Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Jesús comienza la predicación del reino

Jesús ha concluido el tiempo de su vida oculta de familia, bajo la autoridad de sus padres y comienza la predicación de la buena noticia del reino.

Ha elegido a los que van a ser sus más íntimos seguidores y colaboradores, los apóstoles, y comienza a explicar a los principales de Israel quien es Él y para qué ha venido a este mundo.

Comienza precisamente por su pueblo, Nazaret, donde se había criado, presentándose en el templo y saliendo a leer la lectura del profeta Isaías, que decía: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». (Lc 4, 18-21).

Así explica Jesús a sus contemporáneos y a sus compatriotas la misión que trae a este mundo: evangelizar a los pobres y proclamar la libertad a los cautivos.

Jesús va a cumplir a la perfección con esta misión de anunciar la buena noticia de la salvación a todos los hombres, especialmente a los pobres, a los últimos, a los desahuciados de la sociedad. Cristo tuvo siempre una gran predilección por los pobres, de tal manera que se identifica con ellos: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40).

La misión que Cristo recibió del Padre fue la de mostrar a los hombres esa buena nueva de la salvación, una salvación que no podíamos ganar a puños, sino que era el Padre el que nos la regalaba, porque Cristo, con su nacimiento, muerte y resurrección nos la había ganado.

Cristo viene a este mundo y así lo va a realizar en todo momento, para mostrar a los hombres el verdadero rostro de Dios lleno de misericordia que no ha querido que el hombre quedara condenado para siempre por su pecado, sino que, tras el pecado, Dios prepara un «plan de salvación», el de enviar a su Hijo, para que haciéndose uno de nosotros, menos en el pecado, nos mostrara a todos la salvación de Dios, la buena noticia de la salvación.

Esta buena noticia de la salvación comienza por mostrar al hombre ese verdadero rostro de Dios, que es el rostro de un Dios Padre, bueno y misericordioso, capaz de compadecer se de las miserias humanas y que, a pesar de los pecados del hombre, le ofrece la salvación de Dios y le muestra el gran amor que Dios le tiene.

Esta es la buena noticia que Cristo encomendó a la Iglesia para que la anunciara a todos los hombres de todos los tiempos, estuvieran en la situación que estuvieran: que Dios sigue a su lado, que Dios sigue queriéndolos y amándolos a pesar de sus pecados, y, desde esa realidad, hacerles la invitación a seguir a Cristo como discípulos suyos, convirtiendo su vida y viviéndola desde la realidad de la gracia.

El anuncio de la buena noticia de la presencia de Jesús que nos muestra la presencia de un Dios Padre bueno y misericordioso, capaz de compadecerse de nuestros pecados y debilidad y capaz de querernos sin mérito alguno, es el mensaje del que hemos de ser portadores todos los bautizados para los demás, especialmente para los pobres y necesitados de Dios y de los demás, a los esclavos de cualquiera de las esclavitudes en la que ha caído el hombre hoy, y a las que se debe sentir llamado para liberarse de ellas por medio del amor de Cristo y el seguimiento de su persona y de su mensaje.

Este es el mensaje que continuamente nos está repitiendo el papa Francisco, repitiéndonos que hemos de llevar el mensaje de Cristo a las periferias o, como decía san Juan Pablo II, hasta el corazón del mundo actual, un mundo que se niega a reconocer la presencia de Dios en él y que le necesita para encontrar sentido a su vida y poder dar respuesta a los interrogantes más importantes del hombre actual.

Este debe ser el empeño de toda la Iglesia, porque Cristo ha querido que participáramos de su misma misión. Por lo mismo, todos y cada uno de nosotros, miembros de esta Iglesia con esa misión, debemos sentirnos corresponsables de la evangelización de este mundo de hoy y del hombre actual.

 

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.