Carta pastoral de Mons. Enrique Benavent: Dios se ha hecho hombre

Nos estamos acercando a la celebración de la Navidad. Los medios de comunicación de masas han convertido esta fiesta en una celebración del consumo, de la búsqueda de una felicidad material que siempre será efímera o, a lo sumo, de exaltación de unos buenos sentimientos que se olvidan cuando pasan estos días. Si nos dejamos arrastrar por el ambiente cultural que nos envuelve, en el que Dios es el gran olvidado, el mensaje central de la Navidad pasa totalmente desapercibido. Y es que la Navidad no nos lleva a un mundo irreal de sueños, sino que nos habla de Dios. Lo que la fe nos permite contemplar en el pesebre de Belén es al mismo Dios que, “por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo”.

Si Dios ha descendido a la tierra no es porque necesite de nosotros, sino porque le importamos y quiere hacerse nuestro compañero y nuestro hermano en el camino de la vida. Cuando vemos a una persona necesitada, la reacción más cómoda es mirar al otro lado y encerrarnos en nosotros mismos. Dios no actúa de este modo: ante los dramas de la humanidad se revela como un Dios de los hombres, que no abandona a su criatura porque la ama y quiere colmarla con su amor y con su gracia. Dios se ha aliado con la humanidad para siempre y se ha manifestado como amigo del hombre.

La fiesta de Navidad no nos habla de Dios como si se tratara de una idea abstracta e impersonal que nos dejaría indiferentes. Nos muestra a un Dios personal, que tiene un nombre, que se ha hecho hombre, que se nos ha acercado con un rostro concreto y que nos ha amado con un corazón humano; a un Dios que ha querido compartir nuestra historia y que ha hecho suyas todas nuestras vivencias humanas. Mirando a Cristo, descubrimos a un Dios, que no nos conoce desde fuera, sino que ha experimentado nuestra fragilidad y nuestra pobreza, nuestros dolores y alegrías, nuestros fracasos e ilusiones. En la solidaridad de Dios que se nos revela en Navidad descubrimos el camino de la Iglesia: los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, han de serlo también de los discípulos de Jesucristo.

La fiesta de Navidad nos habla de un Dios que nos señala el camino para humanizar nuestro mundo. La dinámica que predomina en la relación entre las personas es la de marcar las distancias y guardarlas. Quienes ocupan puestos de superioridad los defienden manteniendo las distancias. Dios las ha superado, pero desde arriba hacia abajo. Su Hijo, “siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriquecernos con su pobreza” (2Co 8, 9). No se ha conformado con hacerse nuestro hermano, sino que ha querido llegar a ser nuestro servidor. Se ha despojado de la forma de Dios y ha asumido la “forma de siervo” (Fi 2, 7). Y no ha entrado en un mundo ideal, sino en un mundo que vive bajo el signo del pecado. La situación de la humanidad, con todo el mal que encierra, no solo no le ha repugnado, sino que le ha movido a venir a salvarnos. Un Dios que actúa de este modo es digno de fe.

Que el ambiente de estos días en nuestros pueblos y familias no nos lleve a olvidar que esto es lo más importante que celebramos.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.