Carta pastoral de Mons. Agustí Cortés: En el umbral

Decíamos que el “nosotros”, que somos la Iglesia debía contar con personas que están a la puerta, en el atrio, el lugar en que podemos dialogar con ellas. Pero llegará el día en que Dios será todo en todos, como dice San Pablo.

Hoy podemos ver y celebrar ese día en el marco de la liturgia. Hoy tenemos el gozo de contemplar el punto final de la historia. Decimos “el gozo” porque, si bien entre nosotros sentimos una gran tristeza cuando acaban las cosas buenas, como por ejemplo ante el final de una amistad o de la vida de un amigo, al contemplar cómo acaba la historia del mundo, y la historia de cada uno, con ojos del Espíritu, experimentamos una gran esperanza.

Vemos que muchas cosas nos hacen sufrir. Ante pandemias, crisis ecológicas, conflictos políticos y económicos, acciones violentas, fracaso de humanismos, algunos sienten que nuestra historia no puede acabar bien. En novelas, en el cine, en ensayos, vemos cada día eso que llaman “distopías”. Sin embargo, otros, quizá la mayoría, con una fe ciega en el progreso, siguen creyendo que la humanidad será capaz de rehacerse y solucionar todos los problemas.

Para los cristianos no se trata de optimismo o pesimismo, de tener pensamientos negativos o positivos, lo cual al fin y al cabo es cuestión de voluntarismo y de psicologías, formas de ser. Para nosotros es una convicción firme de fe: el final será Jesucristo. La celebración se llama “de Cristo Rey del universo”. Una forma de hablar, ya que ni a Él, ni a nadie que le haya conocido, se le ocurre pensar que sea “monárquico”.

En la Cruz clavaron un cartel en plan de burla: “el Rey de los Judíos”. Hoy no le quitaríamos este cartel, porque sin saberlo, quienes se burlaban decían una gran verdad. Es más, nosotros aún añadiríamos con toda convicción: “Rey de los judíos y de todo el universo”. Porque en ese cartel proclamamos dos verdades fundamentales:

– Que Cristo vendrá, no como fracasado y derrotado, muerto en la Cruz, sino como victorioso, vencedor de todo mal y toda muerte.

– Que Él ha penetrado nuestra historia de sufrimiento y de muerte, llenándola de sentido, de luz, salvándola desde dentro.

¿Cómo no desear que venga? Hemos repetido tantas veces: “Venga a nosotros tu Reino”… Sabemos que vendrá, lo queramos o no. Pero en la oración que Él mismo nos enseñó, expresamos nuestro deseo de que venga aquí, a nosotros, a cada uno. Porque, para nosotros, su Reino significa la plenitud, la máxima felicidad, el cumplimiento de todos los anhelos de la humanidad. Y su Reino no llegará a cada uno, si no es deseado, buscado y acogido.

Por eso, también es correcta la petición: “Que sepamos entrar en tu Reino”, que lo busquemos y nos dispongamos a llegar hasta él.

De momento estamos en el umbral (como decíamos del poeta ante la Iglesia). Cuando Dios quiera, daremos el paso adelante, para que Él nos reciba y, con toda la creación, gocemos de su gloria.

 

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.