Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: El Adviento, tiempo de esperanza desde la fe

Comenzamos el nuevo año litúrgico y con él el tiempo litúrgico del Ad­viento.

El Adviento es un tiempo de espera y de esperanza de «alguien» que llega, del salvador que trae la salvación.

El pueblo escogido había sufrido toda una serie de calamidades en el desierto, habían sido esclavos en Egipto y estaban esperando con ansia un salvador que les liberaría de todos sus sufrimientos y esclavitudes.

Con el recuerdo vivo en el Pueblo de Dios de toda esta realidad doloro­sa por la que había pasado, los pro­fetas anuncian al pueblo de Israel la llegada del Mesías, el salvador que los liberará de todas sus esclavitudes.

Junto a este anuncio de la llegada del salvador, los profetas denuncian determinados comportamientos de parte del pueblo, que son incompati­bles con la llegada del Mesías: la ido­latría, la acepción de personas, las in­justicias, etc. Porque el salvador es el Mesías anunciado desde tiempo, que viene a mostrar el verdadero del úni­co Dios y pide el abandono de toda idolatría, de odios y rencores y de las injusticias porque Él viene como el Mesías, es santo y pide la santidad de sus fieles.

Para prepararse para la llegada del salvador, que es ya inminente, es urgente que el pueblo se convierta de todas sus infidelidades e idolatrías, por eso, junto al anuncio y la denun­cia, los profetas llaman a la conver­sión, a preparar el camino al Señor, enderezar todo lo que esté torcido, elevar lo que esté bajo y rebajar lo que sea prominente.

A nosotros hoy también se nos anuncia la presencia de Dios, su mensaje y sus valores en medio de nuestro mundo, porque el salvador ya se encarnó, ya llegó y acampó en­tre nosotros.

A nosotros, la Iglesia que recibió la misión del mismo salvador de anunciarlo a todos los pueblos de todos los tiempos, nos anuncia su presencia en nuestra vida, en nuestro mundo y en cada uno de nosotros.

Nos anuncia que, si queremos ha­cernos participes y poseedores de la salvación que Él nos ha traído con su nacimiento, muerte y resurrección, necesitamos aceptarlo a Él en nuestra vida, como nuestro único y verdadero Dios, a quien rendimos honor y gloria con nuestra vida siguiendo el camino que él nos marcó y viviendo nuestra vida desde la exigencia de nuestra fe.

El anuncio de la buena noticia de la presencia de Dios y su mensaje en me­dio de nosotros, el amor que nos tiene y el interés que demuestra por todos y cada uno de nosotros, denuncian que en nuestra vida hay determinadas acti­tudes que vivimos que son incompati­bles con esa aceptación de la buena no­ticia de la salvación que está en medio de nosotros y su seguimiento.

Por eso hoy, como dice el papa Francisco en su exhortación apostó­lica Evangelii Gaudium, es necesario que nosotros vivamos las exigencias de una nueva evangelización que pi­den una conversión del corazón, una conversión personal y comuni­taria, que pide aban­donar esos «diosecillos» que hay en nuestra vida, para aceptar al verdadero Dios que da sentido a toda la vida huma­na y a toda la sociedad actual.

Como Juan el Bautista a los hom­bres de su tiempo, la iglesia quiere hacer resonar en los oídos y en el co­razón del hombre actual la presencia del Dios del amor a nuestro lado. En medio de un mundo lleno de lacera­ciones, heridas y tristezas, Él quiere encarnarse en la vida de cuantos se sienten heridos, tristes y alejados de Él, y lo quiere hacer por medio de la vida y el testimonio de sus seguido­res, de los creyentes, a los que invita a que, con su palabra y con su testimo­nio de vida, comuniquen a los que no creen, a los que están lejos de Dios, a los indiferentes, a los que no lo cono­cen e incluso a los que están en contra, la experiencia gozosa de ser creyen­tes, la alegría que produce la fe.

Preparemos el camino al Señor, que quiere tener un «huequecito» en la vida de todos y cada uno de noso­tros, en nuestras familias, y en nues­tra sociedad para ofrecernos a todos la curación de nuestras heridas y la­ceraciones y la posibilidad de experi­mentar la felicidad que proporciona saber que Él nos ama y se interesa por nosotros.

 

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

 

 

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.