Carta pastoral de Mons. Rafael Zornoza: Poner el Belén en Adviento

En este tiempo de Adviento que precede la Navidad nos preparamos para vivirla, y poner el Belén en familia es uno de los modos mejores de hacerlo. Esta tradición nos ayuda a recordar el verdadero sentido de la navidad.

El belén y el árbol son dos «iconos» de la Navidad, que contribuyen a crear una atmósfera favorable para vivir con fe el misterio del nacimiento del Redentor y son un signo de esperanza. En España la tradición de montar Belenes es muy popular. Muchos pueblos y ciudades españolas hacen los Pesebres en Iglesias, ayuntamientos o salas de exposiciones, y en muchos hogares se reserva un lugar de la casa para montar el Belén, o, al menos se pone “el Misterio”, es decir, la Sagrada Familia con el Niño Jesús.

Con los belenes navideños, los adultos y los niños se familiarizan con la historia de la infancia de Jesús, contemplándola y fijándola en sus mentes para toda la vida, además de divertirse mucho poniendo las figuras y la decoración, que también es ilusionante y motivo de convivencia. Solamente con tenerlo presente nos ayuda a pensar que no estamos solos, que Dios ama al mundo y no lo abandona, que seguimos a Cristo en la historia personal de cada uno, que los personajes allí representados son como los de hoy, siempre necesitados, siempre ocupados, pero siempre buscadores de Dios y del bien, de la gloria de Dios que anuncian los ángeles a los hombres de buena voluntad.

Quien comenzó con la costumbre de poner el belén fue San Francisco de Asís en 1223, que pidió permiso al Papa Honorio III para representar la imagen del nacimiento de Jesús. Esta solución le sirvió para explicar el significado de la Navidad ante el gran número de personas que no sabían leer ni escribir en su época. Inicialmente fue una representación viviente y no un nacimiento con figuras, y sólo estaba el Niño, el buey y el asno. Años después se representó con figuras y esta tradición de poner el Belén en Navidad se fue trasladando al resto de Europa y hoy se extiende por el mundo entero. San Francisco realizó una gran obra de evangelización con la simplicidad de aquel signo que suscita tanto asombro y nos conmueve porque manifiesta la ternura de Dios y nos ayuda a imaginar las escenas, estimula los afectos.

Hoy sigue teniendo tanta fuerza el Pesebre o Belén (quizá por eso algunos quieren evitarlo) que el papa Francisco publicó una carta sobre el significado y valor del Belén que se titula «El hermoso signo del pesebre». El Santo Padre habla de los significados que evocan esas imágenes del pesebre para la vida de los creyentes, haciendo especial énfasis en la presencia de los pobres, para plantear que “ellos también están cerca del Niño Jesús por derecho propio, sin que nadie pueda echarlos o alejarlos de una cuna tan improvisada que los pobres a su alrededor no desentonan en absoluto. De hecho, los pobres son los privilegiados de este misterio y, a menudo, aquellos que son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros”. La pobreza evangélica, la humildad y la disponibilidad de María y José a la hora de acoger al Niño nos preparan a todos los cristianos para conmemorar este acontecimiento, y recibir a Jesús como nuestra paz, alegría, fuerza y consuelo. En estos tiempos de pandemia un niño pequeño e indefenso es el «signo» que Dios da al mundo (cf. Lc 2,12), porque es Dios hecho hombre quien se nos da.

Os invito a poner el Belén en vuestras casas, en los escaparates de los comercios, en las parroquias y colegios. En cualquier lugar y de cualquier manera que se instale, el Belén habla del amor de Dios, del Dios que se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, cualquiera que sea su condición. En esta escuela de vida podemos aprender el secreto de la verdadera alegría, que no consiste en tener muchas cosas sino en sentirse amado por el Señor, en hacerse don para los demás y en amarse. La Virgen María y San José han tenido su hijo en medio de grandes dificultades, pero están llenos de profunda alegría, porque se aman, se ayudan, y sobre todo están seguros de que en su historia está la obra Dios. Quien se ha hecho presente es el pequeño Jesús. No perdamos esta costumbre. Dispongámonos a cantar villancicos ante el Belén y, en ocasiones, a orar juntos, y veremos crecer la unidad y la fraternidad entre nosotros haciéndonos portadores de su paz.

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.