El Papa visitará de nuevo a los refugiados y migrantes en la isla de Lesbos

Las restricciones para salir del Campo de Refugiados acentúa los síntomas de estrés postraumático que dificultan la integración de los migrantes.

Pese a las dificultades de integración y a las consecuencias psicológicas que enfrentan miles de personas en el Campo de Mitilene, los refugiados aguardan con entusiasmo al Santo Padre, que vuelve a la isla griega como signo de esperanza y a renovar su exhortación y compromiso por la dignidad de los migrantes.

Después de cinco años de su histórica visita a Lesbos, el papa Francisco regresará este domingo 5 de diciembre a esa misma isla griega, a menos de 20 kilómetros de Turquía. Movido por la compasión que le despiertan las escandalosas condiciones de vida de quienes se han visto forzados a abandonar sus países por la guerra y los conflictos económicos y sociales, se espera que el Santo Padre alce nuevamente su voz en favor de los migrantes y refugiados que se desplazan por distintos lugares del planeta. Este ha sido uno de los hilos conductores de su pontificado y el mensaje central de este, su 35º Viaje Apostólico que lo está llevando a Chipre y Grecia, milenarias naciones del Mediterráneo desde donde habla a Europa y al mundo.

Pero Lesbos ha cambiado este último lustro. El sobrepoblado campo de refugiados de Moria donde Francisco estuvo en 2016 sucumbió a las llamas la noche del 8 al 9 de septiembre de 2020. El devastador incendio consumió las frágiles instalaciones que albergaban a 12 mil personas, la mayoría de las cuales desde entonces fueron acogidas en diversas naciones europeas. Aún quedan 2.300 refugiados, entre los que hay familias, hombres y mujeres solteros, además de 45 madres solas junto a sus hijos. Todos ellos pasan sus días en el Centro de Recepción e Identificación situado en un sector de la ciudad de Mitilene; y este es solo uno de los cinco enclaves de este tipo distribuidos en distintas islas de la nación helénica.

“Aunque sus condiciones han mejorado, estas siguen siendo extremadamente básicas. La mayoría de las personas está viviendo en contenedores y en carpas, sin accesos a servicios sanitarios. Es permanente la necesidad de mejorar las condiciones de hospedaje, alimentación y bienestar”, explica Anastasia Spiliopoulou, directora de Caritas Hellas, la principal obra de asistencia social de la Iglesia Católica griega.

Daño psicológico dificulta la integración

Precisamente a ese campo de Mitilene acudirá el papa Francisco, y se encontrará con un grupo humano compuesto en un 60% de prófugos que escaparon del drama de Afganistán, además de cientos de desplazados de Irak, Siria, Palestina, Somalia y el Congo, entre otros países. Mientras aguardan los lentos trámites de asilo en Grecia o en alguna nación europea, ellos pasan sus días al interior del recinto que está cercado por rejas y alambres de púas, permanecen bajo estricto control y solo se les permite salir pocas horas a la semana. Tales circunstancias vitales dificultan el proceso de integración al que ha llamado una y otra vez el Pontífice, porque muchos experimentan profundas heridas y consecuencias psicológicas tras haber superado escabrosos itinerarios en que se enfrentaron a la muerte de familiares y amigos ahogados en el mar, asesinados en procesos de trata humana o desaparecidos en secuestros.

Esta es la realidad que escucha a diario Öznur Zayakci, psicóloga clínica de la ONG Médicos Sin Fronteras, que dirige el programa de salud mental que atiende a los residentes del campo de Mitilene. “Prestamos un servicio para refugiados que muestran síntomas relativos a la salud mental por tortura, violencia física y sexual, para adultos, adolescentes y niños. La mayoría viene con trastornos de estrés postraumático, síntomas de depresión y ansiedad. Algunos niños vienen con ideas de suicidios y autolesiones”, detalla la psicoterapeuta de origen turco, quien añade que una gran proporción de los pacientes fue testigo de violencia y de asesinatos durante el trayecto desde su país de origen, y que experimentaron eventos de amenazas, maltrato y abuso.

Según Zayakci, los refugiados necesitan sentirse empoderados y recuperar seguridad en sí mismos para poder sanar e integrarse, y esto exige que puedan reconstituir sus habilidades sociales, pero es difícil hacerlo si no están las condiciones básicas para socializar con normalidad fuera del campo. “Ellos desean un espacio en que se sientan respetados, donde vivan con condiciones dignas”, puntualiza la psicóloga, aludiendo a la precariedad de sus residencias carentes de electricidad y de calefacción, especialmente ahora que se acerca el invierno.

Acoger, proteger, promover e integrar

Pero este panorama desolador no impide que los habitantes del campo de Mitilene recobren la esperanza mientras aguardan la llegada del papa Francisco. “Las personas están entusiasmadas porque esta es una oportunidad para compartir sus experiencias”, relata Anastasia Spiliopoulou, adelantando parte del programa que el Santo Padre cumplirá en la isla, y que prevé la atenta escucha de algunos testimonios de desplazados y de voluntarios. Para estos últimos, la presencia del Sucesor de Pedro es también un espaldarazo a su abnegada labor, porque pone un límite a la indiferencia global que suele cernirse en relación a los millones de refugiados del mundo. “Esta es una oportunidad para articularnos de modo de poder acoger, proteger, promover e integrar. Es importante para Caritas Hellas, para Grecia y para Europa que nos focalicemos en estos cuatro verbos”, sentencia Spiliopoulou, refiriéndose a aquellas cuatro acciones esenciales que el Pontífice ha enseñado en reiteradas ocasiones que todas las sociedades deben ejercer de cara a la situación de los migrantes.

(Felipe Herrera-Espaliat desde Atenas, Grecia, Vaticannews.va)

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