De qué va a hablar al papa Francisco en Grecia y Chipre

Con el despegue del vuelo papal a las 11:00 horas, hoy se inicia el 35º viaje apostólico internacional de Francisco que, hasta el 6 de diciembre, estará en Nicosia, Atenas y Mitilene-Lesbos. Un itinerario marcado por grandes temas, en particular los de la unidad de los cristianos y la acogida de los migrantes.

La A de los Apóstoles Bernabé y Pablo, la E del ecumenismo, la M de los migrantes, la U de la humanidad, la misma invocada por el Papa hacia las numerosas personas que se ahogan en el Mar Mediterráneo. En ese «mare nostrum» que se pasa por alto en Chipre y Grecia, listo para acoger al Papa desde hoy hasta el próximo lunes. El alfabeto del 35º viaje apostólico internacional de Francisco -el tercero de 2021, tras la histórica visita a Irak en marzo y la peregrinación a Budapest y Eslovaquia en septiembre- se encierra en estas letras, las iniciales de las palabras que concretan el sentido de un itinerario que, a lo largo de 4 días, 1 hora y 35 minutos, serpenteará por un total de 4.643 km.

Las distintas etapas del viaje papal estarán marcadas por los once discursos que se espera que pronuncie Francisco en las distintas ocasiones, divididos en discursos propiamente dichos (9), homilías (2) y Ángelus (1). Diez, por ahora, son los temas que parecen emerger con mayor claridad.

 

 

Apóstoles

San Bernabé y San Pablo fueron los evangelizadores de Chipre, donde llegaron juntos en el año 46, y de Grecia, tierra de arraigada fe. Dos figuras imponentes, firmes en la fe y fuertes en la amistad, en nombre de Cristo. Por lo tanto, es en sus pasos misioneros que el Papa Francisco se pone en marcha, siguiendo su ejemplo como predicadores del Evangelio en dos países que idealmente unen Oriente y Occidente. Como señaló el Pontífice en la Audiencia General de ayer, lo que comienza hoy «será un viaje a las fuentes de la fe apostólica y de la fraternidad entre los cristianos de diversas confesiones».

Consolación

El lema de la parada pontificia en Chipre es «Consuélanos en la fe», inspirado en el nombre de San Bernabé, que puede significar «hijo de la consolación». De este modo, explica una nota oficial, se pretende sugerir la importancia de la comodidad y el estímulo mutuos, «dimensiones esenciales para el diálogo, el encuentro y la acogida, así como rasgos destacados de la vida y la historia de la isla». Chipre tiene a sus espaldas muchos siglos de problemas, marcados primero por el dominio otomano, luego por el británico y finalmente por la invasión de Turquía. El símbolo de todo ello es, aún hoy, la «línea verde», la valla militar que corta Nicosia de noroeste a suroeste, convirtiéndola en la única capital del mundo que sigue dividida en dos fracciones separadas: la del sur, capital de la República de Chipre, y la del norte, capital de la República de Chipre del Norte, sólo reconocida por Ankara. A pesar de esta compleja realidad, la isla es un ejemplo positivo: baste mencionar las palabras de Benedicto XVI, que visitó el país en junio de 2010. Chipre puede desempeñar un papel especial en la promoción del diálogo y la cooperación», dijo el entonces Pontífice, «el camino que está siguiendo es uno que la comunidad internacional mira con gran interés y esperanza».

Ecumenismo

En ambos países, Francisco se reunirá con los jefes de las iglesias ortodoxas locales. Mañana por la mañana, 3 de diciembre, en el arzobispado de Nicosia, realizará una visita de cortesía a Su Beatitud Crisóstomo II, arzobispo ortodoxo de Chipre. A continuación, se celebrará una reunión con el Santo Sínodo en la catedral ortodoxa de la ciudad. Sin embargo, el 4 de diciembre por la tarde, en el arzobispado ortodoxo de Grecia, el Papa se reunirá con Su Beatitud Ieronymos II, arzobispo de Atenas y de toda Grecia. El propio Ieronymos II corresponderá al encuentro en la tarde del domingo 5 de diciembre, saludando al Pontífice en la Nunciatura. Las conversaciones con ambos arzobispos ortodoxos tendrán lugar «en nombre del Señor de la paz», explicó el Pontífice en el videomensaje de saludo a los habitantes de los dos países, difundido en días pasados, y ambas visitas llevarán consigo «una gracia sinodal, una fraternidad apostólica», unida a un «gran respeto».

Europa

En el mismo videomensaje, el Papa definió este viaje como «una oportunidad para beber de las antiguas fuentes de Europa: Chipre, una rama de Tierra Santa en el continente; Grecia, la patria de la cultura clásica». No sólo: ambos países están abrazados por el Mediterráneo, ese «mare nostrum» del que «Europa no puede prescindir», subrayó Francisco. Esas aguas, de hecho, conectan tantas tierras, invitando a «navegar juntos, a no dividirnos yendo cada uno por su lado, sobre todo en este periodo en el que la lucha contra la pandemia requiere todavía mucho compromiso y la crisis climática se cierne sobre nosotros».

Fraternidad

En la actualidad, la Iglesia católica chipriota está formada principalmente por latinos, que suman 38.000 (4,47%), y maronitas (1,5%), además de una pequeña comunidad católica armenia (0,3%). En Grecia, en cambio, hay 133.000 católicos sobre una población de casi 11 millones (1,2%). De ellos, menos de la mitad son griegos. En las últimas décadas, la presencia de católicos de origen extranjero que se han establecido permanentemente en Grecia ha crecido de forma significativa. A ellos hay que añadir varios miles de trabajadores inmigrantes con permiso de residencia temporal y solicitantes de asilo. Son, por tanto, «pequeños rebaños», como explica el Papa Francisco, «hermanos católicos a los que el Padre ama con tanta ternura y a los que Jesús, el Buen Pastor, les repite: «No tengáis miedo, pequeño rebaño» (Lc 12,32)». A ellos, en un espíritu de fraternidad, el Papa llevará «el aliento de toda la Iglesia católica».

Jóvenes

Como en otros viajes de Francisco, este 35º aniversario se cerrará con un encuentro con los jóvenes: en la mañana del 6 de diciembre, poco antes de partir hacia Italia, el Papa saludará a los niños griegos en el Colegio San Dionisio de las Hermanas Ursulinas en Maroussi (Atenas). Francisco escuchará las voces de muchos jóvenes, se encontrará con sus ojos, acogerá los testimonios de quienes vienen de países desgarrados por décadas de conflicto, como Siria. El hecho de que el último gran acontecimiento de la visita papal sea precisamente un abrazo ideal con las generaciones más jóvenes pretende ser un fuerte mensaje de recuperación, no sólo para Grecia, sino para todo el mundo.

Este es el tema principal de este viaje, y se expresa en dos momentos clave del programa: mañana, a las 16 horas, en la iglesia parroquial de la Santa Cruz de Nicosia, Francisco participará en una oración ecuménica con los emigrantes. El domingo por la mañana, en cambio, irá a Mitilene-Lesvos para animar a los refugiados acogidos en el «Centro de Acogida e Identificación».

En la isla, el Papa tendrá «la oportunidad de acercarse a una humanidad herida en la carne de tantos migrantes en busca de esperanza», como recordó ayer en la Audiencia General. En este caso, será la segunda vez que el Papa acuda a la isla, que ya visitó el 16 de abril de 2016 para acercarse y solidarizarse con los refugiados del campo de Moria. A su regreso de esa visita, en el vuelo papal, Francisco recibió a 12 refugiados sirios y los acompañó a Roma para ofrecerles ayuda. En el citado videomensaje, el propio Pontífice dijo: «Pienso en quienes, en los últimos años y todavía hoy, huyen de la guerra y la pobreza, desembarcando en las costas del continente y en otros lugares, y no encontrando hospitalidad sino hostilidad e incluso siendo explotados. Son nuestros hermanos y hermanas. ¡Cuántos han perdido la vida en el mar! Hoy «nuestro mar», el Mediterráneo, es un gran cementerio». De ahí su fuerte llamamiento: «El mar, que abraza a muchos pueblos, con sus puertos abiertos nos recuerda que las fuentes de la convivencia están en la aceptación mutua».

Paz

El logotipo del viaje del Papa a Chipre muestra, además de Francisco y San Bernabé, una rama de olivo atada a una espiga de trigo, signos de paz y comunión. Para Grecia, en cambio, se creó un diseño que representa a la Iglesia como un barco en las turbulentas aguas del mundo, con la cruz de Cristo como mástil principal y el Espíritu Santo llenando las velas. Su forma y color amarillo evocan la mitra papal, subrayando que Francisco llega como «amigo de Grecia».

Esperanza

El lema del viaje apostólico a Grecia es «Abrámonos cada vez más a las sorpresas de Dios». La frase está tomada del mensaje del Papa para la 36ª Jornada Mundial de la Juventud, celebrada el pasado 21 de noviembre, y que en su versión completa dice: «Abrámonos a las sorpresas de Dios, que quiere iluminar nuestro camino». La llamada a la esperanza es evidente: como explica una nota oficial, «en un momento en el que se sienten las consecuencias de la pandemia y de la reciente crisis financiera, se expresa la esperanza de que la visita del Papa aporte un rayo de luz para el futuro de Grecia». Tras la grave crisis de la deuda soberana iniciada en 2009, la nación griega ha visto caer en picado su situación económica, hasta el punto de tener que recurrir en tres ocasiones al plan de rescate internacional. En 2018, el país mostró algunos signos de recuperación, pero poco después la pandemia de Covid-19 volvió a cambiar las tornas. Hasta la fecha, el país heleno ha registrado más de 924.000 infecciones por coronavirus y casi 18.000 muertes. Por no hablar del daño que la emergencia sanitaria ha hecho a sectores clave como el turismo y la industria naval, hasta el punto de que en 2020 el PIB nacional se contrajo un 8,2%, mientras que la deuda pública se disparó hasta superar el 200% del PIB nacional, la más alta de la Unión Europea.

Humanidad

Con motivo de la parada en Lesbos, Francisco se describió a sí mismo como «un peregrino a las fuentes de la humanidad», firme en su convicción de que «las fuentes de la vida común sólo volverán a florecer en la fraternidad y la integración: juntos». «No hay otro camino», reiteró. Y así, partiendo del «pasado luminoso» de Grecia, pero también de Chipre, dos «países ricos en historia, espiritualidad y civilización», el Pontífice parece pedir a todos, católicos y no católicos, una sacudida de humanidad, un futuro de nueva esperanza.

(Isabella Piro – Ciudad del Vaticano, Vaticannews.va)

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