavropoulos, Metropolita Ortodoxo de Italia en Malta; Su Gracia Ian Ernest, Director del Centro Anglicano en Roma; y el Cardenal Kurt Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

 

Oriente

El Papa recordó en la meditación el arriesgado viaje de los Magos para buscar “algo más” y “no conformarse con sus propios conocimientos y tradiciones”.

“Queridos hermanos y hermanas, sigamos también nosotros la estrella de Jesús. No nos dejemos deslumbrar por los resplandores del mundo, estrellas esplendentes pero fugaces. No sigamos las modas del momento, meteoros que se apagan; no caigamos en la tentación de brillar con luz propia, o sea de encerrarnos en nuestro grupo y salvaguardarnos a nosotros mismos”, dijo Francisco.

El Papa también mencionó a los pueblos de Oriente “diezmados por la guerra y la violencia”, pero que, con su testimonio “nos dan esperanza, nos recuerdan que la estrella de Cristo sigue brillando en las tinieblas y no se apaga; que el Señor desde lo alto acompaña y alienta nuestros pasos”.

 

Jerusalén

Luego los Magos llegan a Jerusalén con el deseo de encontrarse con Dios, pero enfrentan antes la “realidad terrenal”, y en ella “experimentan la resistencia de las fuerzas oscuras del mundo”.

«Cuando el rey Herodes oyó esto —dice el Evangelio—, se alarmó, y con él toda Jerusalén» (v. 3).

Advirtió el Francisco que “incluso en nuestro camino hacia la unidad podemos estancarnos por la misma razón que paralizó a aquella gente: la conmoción, el miedo. Es el temor a la novedad, que sacude los hábitos y las seguridades adquiridas; es el miedo a que el otro desestabilice mis tradiciones y mis esquemas consolidados; pero, en el fondo, es el miedo que vive en el corazón del hombre y del que el Señor Resucitado quiere liberarnos”.

Ante la adversidad para encontrarse con Dios, recordó el Papa que los magos escucharon las Escrituras: “Tampoco nosotros, los cristianos, podemos llegar al Señor sin su Palabra viva y eficaz (cf. Hb 4,12), que fue dada a todo el Pueblo de Dios para ser recibida, para orar con ella y meditarla juntos”.

 

Belén

Y al llegar a Belén los Magos adoraron al Niño Dios, “así es como termina su viaje: juntos, en la misma casa, en adoración. De este modo los Magos anticipan a los discípulos de Jesús, que aun diversos, pero unidos, al final del Evangelio se postran delante del Resucitado en el monte de Galilea”, reflexionó el Papa.

Señala Francisco que esto, es un signo profético para alcanzar la plena unidad, “que anhelamos al Señor, que somos compañeros de viaje por los caminos del mundo y buscadores de los signos de Dios en la historia a través de la Sagrada Escritura”.

Para ello, invita el Pontífice a fortalecer la comunión desde la oración: “queridos hermanos y hermanas, la etapa decisiva del camino hacia la plena comunión requiere de una oración más intensa y de la adoración de Dios”.

“Pidamos a Dios en esta tarde que nos conceda esta valentía, la valentía de la humildad, único camino para llegar a adorar a Dios en la misma casa y en torno al mismo altar”

Finalmente, en su meditación el Papa Francisco, dirigió una plegaria: “Te pedimos Señor que nos concedas el valor de cambiar camino, de convertirnos, de seguir tu voluntad y no nuestras conveniencias; de ir hacia adelante juntos, hacia Ti, que con tu Espíritu quieres que todos seamos uno”.

(Johan Pacheco – Vatican News)

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