Álvaro José Sánchez, nuevo diácono de la diócesis de Ávila

La diócesis de Ávila cuenta desde esta semana con un nuevo diácono. Este domingo, 28 de noviembre, coincidiendo además con su 27º cumpleaños, Álvaro José Sánchez Sáinz-Pardo recibía este Ministerio de manos del Obispo de Ávila, Mons. Gil Tamayo, en una celebración que comenzará a las 18 horas en la Catedral.

Álvaro, natural de Ávila capital, se muestra “muy contento” en estos días previos a su ordenación; un hecho que considera “un momento de Gracia”. Se siente contento, pero también “muy acompañado por toda la Iglesia, por el Obispo, por la parroquia donde estoy, por los que han estado en mi camino vocacional”.

Nacido en el seno de una familia cristiana, fue forjando en ella su fe. “De hecho, de pequeño siempre decía que quería ser cura”, confiesa. Sin embargo, con la llegada de la adolescencia, esas ideas iban desapareciendo o quedando en un segundo lugar. Hasta que, motivado por su hermano, se apuntó a las catequesis de Confirmación, “que las había dejado de hacer. Por así decirlo, mi hermano fue como mi primer catequista”.

En aquella parroquia, el ICM, tuvo una experiencia de fe con la Juventud Obrera Cristiana. “Y me invitaron a participar en el Seminario en Familia, con el Padre Cecilio y el Padre Gaspar”. Pero el verdadero punto de inflexión fue la JMJ de Madrid 2011. Al igual que el último sacerdote ordenado en la diócesis, Rafael Sánchez Andreu, también la JMJ tuvo un papel muy significativo en su camino vocacional, ya que, tras ella, empezó a formar parte del grupo interparroquial de jóvenes que se creó en aquel momento.  Es donde toma conciencia de lo importante que es para cada uno su vocación, en este caso la vocación cristiana, “y de crecer en la relación personal con Dios y comunitaria. Y allí compartimos ese impulso de que Dios está presente en nuestras vidas”.

Por ello, decide ingresar formalmente en el Seminario, y a los 18 años marcha a Salamanca para formar parte de la familia del Teologado que nuestra diócesis tiene en la capital charra. El tiempo del Seminario lo define como un tiempo de conversión. “A nivel espiritual, porque aprendes a profundizar aún más en tu relación con Dios. Y a nivel humano, pues descubres tus dones, descubres cuáles son tus fortalezas y debilidades, dónde poner el acento para crecer”.

En estos últimos meses, Álvaro está llevando a cabo su tarea pastoral en la parroquia del barrio que le vio nacer, San José Obrero. “Estoy allí al servicio de la comunidad. Especialmente los domingos en la Eucaristía. Pero también con el Movimiento Junior, con un grupo de reflexión de adultos, … Conociendo a fondo la vida parroquial”.

A partir de ahora, tras su ordenación como diácono, confiesa que quiere ponerse al servicio de los demás. Pero, sobre todo, “con una actitud misionera, acercarme a los que más alejados estén, a los excluidos o a los que menos relación tengan con Dios”.

 

La figura del diácono

El sacramento del Orden tiene tres grados: episcopado, presbiterado (el presbítero es a quien denominamos comúnmente “sacerdote”) y diaconado. El diácono ha recibido el sacramento del Orden, pero no es propiamente un sacerdote, y no tiene determinadas potestades sacerdotales, como son la celebración de ciertos Sacramentos (Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Confirmación). Los diáconos participan de una manera especial en la misión y la gracia de Cristo. El sacramento del Orden los marcó con un sello (“carácter”) que nadie puede hacer desaparecer y que los configura con Cristo que se hizo “diácono”, es decir, el servidor de todos. Corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al Obispo y a los presbíteros en la celebración de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad.

En cuanto al vestido, hay que tener en cuenta que un diácono es un clérigo, por lo que le corresponde vestir como tal. En las ceremonias litúrgicas, el diácono utiliza un alba y una estola colocada de forma diagonal, para distinguirla de la forma en la que se colocan la estola los sacerdotes. Además, el diácono llevará en ocasiones una pieza particular en lugar de la casulla (ésta se reserva al sacerdote), llamada dalmática.

(Diócesis de Ávila)

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