Beatificación de Pauline Jaricot, el próximo 22 de mayo: ¿cómo muere un santo?

El día 9 de enero se celebra el aniversario de la muerte de Pauline Jaricot, fundadora de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe, la impulsora del Domund.

Teniendo en cuenta que Pauline será beatificada en Lyon, Francia, el próximo 22 de mayo, hemos querido fijarnos en su muerte para descubrir cómo muere un santo.

Es sencillo: Pauline murió como Jesús. Perdonó a sus enemigos, y se entregó en los brazos de su Madre, la Virgen María. Y murió también como hija fiel de la Iglesia, manifestando expresamente su adhesión al Santo Padre. Al morir, Pauline hizo carne las peticiones que los cristianos hacemos en el padrenuestro y el avemaría.

 

“Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”

Conmovida por la indigna situación de los obreros en la Francia de inicios del siglo XIX, Paulina impulsó una obra para ellos. Una iniciativa que la llevó, en los últimos años de su vida, a la bancarrota financiera y a un sinfín de sufrimientos por no poder restituir la ayuda que sus bienhechores le habían ofrecido y al ver cómo sus enemigos la difamaban y perseguían.

Sin embargo, Paulina se preparó para morir perdonando a sus enemigos y haciendo jurar a María Dubouis ‒una de sus más fieles colaboradoras‒ que no revelaría nada relativo a las injusticias que había sufrido. Es más, también hizo quemar las cartas que recibió de cardenales, sacerdotes, misioneros, religiosas y personas sencillas que la apoyaban.

El 3 de diciembre de 1861 recibió la unción de enfermos. Al sacerdote que le preguntó si perdonaba a quienes la había ofendido dijo: “Perdono de todo corazón y sin excepciones a cuantas personas me hubieran ofendido. Y pido a Dios que, si voy al cielo, tenga una especial intercesión a favor de ellas, pues anhelo que todas se salven y que sus familias sean ejemplares en la conservación de la fe”.

En este mismo sentido, poco antes de su muerte, cuando ya no era capaz de hablar con normalidad, la oyeron repetir sin parar: “Per…, per…, per…”. Lo que Pauline estaba intentando decir era: “Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

 

Fiel hija de la Iglesia

Es muy significativo que Pauline aproveche su último escrito, que fue una circular dirigida a los socios del Rosario Viviente, para expresar su adhesión al Papa: “En estos días que se me escapan llevándome hacia la eternidad… mi mayor consuelo es haber sido siempre sumisa a la santa Iglesia católica, apostólica y romana… Entre los dones de la misericordia de Dios, el apego ilimitado que ha impuesto en mi alma hacia la Cátedra de San Pedro es a mis ojos el más rico y precioso tesoro que haya recibido”.

 

“Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”

Resulta conmovedor que, cuando Paulina estaba prácticamente en la antesala de la muerte y sin fuerzas, lograra de repente incorporarse y exclamar con claridad, tendiendo los brazos hacia la imagen de la Virgen: “¡Madre mía, Madre mía! ¡Toda vuestra soy, toda vuestra!”.

La fundadora de la Obra de la Propagación de la Fe, la laica que recibió el carisma de apoyar la misión universal con la oración y la caridad, la mujer que permitió tejer esa red mundial misionera al servicio del Papa que son las OMP, murió al amanecer del 9 de enero de 1862, estrechando contra el corazón el crucifijo que el Santo Cura de Ars le había regalado en su última entrevista.

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(OMP)

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