Mons. Luis Argüello llama a responder al «desarraigo y la desvinculación» como Iglesia peregrina que «escucha y cura»

El secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y obispo auxiliar de Valladolid, Mons. Luis Argüello, realizaba esta semana en León una llamada a la “alegría y la pasión por anunciar el Evangelio, fieles al envío misionero, en la novedad del tiempo, en este tiempo que nos toca vivir”. Y lo ha hecho en la conferencia que sobre el tema “La Iglesia que camina en España: los trabajos y los días”, a partir del documento ‘Fieles al envío misionero’, ha pronunciado dentro del Ciclo de Formación Permanente de la Diócesis, en un acto que ha presidido el obispo de León, Mons. Luis Ángel de las Heras, con una reflexión en la que el también obispo auxiliar de Valladolid ha partido del análisis del “extraordinario cambio de época” que está viviendo toda la sociedad española “y que se puede resumir en dos palabras: desvinculación y desarraigo”.

‘DESVINCULACIÓN Y DESARRAIGO’

“Desvinculación en este tiempo en el que los vínculos familiares, los vínculos con la realidad, incluida la propia realidad corporal, los vínculos con Dios se han removido, creciendo un tiempo desvinculador que lleva a una propuesta de sujeto humano que llamamos individuo autosuficiente e independiente, que genera desconfianza y enfrentamiento” argumentó Luis Argüello, para incluir el análisis del “desarraigo, marcado por las consecuencias de la evolución de la ciencia, que se hace luego tecnología, técnica, y que se hace transformación de las condiciones de vida laboral, con manifestaciones como las migraciones”.

Y en este contexto marcado por la desvinculación y el desarraigo, el portavoz de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, quiso situar el fenómeno de “la pérdida de la vinculación eclesial, la pérdida del vínculo fundante” que afectan “a la comprensión misma de nuestra fe en Dios, a la comprensión e la persona, a la comprensión de la familia y la diversas maneras de pertenencia ecclesial” en un proceso de secularización “en la que más allá de vivir realmente sin transcendencia, sin búsquedas de absoluto, aquí también se ha producido una especie de migración, un desarraigo del lugar habitual donde situaba la mayoría de la sociedad, de nuestros conciudadanos, de nuestros familiares, sus inquietudes de sentido, de transcendencia, sus inquietudes religiosas, y ahora se busca el sentido de transcendencia en otras realidades del momento actual, en nuevas identidades, cuando se habla de un nuevo paganismo o nuevas idolatrías en realidad son tan antiguas… Aparece ahí la necesidad de tener en cuenta dónde están las búsquedas de nuestros contemporáneos, cuáles son las religiones de sustitución, porque en el corazón humano aparece un deseo irrefrenable de adoración, porque somos hechos a imagen y semejanza de Dios, y esta inquietud del corazón, que está bien hecho pero que está herido, plantea el gran desafío como Iglesia y como evangelizadores es cómo poder ofrecer el corazón inquieto y herido de nuestros contemporáneos la belleza del Evangelio, la plenitud de que Dios significa y el bálsamo redentor, salvador, que Jesucrsito realiza”.

SÍNODO, PUEBLO DE DIOS EN CAMINO’

Desde ese reto eclesial y en medio de un tiempo marcado por las migraciones y la movilidad, Luis Argüello quiso hacer una invitación a vivir “este tiempo tan oportuno para que la Iglesia se descifre a sí misma como un pueblo peregrino y qué oportuna la propuesta del Papa Francisco con el Sínodo para situarnos como pueblo en camino, que acompaña en ese camino a turistas, a refugiados, a inmigrantes, a personas que viven desarraigo y desvinculación, y dado que estamos aquí en el Camino de Santiago, hace falta ponernos al lado de todos como pueblo que camina desde nuestra condición de hospitalarios y nuestra condición de monjes, alguien que nos acoge y nos cura y alguien que nos ofrece en el camino a aquel que es la plenitud del camino”. Una imagen sinodal y peregrina con la que el obispo auxiliar de Valladolid apeló “a ofrecer el testimonio de vida fraternal y entregada en la familia y la comunidad Cristiana y de amistad civil en la vida ciudadana, para hacer de la comunidad cristiana ámbito de escucha y encuentro, peregrinos que tenemos a alguien a quien ofrecer, que tenemos una pertenencia comunitaria, como lugar de encuentro y como hospital de campaña, porque toda la actividad de la Iglesia ha de ser expresión del amor de Dios”.

TESTIMONIOS, PERSONALES Y COMUNITARIOS

Ante una realidad social que percibe como “incomprensible la verdad que proponemos e inaceptables las propuestas de vida buena que surgen de esa verdad no cabe ninguna duda de que tenemos un extraordinario desafío cultural por delante”, constató Argüello, para remarcar las respuestas que ante estas circunstancias está fomentando el pontificado del Papa Francisco “primeramente desde el eje articulador de Evangelii gaudium y Gaudete el exultate, ofrecer la alegría del Evangelio pero desde un testimonio de vida martirial, desde un testimonio de vida santa, viviendo cada uno de nosotros según la vocación en la que es llamado, los ministros ordenados en el ejercicio de la caridad pastoral, los laicos en la caridad política y los hermanos de especial consagración en la consumación de la caridad perfectae caritatis en un carisma que es como una parábola del Evangelio”. “Anunciar a Dios desde esos testimonios de vida personal y comunitaria, que expresen la novedad de la vida cristiana, y hacer que ese anuncio, que es buena noticia, permite reflejar que la Iglesia es una comunidad de pecadores perdonados, frágil, que abre una tienda de campaña en medio de la peregrinación para poder escuchar y curar, y que al mismo tiempo despliega ese amor que ha recibido tratando de hacer de la humanidad familia y de la tierra hogar”, concluyó Luis Argüello para alentar “un combate espiritual contra el pecado de dentro y de fuera, contra el pecado personal, que nos convoca a una nueva conversión, y contra el pecado estructural, que nos convoca a una nueva manera de luchar por la justicia”.

(Archidiócesis de Valladolid)