Carta pastoral del Cardenal Carlos Osoro: La verdadera revolución es la santidad

Este domingo comenzamos el tiempo de Adviento, un tiempo de gracia en el que el Señor, a través de la Iglesia, nos invita a prepararnos para acoger al Señor que nace, que viene junto a nosotros, que vuelve a preguntarnos si estamos dispuestos a darle nuestra carne, nuestro tiempo, pues Él quiere entrar en nuestra vida concreta. ¡Qué tiempo más singular! El Señor entra en nuestra historia a través de nosotros. Entra para llevar la alegría de Dios a los hombres. El verdadero regalo y el más grande, del que hoy sentimos una necesidad especial, es conocer a Dios, conocer a Dios que se hizo Hombre. ¡Qué maravilla poder captar la presencia de Dios entre nosotros!

Para captar la presencia de Dios a través de los tiempos y en momentos singulares de nuestra vida, he querido acercaros a los santos que han vivido entre nosotros en diversas circunstancias. Igual que hicieron los apóstoles, confirmar a los hermanos en la fe ha de ser nuestra misión y pasión. Os recuerdo cuando Pedro predicó a la multitud en Jerusalén el día de Pentecostés: había peregrinos venidos de todas las partes y daba testimonio de Jesucristo, un testimonio que hizo que muchos abrazaran la fe. También entre nosotros, en Madrid, ha habido hombres y mujeres que han sido testigos fuertes de Jesucristo, que se han acercado a los hombres y mujeres de su tiempo y que, por su fe manifestada con obras, han acercado a muchos a Jesucristo.

Hace unas semanas presenté la Ruta de la Santidad, que recorre distintos sepulcros de santos enterrados en Madrid. Es cierto que hay otras rutas, pero esta es la más revolucionaria, la que nos hace encontrarnos con nosotros mismos y con los demás con todas las consecuencias gracias a esa fascinación por Jesucristo que tuvieron esos hombres y mujeres que vivieron aquí. Fascinados por la belleza de Dios y por su verdad, se dejaron transformar la vida progresivamente, renunciando a todo e incluso a sí mismos. Solamente necesitaban el amor de Dios: este amor les bastaba y lo manifestaban en el servicio y en la entrega desinteresada a los demás.

Al pensar en esta Ruta de la Santidad me vino a la mente san Benito. Cuando él fundó la institución monástica su objetivo fundamental no era la evangelización de los pueblos, sino la búsqueda de Dios. Nos lo dice y lo hace con esa expresión latina: «Quaerere Deum». Él bien sabía que, cuando entramos en una relación profunda con Dios, no nos contentamos con una vida vivida en la mediocridad o en la superficialidad. Por ello los monjes no anteponen nada al amor de Cristo. Y esto es lo que hacen los santos. Y esto es lo que me encontré con los que vivieron en Madrid.

Ser santo no es un privilegio de unos pocos, sino que, por el Bautismo, todos los cristianos tenemos la herencia de poder llegar a serlo. Tenemos la vida del Señor; todos podemos hacer un camino, el de Cristo. A lo largo de la historia de Madrid han aparecido hombres y mujeres que iniciaron el camino de las bienaventuranzas, que es el camino de la santidad. Con su testimonio, con sus obras que aún perviven, nos animan a fiarnos de Dios; nos alientan a no tener miedos que siempre paralizan, nos llevan a ser valientes, a ir contra corriente; nos muestran que, cuando permanecemos fieles a Dios y fieles a su Palabra, incluso ya en esta tierra, experimentamos su amor y, como los santos, lo sabremos regalar a quieres encontramos.

La santidad es la verdadera revolución y es la que puede promover la verdadera reforma de la Iglesia y la transformación de este mundo. Y esta es posible para todos los hombres. ¿Dónde aprendieron los santos a serlo? Su gran escuela fue la Eucaristía; cuando se participa en ella, cuando pasamos largos ratos de adoración, comprendemos mejor y nos animamos a vivir de ese amor que supera todo conocimiento y nos lleva a hacerlo visible amando y sirviendo a los hermanos.

En la presentación de la Ruta de la Santidad animé a mirar la realidad con los ojos de los santos, quienes descubrieron que el primer deber para sanar este mundo es conformar la vida llenándola del amor de Dios. La santidad es posible y merece la pena. Quizá sea bueno recordar algunas expresiones de Jesús que los santos acogieron en sus vidas. Respondamos como ellos a esta pregunta: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde la propia vida?» (Mt 16, 26). Jesús nos propone la senda de la santidad: «Quien pierda su propia vida por mi causa, la encontrará» (Mt 16, 25). Y asevera con una fuerza extraordinaria: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga» (Mt 16, 24).

La vocación cristiana surge de una propuesta de amor del Señor y solamente puede realizarse con una respuesta nuestra de amor. La santidad es un don de Dios, es una gracia que cambia nuestro corazón. ¡Qué bueno es dejarnos invitar a la entrega de la vida sin cálculos o intereses humanos! Con una confianza ilimitada en el Señor. En la Ruta de la Santidad de Madrid vemos hombres y mujeres que se pusieron a seguir a Jesucristo muerto y resucitado, que no se pusieron ellos en el centro, que quisieron vivir según el Evangelio.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos, Cardenal Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.