Carta pastoral de Mons. Agustí Cortés: Expectación – II

Expectación, eso tan necesario para vivir el Adviento, y toda nuestra fe, es algo más que “espera”. Es deseo, anhelo, ansia. La expectación nace de la conciencia de una necesidad, y crece en la medida en que esa necesidad es más acuciante y la convicción es más cierta de que esa necesidad puede ser satisfecha.

La gente vive muchas clases de expectación. Prácticamente toda la vida está llena de esta experiencia: anhelar cosas y buscarlas. Si no existiera expectación moriríamos.

Pero nos hemos de preguntar si acertamos o no a la hora de anhelar algo. Una cosa es la expectación de un premio cuando jugamos a la lotería, o del alumno ante un examen, o del enfermo ante un tratamiento, o del que va a la compra ante la perspectiva de que bajen los precios, o del votante de que gane su partido… y otra cosa es la expectación ante la perspectiva de la experiencia de amar y ser amado.

El secreto está en descubrir las necesidades más reales, más auténticas, urgentes y profundas. Algunas son muy claras y las reflejan las encuestas de opinión, como, por ejemplo, solucionar el paro. Hay otras que no suelen aparecer en estos estudios, aun siendo muy urgentes, como, por ejemplo, solucionar el grave problema de la educación integral (escuela, familia, cultura, etc.); más bien la encuestas reflejan que en este ámbito existe un considerable grado de satisfacción.

La expectación que permite descubrir el sentido del Adviento tiene que ver también con el paro, la carestía económica, la necesidad de salud, la educación y la buena política. Pero es más profunda y auténtica. Esa expectación se despierta cuando nuestra mirada es más realista y nos vemos anhelantes de verdad, sentido, justicia, amor, vida…

Hace unos días leíamos en la prensa que el año pasado se había alcanzado el récord en España del número de suicidios: 3.941, lo que significa una media de 11 al día. Es la principal causa de muerte no natural. En Cataluña el aumento del número de suicidios fue del 3’9 %. Y lo que es más preocupante: el creciente número de suicidios entre adolescentes y jóvenes. Sabemos que muchos de estos casos se deben a causas psíquicas. De hecho los psiquiatras constatan el crecimiento de enfermedades psíquicas entre los adolescentes y jóvenes. Pero no podemos olvidar que el ambiente, el estilo de vida, la cultura, la educación, el entorno, influyen decisivamente en la mayoría de los casos de desequilibrios psíquicos. Las crisis, los conflictos, ponen al descubierto las carencias y necesidades profundas, como hemos podido comprobar este año.

Es en estas zonas que limitan las carencias psíquicas y las necesidades espirituales donde más fácilmente se descubre la gran expectación del Adviento.

El Adviento es expectación de ser salvados. Por eso, el Adviento no tiene sentido para aquel que no reconoce y anhela salvación. Es el tiempo en que se escuchan profetas que abren los ojos, los oídos de quienes viven ciegos o deslumbrados o de quienes están aturdidos por ruidos y “músicas celestiales”. Es el tiempo del descubrimiento de nuestra realidad sin disimulos, aunque a veces duela.

La suerte está en que este descubrimiento no es más que el paso necesario hacia la esperanza.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.