El Papa al Santo Sínodo: no secundemos el “carácter irreconciliable de las diferencias”

El papa Francisco, en su discurso al Santo Sínodo, resaltó que es necesario despojarse de aquello que, aun siendo valioso, es terreno, para favorecer la plenitud de la unidad, refriéndose que se corre el riesgo de “absolutizar ciertos usos y costumbres que no son esenciales para vivir la fe”.

El Papa dijo al Santo Sínodo, que, aunque si en la historia, en el campo de las relaciones, se “abrieron amplios surcos entre nosotros, pero el Espíritu Santo desea que volvamos a acercarnos con humildad y respeto. Él nos invita a no resignarnos frente a las divisiones del pasado y a cultivar juntos el campo del Reino, con paciencia, asiduidad y de modo concreto”. Dejar de lado, dijo, teorías abstractas y trabajar juntos codo a codo, en la caridad, en la educación y en la promoción de la dignidad humana. Así, dijo “redescubriremos al hermano y la comunión madurará por sí misma, para gloria de Dios. Cada uno mantendrá las propias maneras y el propio estilo pero, con el tiempo, el trabajo conjunto acrecentará la concordia y se mostrará fecundo”.

En su discurso a su Beatitud Crisóstomo II, el Papa agradeció sobre todo al Arzobispo primado, por el compromiso de promover el diálogo entre los cristianos. El Papa recordó el origen común que tenemos: “Pablo atravesó Chipre y posteriormente llegó a Roma. Por tanto, descendemos del mismo ardor apostólico y nos une un único camino: el del Evangelio. Me agrada ver que seguimos caminando en la misma dirección, en busca de una fraternidad cada vez mayor y de la unidad plena”.

El Papa, le expresó a Su Beatitud, que se sintió conmovido hoy, en el diálogo que tuvieron. Sobre todo cuando habló de la «Iglesia Madre. Nuestra Iglesia es una madre, y una madre siempre reúne a sus hijos con ternura». Tenemos confianza en esta Iglesia Madre, le dijo el Papa, que nos reúne a todos y que con «paciencia, ternura y valentía nos conduce por el camino del Señor. Pero, para sentir la maternidad de la Iglesia, todos tenemos que ir allí, donde la Iglesia es madre. Todos, con nuestras diferencias, pero todos hijos de la Iglesia Madre. Gracias por la reflexión que has hecho hoy conmigo».

 

 

Bernabé: hijo del consuelo y de la exhortación

Recordando la figura de san Bernabé, “la palabra Bernabé significa al mismo tiempo “hijo del consuelo” e “hijo de la exhortación”. Es hermoso que en su figura se fundan ambas características, indispensables para el anuncio del Evangelio. En efecto, todo consuelo verdadero no puede ser intimista, sino que debe traducirse en exhortación, orientar la libertad hacia el bien. Al mismo tiempo, cada exhortación en la fe no puede más que fundarse en la presencia consoladora de Dios y estar acompañada por la caridad fraterna”.

De este modo Bernabé, hijo del consuelo, afirmó el Papa, nos exhorta a nosotros sus hermanos a emprender la misma misión de proclamar el Evangelio a los hombres, invitándonos a comprender que el anuncio no puede basarse en exhortaciones generales, en la repetición de preceptos y normas que observar, como se ha hecho con frecuencia.

Ser hijos del consuelo: es escuchar, dejarse interrogar

“Hay que seguir el camino del encuentro personal, prestar atención a las preguntas de la gente, a sus necesidades existenciales. Para ser hijos del consuelo, antes de decir cualquier cosa, es necesario escuchar, dejarse interrogar, descubrir al otro, compartir: porque el Evangelio se transmite por la comunión. Esto es lo que, como católicos, deseamos vivir en los próximos años, redescubriendo la dimensión sinodal, constitutiva del ser de la Iglesia. Y en esto sentimos la necesidad de caminar más intensamente con ustedes, queridos hermanos, que por medio de la experiencia de su sinodalidad pueden sernos verdaderamente de gran ayuda”.

El Pontífice expresó su deseo de que aumenten las posibilidades de “encontrarnos, de conocernos mejor, de derribar muchos preconceptos y de disponernos para una escucha serena de las respectivas experiencias de fe. Será una exhortación estimulante para que cada uno ofrezca lo mejor y esto dará un fruto espiritual de consolación a todos. El apóstol Pablo, de quien descendemos, habla a menudo de consolación y es hermoso imaginar que Bernabé, hijo del consuelo, haya sido el inspirador de algunas palabras suyas, como aquellas del comienzo de la segunda Carta a los corintios, con las que recomienda que nos consolemos mutuamente con el mismo consuelo que recibimos de Dios (cf. 2 Co 1,3-5)”.

Oración y cercanía del Papa

Por tanto, el Papa les aseguró su oración y cercanía, así como la de la Iglesia católica, tanto en los “problemas más dolorosos que los angustian como en las esperanzas más hermosas y audaces que los animan. Las tristezas y las alegrías de ustedes nos pertenecen, las sentimos nuestras; y también sentimos que necesitamos mucho de sus oraciones”.

Despojarnos de lo terreno para vivir a plenitud unidad

Pero también, señalo el Papa, san Bernabé es presentado en los Hechos de los Apóstoles como «un levita nacido en Chipre» (Hch 4,36). “El texto no agrega otros detalles, ni en cuanto a su aspecto ni en cuanto a su persona, pero inmediatamente después revela a Bernabé por medio de una acción emblemática: «vendió un campo de su propiedad, llevó el importe y lo puso a disposición de los apóstoles» (v. 37). Este magnífico gesto sugiere que para revitalizarnos en la comunión y en la misión también nosotros hemos de tener la valentía de despojarnos de aquello que, aun siendo valioso, es terreno, para favorecer la plenitud de la unidad”.

Al respecto, Francisco resaltó que no se refiere a lo que es sagrado y ayuda a encontrar al Señor, sino al riesgo de “absolutizar ciertos usos y costumbres que no son esenciales para vivir la fe. No nos dejemos paralizar por el temor de abrirnos y de realizar gestos audaces, no secundemos el “carácter irreconciliable de las diferencias” que no encuentra correspondencia en el Evangelio. No permitamos que las tradiciones —en plural y con la “t” minúscula— tiendan a prevalecer sobre la Tradición —en singular y con la “t” mayúscula—. Esta nos exhorta a imitar a Bernabé, a dejar cuanto, aun siendo bueno, puede comprometer la plenitud de la comunión, el primado de la caridad y la necesidad de la unidad”.

Bernabé, afirmó el Pontífice, dejando todo lo que poseía a los pies de los apóstoles, entró en sus corazones. También nosotros, continuó, estamos invitados por el Señor a redescubrirnos como parte del mismo Cuerpo, a abajarnos hasta los pies de los hermanos.

Acoger dócilmente el camino de Dios

El tercer aspecto que destacó Francisco de la figura de Bernabé es precisamente una prueba, la cual marcó su historia y los orígenes de la difusión del Evangelio en estas tierras:

“Al regresar a Chipre con Pablo y Marcos, Bernabé encontró a Elimas, “mago y falso profeta”, que se les opuso con malicia, tratando de torcer los caminos derechos del Señor (cf. Hch 13,6.8.10). Tampoco hoy faltan falsedades y engaños que el pasado nos pone delante y que obstaculizan el camino». El Santo Padre ha enfatizado, que siglos de división y distancias han llevado a asimilar, aun involuntariamente, no pocos prejuicios hostiles respecto a los demás, preconceptos basados a menudo en informaciones deficientes y distorsionadas, divulgadas por una lectura agresiva y polémica.

“Pero todo esto tuerce el camino de Dios, que se orienta hacia la concordia y la unidad. Queridos hermanos, la santidad de Bernabé es elocuente también para nosotros. Cuántas veces en la historia, entre los mismos cristianos nos hemos preocupado por oponernos a los demás, en lugar de acoger dócilmente el camino de Dios, que tiende a recomponer las divisiones en la caridad. Cuántas veces hemos agrandado y difundido prejuicios sobre los demás, en vez de cumplir la exhortación que el Señor repite especialmente en el Evangelio escrito por Marcos, quien fuera con Bernabé a esta isla: hacerse pequeños y servir a los demás (cf. Mc 9,35; 10,43-44)”.

Supliquemos al Señor sabiduría y valentía para seguir sus caminos y no los nuestros, dijo por último, «pidámoslo por intercesión de los santos»,  multitudes innumerables de santos que, unidos en la única Iglesia celestial, afirmó,  nos impulsan a navegar juntos hacia el puerto por el que todos suspiramos.

«Desde el más allá invitan a que hagamos de Chipre —que ya es un puente entre Oriente y Occidente— un puente entre el cielo y la tierra. Que así sea, para gloria de la Santísima Trinidad, para nuestro bien y el de todos».

(Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano, Vaticannews.va)

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