El Papa saluda a la Iglesia de Barcelona durante la misa y bendición de la torre de la Virgen María

Esta tarde del miércoles 8 de diciembre, el arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella, ha presidido la misa y bendición de la nueva torre de la Virgen María, concelebrada por el arzobispo emérito, cardenal Lluís Martínez-Sistach; el arzobispo de Tarragona, Mons. Joan Planellas; el obispo de Sant Feliu de Llobregat, Mons. Agustí Cortés; el padre abad de Montserrat, Manel Gasch, y los obispos auxiliares de Barcelona, Mons. Sergi Gordo y Mons. Javier Vilanova. El acto ha contado con una salutación del Santo Padre dirigida a la Iglesia Archidiocesana de Barcelona.

Entre las autoridades civiles presentes en esta celebración, asistieron la presidenta del Parlamento de Cataluña, Laura Borràs; el inspector general del Ejército, Fernando Aznar; el consejero de Interior, Joan Ignasi Elena; la consejera de Justicia, Lourdes Ciuró; el primer teniente de alcaldía del ayuntamiento de Barcelona, Jaume Collboni; el quinto teniente de alcaldía del ayuntamiento de Barcelona, Albert Batlle; el diputado en el Parlamento de Cataluña y jefe de la oposición, Salvador Illa; el secretario general de Fomento del Trabajo, David Tornos, y los miembros del patronato de la Junta Constructora de la Sagrada Familia, entre otros.

 

Saludo del papa Francisco

 

Homilía del cardenal Omella

A las seis de la tarde el cardenal Juan José Omella presidía la eucaristía con motivo de la nueva torre de la Virgen María de la Sagrada Familia. Posteriormente, una vez finalizada a la santa misa, ha tenido lugar el acto de bendición de la torre y finalmente el encendido de la estrella que ilumina la ciudad de Barcelona.

Reproducimos a continuación el contenido íntegro de la homilía predicada por el cardenal Juan José Omella

Benvolguts germans i germanes,

I. Terra de Maria Santíssima

Una de les característiques més significatives que té aquesta preciosa i estimada ciutat de Barcelona és l’orografia que fa que tota la ciutat descendeixi des de la muntanya fins al mar. Això ha facilitat la presència d’una rica simbologia cristiana a la ciutat que garanteix la seva protecció divina.

A la part alta de la muntanya, trobem el Temple Expiatori del Tibidabo, coronat amb la imatge del Sagrat Cor de Jesús, que abraça amorosament tota la ciutat.

Baixant una mica més, trobem la imatge de sant Josep, que corona el Santuari de sant Josep de la Muntanya, el qual rendeix devoció al fuster de Natzaret.

I si continuem baixant, en el cor de la ciutat, s’eleva aquest impressionant temple dedicat a la Sagrada Família de Natzaret i que va ser promogut per l’Associació de Devots de Sant Josep.

I encara més avall, a nivell del mar, trobem dos preciosos temples dedicats a la nostra mare Santa María sota les advocacions de Santa Maria del Mar i de la Mare de Déu de la Mercè. Aquesta última, patrona de la nostra ciutat i de l’arxidiòcesi de Barcelona.

Sí, Barcelona està especialment protegida i custodiada per les tres persones de la Sagrada Família: Jesús, santa Maria i el seu espòs sant Josep.

En l’acta de col·locació de la primera pedra d’aquesta Basílica, s’afirma que s’erigirà una església «per a major honra i glòria de la Sagrada Família. [Que] desperti de la tebiesa els cors adormits; exalti la Fe; i faci calor a la Caritat…». ¡Quines paraules més precioses! I això és precisament el que continuem anhelant per a la nostra ciutat, el nostre país i per al món sencer.

En un primer moment, la construcció de la basílica es va encarregar a l’arquitecte diocesà, que va projectar un temple d’acord amb els criteris tècnics propis de l’època neogòtica. Però després de l’inici de les obres, i a causa de divergències tècniques, es va triar un nou arquitecte, perquè transformés el projecte inicial.

L’Associació de Devots de Sant Josep va encarregar la direcció del projecte a Antoni Gaudí, que llavors tenia trenta-un anys. Era un arquitecte jove i prometedor que just començava a destacar. D’entrada, només havia de dirigir la construcció del projecte inicial, però, a poc a poc, amb els anys, es va anar guanyant la confiança de l’Associació fins al punt de modificar el projecte inicial per convertir-lo en un temple nou i espectacular.

Aquest projecte seria el centre de la seva vida professional. Gaudí treballarà en el temple durant quaranta-tres anys i els últims dotze de manera exclusiva.

Gaudí, conegut com l’arquitecte de Déu, va posar els fonaments d’un temple que seria, anys més tard, un dels més bells i impressionants de tot el planeta. Un temple que porta més de cinc generacions en construcció. Un temple que mostra al món la bellesa i la profunditat del Misteri de Déu, Trinitat que es revela en Jesús, el Fill de Déu fet home. El nostre Déu és una Comunió d’Amor, que entra en la història en una família humana, la Sagrada Família de Natzaret (Jesús, Maria i Josep). El nostre Déu, Pare, Fill i Esperit Sant, és una gran Sagrada Família, unida amb profund amor, que crida a tots els éssers humans a entrar a formar part d’ella.

Dir Gaudí és dir Sagrada Família. I dir Sagrada Família és dir Barcelona. Aquesta Basílica s’ha convertit en un important patrimoni artístic, cultural i social. Sense pretendre-ho, el temple de la Sagrada Família és l’emblema de Barcelona.

I avui tenim la sort i el goig de poder inaugurar i beneir la torre dedicada a la Mare de Déu.

II. Bajo la mirada de la Virgen María

Sabéis perfectamente que la Virgen María es elegida por Dios. Gracias a la voluntad del Señor, María se convirtió en «la más santa», la «más bella» y la «más humilde», y quedó preservada de pecado original. Por ello, ella es la Inmaculada Concepción.

Santa María formó, junto al Niño Jesús y a san José, la Sagrada Familia de Nazaret. Los tres vivieron penurias y dificultades que unidos pudieron superar con la confianza puesta en Dios. Santa María, nuestra Madre, es un apoyo para muchas familias que necesitan una mano amiga que las ayude a superar las contrariedades que les depara la vida.

A lo largo de los dos últimos años, hemos vivido un tiempo de oscuridad. La pandemia de la Covid-19 ha dejado hasta ahora mucho dolor. Esta situación nos ha demostrado que somos débiles y vulnerables y, por ello, hemos tomado conciencia de nuestra pequeñez. Lo que también nos ha enseñado esta pandemia es que nos necesitamos los unos a los otros.

Santa María quiere ser nuestra luz en medio de la oscuridad. Una luz que nos lleve de la mano al encuentro con la Santísima Trinidad siguiendo el testimonio de su Hijo Jesucristo. María fue luz para su Hijo durante su infancia y adolescencia. Con el tiempo, «Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.» (Lc 2,52), y fue poco a poco relegando a su madre María a un segundo plano; ella pasó a ser su mejor discípula.

Algo similar e igualmente precioso va a suceder en la construcción del templo de la Sagrada Familia. A partir de hoy, 8 de diciembre, la estrella que corona la torre de María brillará y será un punto de luz en la noche barcelonesa. Pero la torre de su Hijo Jesucristo va a seguir poco a poco creciendo en altura hasta superar significativamente a la de María (más de 30 metros). De modo que, cuando miremos el templo desde el mar hacia la montaña, es decir, mirando hacia la fachada de la Gloria, solo veremos la torre de Jesucristo. María seguirá allí, aunque no la veamos, detrás de su Hijo Jesucristo. Santa María, como buena madre y excelente discípula seguirá al lado de su Hijo cediéndole a Él todo el protagonismo. María, como lo ha hecho siempre, seguirá iluminando el camino de tantos seres humanos hasta el encuentro con su Hijo.

María, desde su silencio y humildad nos guiará y nos seguirá invitando a caminar juntos, en sinodalidad, a la luz del Espíritu Santo. María es la «Madre del Evangelio viviente» (Evangelii Gaudium 287). Por eso podemos hacer nuestra la invitación de san Bernardo: «Mira la Estrella, invoca a María».

Hoy le pido a Dios que, por intercesión de santa María, nos conceda el don de vivir unidos a Él. Nosotros también podemos ser, como María, una luz en la oscuridad para muchos hermanos nuestros que no conocen el verdadero rostro de Jesucristo. Ojalá que puedan descubrir el profundo gozo que nace del encuentro con Él. Dejemos que Él tome el mando de nuestras vidas, dejemos que Él sea nuestro Rey y Señor.

Y quiero acabar con una poesía que una persona de buena voluntad me ha hecho llegar con ocasión de la bendición de la torre de María. Dice así:

[María, torre de Gaudí]

Estaba la Virgen en su camarín

colmado de flores, quejas y oraciones,

como no entendía tantas peticiones

se fue de paseo en un calesín.

 

Visitó las Ramblas, la Barceloneta,

la Plaza Cataluña y la Catedral,

muchas residencias y hasta un hospital,

demasiadas penas, mucha soledad.

 

Misericordiosa, vendió su rubí,

a los solitarios regaló un abrazo

y compró comida para compartir.

 

La Virgen rechaza ir al camarín,

la mayor estrella voló a su regazo

y brilla en la torre que ideó Gaudí.

 

Santa Maria, sigues la nostra estrella, llum en les nits fosques; fes-nos missatgers de l’amor de Crist als més pobres i deslliura’ns de totes les adversitats. Santa Maria, prega per nosaltres i no permetis que mai ens separem de tu, la nostra bona mare.

 

(Archidiócesis de Barcelona)

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