Carta pastoral de Mons. Francesc Conesa: La audacia en el anuncio del Evangelio

Queridos hermanos:
Para salir a las plazas y caminos y realizar el anuncio del Evangelio necesitamos ser audaces. Con frecuencia los miedos y complejos nos atenazan e impiden que anunciemos con libertad la Palabra que nos salva. Por eso creo que debemos recuperar la audacia con que actuaron los primeros cristianos. El libro de Hechos cuenta que los apóstoles hablaban con “parresía” (Hech. 4, 31), es decir, con audacia, con claridad y franqueza, llenos de fervor y entusiasmo. San Pablo también se refiere a esta “parresía” o valentía con que anunció el Evangelio (1 Tes 2, 2) y pide a las comunidades que oren para que la siga teniendo (Ef 6, 19-20).

Hoy son muchos los cristianos que andan acomplejados con su fe y no se atreven a manifestarla públicamente. Hemos perdido esa valentía de las primeras comunidades. El ambiente de increencia que se respira pesa mucho. Los escándalos de la Iglesia, publicitados morbosamente por muchos medios de comunicación, son una mordaza para muchos cristianos, que apenas se atreven a hablar. Pero no podemos dejarnos acomplejar. No podemos perder la libertad de anunciar en cualquier lugar
la palabra de esperanza que es el Evangelio.

En la situación actual, muchos cristianos tienen la tentación de esconderse. Es significativa y sintomática la ausencia de cristianos en la vida pública. Si miramos los partidos políticos, el mundo de la economía, de la ciencia, de los medios de comunicación o de la cultura, los vemos dominados por un ambiente secularista. Muy pocos cristianos ofrecen en esos mundos el testimonio de su fe. Ya señaló Juan Pablo II, que muchos cristianos laicos tienen “la tentación de reservar un interés tan
marcado por los servicios y las tareas eclesiales, de tal modo que frecuentemente se ha llegado a una práctica dejación de sus responsabilidades específicas en el mundo profesional, social, económico, cultural y político” (Christifideles Laici, 2).

Hay que salir a la luz pública. Hay que abandonar los temores. Necesitamos que el Espíritu Santo nos de esa “parresía”, esa osadía para proclamar nuestra fe. “Encargados de este servicio por la misericordia de Dios, no nos acobardamos”, leemos en San Pablo, “hemos renunciado a la clandestinidad vergonzante”, “porque no nos predicamos a nosotros” sino a Jesucristo (2 Cor 4, 1. 5). Los católicos tenemos el derecho y el deber de participar en la formación de la opinión pública y en la formación de las leyes, sin que nuestras creencias deban suponer un menoscabo en la legitimidad de su participación.

Hoy más que nunca los cristianos necesitamos tener coraje y audacia evangelizado  para no quedarnos paralizados. El Papa Francisco nos pide no acostumbrarnos a caminar solo dentro de confines seguros, porque “lo que está cerrado termina oliendo a humedad y enfermándonos” (GE,133). Al fin y al cabo, “la santidad es parresía: es audacia, es empuje evangelizador que deja una marca en este mundo” (GE, 129).

✠ Francesc Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

Mons. Francisco Conesa Ferrer
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Rector de la Basílica de Santa María de Elche desde 2014 Francisco Simón Conesa Ferrer nació en Elche el 25 de agosto de 1961. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario diocesano y fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1985. Es doctor en Teología (1994) y en Filosofía (1995) por la Universidad de Navarra. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Orihuela-Alicante, donde ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial de la parroquia ilicitana de Nuestra Señora del Carmen (1985-1987), de la Inmaculada de San Vicente del Raspeig (1994-1996) y de Nuestra Señora de Gracia de Alicante (1997). Desde 1998 al 2014 fue el vicario general de la diócesis. En la actualidad es profesor del seminario diocesano, donde imparte Filosofía del Lenguaje y Teología Fundamental, desde 1992; profesor asociado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, desde 1994; canónigo magistral de la Catedral de Orihuela, desde 2001; y rector de la Basílica de Santa María de Elche, desde 2014. Fue nombrado prelado de honor de su Santidad en el año 2012.