Carta pastoral del Cardenal Juan José Omella: «Un tiempo de espera confiada»

Adviento es una palabra latina que significa llegada. En el mundo antiguo este término se usaba para designar la visita de un rey o de un funcionario real a alguna provincia. Los cristianos asumieron esa palabra para referirse a la venida de Jesucristo. Para los cristianos, Cristo es el rey de reyes, el Señor de señores, (cf. Ap 17,14) que ha llegado a nuestra vida para llenarla de alegría.

El Adviento nos prepara para recibir la más bella de todas las noticias. Jesús es el enviado del Padre que ha venido a nuestro mundo para entregarnos su vida. Dios se hace pequeño y pobre, y viene a vernos para quedarse con nosotros.

Quisiera proponeros la lectura de una carta de san Pablo que nos puede ayudar a preparar este tiempo de Adviento. Es un fragmento de la primera carta a los Tesalonicenses, en la que el Apóstol nos invita a estar atentos a la venida del Señor con fe, esperanza y amor (cf. 1 Te 5, 8-11).

Este tiempo litúrgico nos prepara interiormente para contemplar cómo la fe cristiana comenzó de la manera más frágil posible. Dios se manifestará como un niño pobre y desvalido en Navidad. Y es precisamente este pequeño niño el que nos invita a poner nuestra vida en manos de Dios. Abramos el corazón al Señor y pidámosle que nos ayude a tener fe, como aquel buen padre del que nos habla el Evangelio: «Creo, pero ayuda mi falta de fe» (Mc 9,24).

Adviento es también un tiempo de esperanza. En algunos momentos de nuestra vida podemos sentirnos inundados por las dudas, la tristeza o el miedo. No temamos. Jesús ha venido para devolvernos la esperanza. Con él siempre volveremos a ponernos en pie. Con Cristo siempre podremos decir al Padre: «Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti» (Sal 15,1).

La Liturgia de Adviento nos recuerda que Jesús es el Emmanuel, el Dios con nosotros. Jesús quiere estar con nosotros porque nos ama y porque quiere compartir nuestras alegrías y tristezas. En el inicio de este tiempo de gracia, pidámosle que nos haga estar atentos para escuchar la voz de los más vulnerables, que están más cerca de nosotros de lo que nos pensamos. Sepamos ponernos al servicio de todos los hombres y mujeres, llevándoles también la Buena Nueva del Evangelio.

El Adviento es, ante todo, un tiempo de alegría. Una verdadera alegría que, como decía el papa Benedicto XVI, viene de «sentir que un gran misterio, el misterio del amor de Dios, visita y colma nuestra existencia personal y comunitaria». Y añade con gran sabiduría: «para alegrarnos, no sólo necesitamos cosas, sino también amor y verdad: necesitamos al Dios cercano que calienta nuestro corazón y responde a nuestros anhelos más profundos. Este Dios se ha manifestado en Jesús, nacido de la Virgen María.» (Angelus, 13-XII-2009).

Queridos hermanos y hermanas, Adviento es un tiempo de espera confiada. Dejemos que, durante estas cuatro semanas, Dios entre en nuestras vidas y las llene de fe, esperanza y amor para poder contemplar con profunda alegría el Misterio de la Navidad.

Os deseo a todos un buen y provechoso tiempo de Adviento.

† Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.