Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez: El futuro se regirá por las familias que tengan más hijos

Hay una frase en la Biblia que dice: “Creced, multiplicaos, llenad la tierra” (Gn 1,28). El Concilio Vaticano II lo interpreta afirmando que Dios queriendo comunicar al ser humano una participación especial en su propia obra creadora, bendijo al varón y a la mujer con esta afirmación del Génesis. De aquí que el cultivo auténtico del amor conyugal y de toda la estructura de la vida familiar que de él deriva, sin dejar de lado los demás fines del matrimonio, tiende a capacitar a los esposos para cooperar con fortaleza de espíritu con el amor del Creador y del Salvador, quien por medio de ello aumenta y enriquece su propia familia. En sentido positivo va bien pero si a esto añadimos que se trata de considerar la vida humana según los intereses economicistas y materialistas, se deduce que se llegue a poner más empeño en vivir bien materialmente mucho más que a la hora de engendrar hijos.

Las consecuencias pueden llegar a ser muy dramáticas. Atentos hemos de estar al saber que demográficamente en Europa la natalidad ha bajado tanto que se observa no se pueden cubrir los puestos de trabajo en general, pensemos en las personas que cuidan de los ancianos o los que trabajan en hostelería. Por ejemplo, pensando en Francia, se sabe que, según estadísticas, la población de inmigrantes crece tanto que en pocos años serán la mayoría de los franceses cercanos y fieles a la religión musulmana. En Europa para el año 2035 serán más de cuarenta millones de religión mahometana. Y la razón fundamental es que la natalidad en ellos es muchísimo mayor que en los europeos y sus convicciones en este punto son más firmes.
La cristiana Europa tiene un declive demográfico muy alto. La naturaleza es muy sabia, de ahí que se diga: “Dios perdona siempre, el ser humano a veces, pero la naturaleza nunca”. Lo que más duele es que no hay conciencia de ello porque la vida no se puede administrar con falsos progresos que lo único que consiguen es el devaluar lo auténticamente humano como es la defensa de la vida desde el inicio hasta el final y la defensa de la vida es lo más grande y valioso que el ser humano posee. Europa pierde su fe y su población y le da vergüenza su esencia espiritual rechazando sutilmente sus raíces cristianas. El continente europeo ignora la fe cristiana. Rehúsa siquiera hacer mención de ella en la nueva Constitución Europea y, es más, omite toda referencia a Dios.

La apuesta es interesante, para que se acabe la bajísima natalidad, y como se constata, se va superando con los inmigrantes de otras partes del mundo. La población de la India crece en una semana más que la de la Unión Europea en todo un año. Por eso, no es extraño que lleguen tantos inmigrantes que son como un toque de atención a los países que se duermen en el “limbo del materialismo”. Y se sigue pensando que es progreso el aborto, la eutanasia, las uniones libres y de cualquier condición. Y se sigue afirmando que quien construye la sociedad es la ideología de moda o los planteamientos de un populismo desbocado. Grave error que conducirá a frutos muy amargos y un futuro descompuesto si se sigue así.
Ante tal panorama no podemos dejarnos llevar por la falta de esperanza. De ahí que en este tiempo que nos toca vivir celebremos el gran misterio de la Navidad, a la que por cierto se quiere eludir y marginar, y que nos recuerda el gran amor que Dios ha tenido para vivir y convivir entre nosotros y mostrándonos con su testimonio y su palabra la razón de ser del género humano. Que la Familia de Nazaret nos impulse a mirar y apreciar la belleza de la familia humana y la grandeza de sus hijos.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).