Carta pastoral de Mons. Atilano Rodríguez: ‘Sinodalidad y escucha’

La palabra “sinodalidad” expresa el camino realizado con los otros, es decir, la experiencia de la vocación cristiana desde la vivencia de la comunión fraterna con nuestros hermanos. Este camino realizado de forma conjunta es la mejor concreción y manifestación del ser de la Iglesia entendida como Pueblo de Dios que, guiado por el Espíritu Santo, avanza en su peregrinación por este mundo hacia la Jerusalén celestial.

Una Iglesia sinodal es una Iglesia siempre atenta a las insinuaciones del Espíritu Santo y preocupada por encontrar nuevos caminos y nuevos métodos para el ejercicio de la misión evangelizadora. El Papa afirma que la Iglesia sinodal es una Iglesia de “puertas abiertas” para acoger con dulzura a quienes desean profundizar en su fe y para salir con decisión y alegría al encuentro de quienes necesitan a Dios para encontrar la paz del corazón y para descubrir el verdadero sentido de su existencia.

Uno de los aspectos que debemos tener especialmente en cuenta en una Iglesia sinodal es la disponibilidad para la escucha de Dios y de los hermanos. Todos hemos de permanecer muy atentos a lo que Dios quiera decirnos para hacer su voluntad, y todos hemos de escuchar a nuestros semejantes para escrutar con ellos los signos de los tiempos. En el discernimiento personal y comunitario, siempre podemos aprender algo nuevo de los demás, aunque tengan poca formación o cultura.

Esto quiere decir que en el proceso sinodal no podemos centrarnos únicamente en los debates de los grupos para ver quién impone sus criterios a los demás ni en la recogida exacta de las aportaciones de los miembros del grupo. El papa Francisco, en el discurso con ocasión de la conmemoración del 50 aniversario del Sínodo de los Obispos, nos decía que necesitamos “escuchar a Dios hasta escuchar con él el clamor del pueblo y escuchar al pueblo hasta respirar con él la voluntad a la que Dios nos llama”.

Este discernimiento comunitario es una ayuda valiosísima para la edificación de comunidades cristianas adultas en la fe, conscientes de su vocación y atentas a la misión. El discernimiento es siempre una gracia de Dios, pero requiere también nuestra participación consciente en la oración, en la reflexión personal y en el diálogo fraterno con nuestros semejantes para encontrar juntos claridad en medio de las oscuridades.

En ocasiones todos podemos caer en el conformismo espiritual y pastoral, resistiéndonos a la acción del Espíritu Santo, que nos impulsa a salir de la rutina y de la comodidad pastoral para emprender nuevos caminos. Para superar la rutina y el conformismo pastoral, hemos de tener presente que el discernimiento implica siempre la oración, la reflexión y el compromiso de la mente y del corazón para buscar en todo momento la voluntad de Dios y asumir con gozo su cumplimiento.

Con mi bendición, feliz día del Señor.

 

+ Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.