Carta pastoral del Cardenal Carlos Osoro: ¿Creadores de puentes o de muros?

En su reciente viaje a Chipre y Grecia, el Sucesor de Pedro nos ha recordado y ha puesto ante nuestros ojos y ante nuestro corazón el fenómeno migratorio. Este exige respuestas claras y coherentes, que salven y promuevan la dignidad y la seguridad de las personas que llegan a nuestras fronteras.

Hoy vemos a hombres y mujeres, a familias enteras con sus hijos, provenientes de las regiones más pobres, que huyen del hambre y la guerra y vienen a tocar las puertas de Europa en situaciones muy precarias, buscando mejores condiciones de vida y un futuro. Como subrayó Francisco en Mitilene, son «comprensibles» y normales «los temores y las inseguridades, las dificultades y los peligros» que esto provoca, sobre todo cuando estamos inmersos en una crisis económica y social por la pandemia, pero la mayoría de estos miedos se diluyen cuando miramos a los migrantes a los ojos y vemos en ellos a personas como nosotros, a hijos de Dios y hermanos nuestros con sus sueños y proyectos. Los problemas, en palabras del Papa, no se resuelven «levantando barreras» ni mirando para otro lado o lavándose las manos, sino «uniendo fuerzas para hacerse cargo de los demás según las posibilidades reales de cada uno y en el respeto de la legalidad, poniendo siempre en primer lugar el valor irrenunciable de la vida de todo hombre, de toda mujer, de toda persona».

La tarea de la Iglesia es precisamente la de romper esos muros y tender puentes. Los creyentes sabemos que Dios nos ama, que hemos sido creados a su imagen y semejanza, y que le ofendemos cuando dejamos a un hermano «a merced de las olas, en la marea de la indiferencia, a veces justificada incluso en nombre de presuntos valores cristianos», en expresión del Pontífice. Nuestro estilo tiene que ser «el estilo de Dios: cercanía, compasión y ternura». Como os he dicho en otras cartas semanales, hemos de dar pasos decididos para construir la cultura del encuentro, frente a las actitudes de defensa y de recelo, o de desinterés. Hemos de construir un mundo más fraterno, en el que no cabe la intolerancia, sino que hay respeto y solidaridad.

En la Biblia, en el libro del Deuteronomio, Dios nos manda acoger al migrante, al extranjero. La acogida y la integración están en el núcleo del mensaje cristiano, como también recuerda Jesús cuando nos dice que «fui forastero y me hospedasteis». Hoy está en juego el rostro de nuestra sociedad: ¿damos valor a cada vida?, ¿somos conscientes de que el progreso de un pueblo no está solamente en el desarrollo tecnológico o económico? Y yo, ¿soy capaz de conmoverme ante alguien que llama a mi puerta?, ¿construyo mi vida al margen de la realidad y del sufrimiento de los demás? Una sociedad sin corazón pierde la capacidad de compasión. Y una sociedad que no tiene compasión no crea futuro, es estéril.

En estos días de la visita del Papa Francisco, viéndole entre los refugiados en Lesbos, recordaba la parábola del Buen Samaritano y me hacía estas dos preguntas: ¿puedo permanecer indiferente ante la migración?, ¿doy rodeos como varios de los que aparecen en la parábola y huyo de esta realidad sufriente? Cuando alguien sufre, en el margen del camino, podemos pasar de largo, mirar para otro lado, y seguir como si no pasara nada. O podemos detenernos, escucharlo, curar sus heridas y acompañarlo. Cuánto bien me hace recordar aquellas palabras de Jesús: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Ante la realidad de los migrantes, percibo que hemos de hacerlas nuestras. Acerquémonos a quienes llegan con la identidad propia de un discípulo de Cristo, que tiene la vida del Señor en él y dice a quien encuentra: «¡Ánimo, soy tu hermano, no tengas miedo!».

La experiencia de mi vida me indica que hay que conocer para comprender. Cuando se conoce y se ve toda la realidad en su contexto, se comprende mejor. No hablemos solamente de datos o de números, sino de personas, con historias reales. Esa es la manera de hacernos prójimos y de servir con el amor del Señor.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos, Cardenal Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.