La Iglesia ama y necesita a las personas que viven con algún tipo de discapacidad

El Papa en su mensaje para la próxima Jornada Internacional de las personas con discapacidad habló de la discriminación que reciben aún hoy muchos de ellos por parte de la sociedad, pero, sobre todo, dijo, la peor discriminación es la falta de atención espiritual hacia los discapacitados.

“Frente a la discriminación, es precisamente la amistad de Jesús, que todos recibimos como un don inmerecido, la que nos redime y nos permite experimentar las diferencias como una riqueza”.

Son las palabras del Papa dirigida a las personas con discapacidad, en su mensaje para la próxima Jornada Internacional dedicada a ellos, que se celebrará el 3 de diciembre.

En el mensaje, presentado este jueves 25 de noviembre en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el papa Francisco recuerda que la Iglesia, para cumplir su misión al servicio del Evangelio, ama y necesita de cada una de las personas que viven con algún tipo de discapacidad.

Tener a Jesús como amigo

Con el lema: “Ustedes son mis amigos”, el Pontífice afirma que “¡Jesús es nuestro amigo! Él mismo lo dijo a sus discípulos en la última cena (cf. Jn 15,14). Sus palabras llegan hasta nosotros, iluminando el misterio de nuestro vínculo con Él y nuestra pertenencia a la Iglesia. «La amistad con Jesús es inquebrantable. Él nunca se va, aunque a veces parece que hace silencio. Cuando lo necesitamos se deja encontrar por nosotros y está a nuestro lado por donde vayamos» (Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 154). Los cristianos hemos recibido un don: el acceso al corazón de Jesús y la amistad con Él. Es un privilegio con el que hemos sido bendecidos y que se convierte en nuestra llamada, ¡nuestra vocación es ser sus amigos!”

Para nosotros los cristianos, tener a Jesús como amigo, es el mayor de los consuelos y puede hacer de cada uno de nosotros un discípulo agradecido y alegre, señaló el Papa, capaz de dar testimonio de que la propia fragilidad no es un obstáculo para vivir y comunicar el Evangelio.

“La confianza y la amistad personal con Jesús pueden ser la clave espiritual para aceptar las limitaciones que todos experimentamos y para vivir nuestra condición de forma reconciliada. Pueden suscitar una alegría que «llena el corazón y la vida entera» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 1) porque, como escribió un gran exégeta, la amistad con Jesús es «una chispa que enciende el fuego del entusiasmo»[1]”, señaló Francisco.

Cada uno de nosotros contribuyen en el camino sinodal

Con el Bautismo hace que cada uno de nosotros seamos miembros de pleno derecho de la comunidad eclesial y, sin exclusión ni discriminación, nos da la posibilidad de exclamar: “¡Soy Iglesia!”. La Iglesia, sigue en su mensaje el Pontífice, es la casa de todos nosotros. Todos juntos, somos Iglesia porque Jesús ha elegido ser nuestro amigo.

Siguiendo el proceso sinodal que “hemos emprendido”, señala el Papa, la Iglesia “«no es una comunidad de perfectos, sino de discípulos en camino, que siguen al Señor porque se reconocen pecadores y necesitados de su perdón» (Catequesis, 13 abril 2016). En este pueblo, que avanza a través de los acontecimientos de la historia guiado por la Palabra de Dios, «todos son protagonistas, nadie puede ser considerado un mero figurante» (A los fieles de Roma, 18 septiembre 2021)”. De consecuencia, cada uno de nosotros, estamos llamados a contribuir en el camino sinodal, en base a esto, el Papa está convencido que, “si es realmente «un proceso eclesial participado e inclusivo», la comunidad eclesial se verá verdaderamente enriquecida”.

La discriminación sigue presente en la sociedad

El Papa se lamentó en su mensaje, que aún hoy, “por desgracia”, se siga discriminando a quienes sufren de discapacidades, “muchos de ustedes «son tratados como cuerpos extraños en la sociedad. […] Sienten que existen sin pertenecer y sin participar», y «hay todavía mucho que les impide tener una ciudadanía plena» (Carta enc. Fratelli tutti, 98). La discriminación sigue estando demasiado presente en varios niveles de la vida social; se alimenta de los prejuicios, la ignorancia y una cultura que lucha por comprender el valor inestimable de cada persona”.

En particular, afirma, seguir considerando la discapacidad —que es el resultado de la interacción entre las barreras sociales y las limitaciones de cada persona— como si fuera una enfermedad, contribuye a mantener sus vidas separadas y alimenta el estigma en su contra.

Pero la peor discriminación, como señala el Santo Padre, es la “falta de atención espiritual», que a veces se ha manifestado en la negación del acceso a los sacramentos que, por desgracia, algunos de ustedes han experimentado”, al respecto, el Papa dice que el Magisterio es muy claro en este asunto y recientemente el Directorio para la Catequesis declaró explícitamente que «nadie puede negar los sacramentos a las personas con discapacidad»

La pandemia: tiempo de prueba

«La amistad de Jesús nos protege en el tiempo de la prueba».

El Papa recuerda en su mensaje, que en estos tiempo de pandemia, de la «que estamos luchando por salir, ha tenido y sigue teniendo repercusiones muy duras en la vida de muchos de ustedes». Muchos han tenido que «permanecer en casa durante largos periodos», muchos estudiantes con discapacidad han tenido dificultades para poder acceder a las «herramientas de aprendizaje a distancia; a los servicios de atención al público que se interrumpieron durante mucho tiempo en muchos países». Muchos, que viven en centros residenciales, manifiesta el Pontífice, se han visto separados de sus seres queridos. «En estos lugares el virus ha sido muy violento y, a pesar de la dedicación del personal, se ha cobrado demasiadas víctimas. Sepan que el Papa y la Iglesia están cerca de ustedes de manera especial, con afecto y ternura», les dice en su mensaje.

«La Iglesia está al lado de todos los que siguen luchando contra el coronavirus. Como siempre, la Iglesia insiste en la necesidad de que todos sean atendidos, sin que la discapacidad sea un obstáculo para acceder a los mejores cuidados disponibles. En este sentido, algunas conferencias episcopales —como las de Inglaterra y Gales y la de Estados Unidos— ya han intervenido para pedir que se respete el derecho de todos a ser tratados sin discriminación.

Nadie tan frágil que no pueda rezar 

Francisco nos recuerda que todos están llamados a la santidad y que el encuentro con Jesús -como se cuenta en tantos episodios bíblicos- transforma profundamente la vida de las personas para que emprendan un camino de testimonio. A continuación, confía, de manera especial, la misión que nace de la oración, utilizando el ejemplo de un maestro en contemplación:

Sé que algunos de ustedes viven en condiciones extremadamente frágiles. Pero me gustaría dirigirme a ustedes —quizá pidiendo, cuando sea necesario, a sus familiares o a las personas más cercanas a ustedes que les lean estas palabras o que les transmitan este llamamiento que hago— y pedirles que recen. El Señor escucha atentamente la oración de los que confían en Él. Que nadie diga: “No sé rezar”, porque, como dice el Apóstol, «el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque como no sabemos orar como conviene, él mismo intercede por nosotros con gemidos inexplicables» (Rm 8,26).

Santa Teresa de Ávila escribió que «en tiempos difíciles se necesitan amigos fuertes de Dios para apoyar a los débiles». La época de la pandemia nos ha mostrado claramente que todos somos vulnerables: «Nos hemos dado cuenta de que todos estamos en el mismo barco, todos frágiles y desorientados, pero al mismo tiempo importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos». La primera forma de hacerlo es rezar. Todos podemos hacerlo; e incluso si, como Moisés, necesitamos apoyo (cf. Ex 17,10), estamos seguros de que el Señor escuchará nuestra súplica.

(Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano, Vaticannews.va)

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