Carta pastoral de Mons. José María Yanguas: «De Belén al mundo»

Queridos diocesanos:

El pasado martes, 18 de enero, daba inicio la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que culminará con la fiesta de la conversión de San Pablo el próximo día 25. Todos somos invitados a intensificar nuestra oración de petición a Dios Nuestro Señor por esa intención, dando continuidad a la que, en la última Cena, elevó Jesucristo a su Padre celestial. Jesús estaba a punto de iniciar su “pascua”, su paso de este mundo al Padre, y rezó intensamente pidiendo la unidad de los suyos: “Padre Santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno como nosotros” (Jn 17, 11). Y poco más adelante, su petición se amplió, abrazando a todos los que creerían en él a lo largo de los siglos: “No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en ti, por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tu Padre en mí, y yo en ti” (ibídem  17, 21). Y es que la unidad entre los discípulos es fruto de la comunión en la Vida de Cristo; unidad tanto más fuerte, cuanto más íntima es la unión con él, vid en la que se injertan los sarmientos que reciben de ella vida y alimento. Unidad que se mantiene y fortalece en la medida en que observamos sus mandamientos -su mandamiento como dice Jesús-: “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado” (ibídem,15, 12).

Si, como dice San Pablo a los Colosenses, “el amor es el vínculo de la unidad perfecta” (3, 14) -un amor que se hace compasión, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia y perdón-; encontrará sus enemigos irreconciliables el cualquier género de discordia, envidia, cólera, ambición, disensión, rivalidades… (cfr. Gal 5, Col 3, 12-13). De ahí la insistencia de la Iglesia en la conversión como primer requisito para la paz y la unión entre los hombres, los pueblos, las confesiones religiosas, las Iglesias cristianas. Así lo afirma solemnemente el Concilio Vaticano II al decir que: “el auténtico ecumenismo no se da sin la conversión interior” (Dec. Unitatis redintegratio, 7). Esta convicción, según el Concilio, lleva a recordar a “todos los fieles que tanto más promoverán e incluso practicarán la unión de los cristianos cuanto mayor sea su esfuerzo por vivir una vida más pura según el Evangelio. Porque cuanto más más estrecha sea su comunión con el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, más íntimamente y más fácilmente podrán aumentar la mutua hermandad” (ibídem), mayor será el vigor de los lazos que nos unen, más vivo el deseo de la unidad y más cercana la meta de la unión.

El lema que preside esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos: “Hemos visto brillar su estrella y venimos a dorarlo”, yqu pone de relieve que esa unidad es posible solo a los pies de Cristo, en actitud de adoración que confiesa en el Niño al Hijo eterno de Dios y al Maestro y Pastor de nuestras almas. Solo después de adorar al Niño, se vuelven los Pastores dando gloria y alabanza a Dios. Y los Reyes Magos, tras postrarse ante él, regresan a su tierra llenos de inmensa alegría. De Belén al mundo, podríamos decir; de la adoración y confesión de Jesús como Dios y hombre verdadero, a la evangelización, marcada por el ímpetu del Espíritu, que esparce la semilla de la Buena Nueva por toda la tierra. Si “el avance de la descristianización de Europa inquieta la conciencia de las Iglesias y Comunidades eclesiales”, como dicen los Obispos españoles en su Mensaje, se hace aún más necesario recomenzar desde la profesión de fe en Jesucristo, firme, decidida, misionera, de cada cristiano. Unidad de fe, comunión de amor entre todos los cristianos, “para que el mundo crea” (Jn 17, 21).

Eso pedimos al Señor confiadamente en esta Semana de Oración, en comunión con todos aquellos que confiesan a Cristo, muerto y resucitado por nuestra salvación y la de todo el género humano.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).