Carta pastoral de Mons. Enrique Benavent: El Reino de la Verdad

En la solemnidad de Jesucristo Rey del universo que celebramos hoy, escuchamos en el Evangelio de la Eucaristía dominical el interrogatorio de Pilato a Jesús en el contexto de la pasión. Jesús confiesa su realeza, pero clarifica esta confesión en un doble sentido: por una parte, no quiere que su reino se confunda con los de este mundo, porque no se defiende con los medios que utilizan los poderes terrenales. Estamos ante un reinado por el que nadie combate con la violencia. En un sentido positivo afirma que su misión regia consiste en dar testimonio de la verdad. El único poder que Cristo reivindica para sí mismo es el de la verdad. La reacción de Pilato ante esta confesión tan sorprendente es de escepticismo: “¿Y qué es la verdad?” (Jn 18, 38).

Vivimos inmersos en un ambiente cultural en el que el relativismo ha penetrado profundamente en la conciencia de muchas personas. Este hecho ha tenido dos consecuencias: por una parte, se ha generalizado una actitud escéptica ante la posibilidad de conocer la verdad, como es la que se trasluce en la pregunta de Pilato y que supone en el fondo una renuncia a esforzarse por conocerla; i encontramos también sentimientos de prevención y rechazo frente a ella: se teme que aquellos que se sienten poseedores de la verdad quieran imponerla por la fuerza. El relativismo sería una prevención frente a los absolutos que amenazan la libertad.

Jesús se define como “testigo” de la verdad. La manera de realizar esta misión excluye cualquier recurso a la fuerza, ni siquiera para defenderse a sí mismo. Su testimonio lo consumará en la Pasión, en la que aceptará el sufrimiento por la verdad y nos revelará la esencia del testimonio cristiano de la fe. Este no consiste en discursos grandilocuentes para intentar convencer a los demás de nuestras opiniones; tampoco hay auténtico testimonio si se emplean medios no evangélicos para anunciar el Evangelio, como servirse de la mentira o medias verdades; el auténtico testimonio nace, además, de motivaciones limpias (no cabe la adulación, ni la codicia, ni la búsqueda del honor de los hombres). El auténtico testigo renuncia totalmente a la violencia de cualquier tipo que hace sufrir a los otros por la verdad. Al contrario, debe estar dispuesto a sufrir y, si fuera necesario, a dar la vida por ella. Por ello, los mártires, que siguieron totalmente a Cristo y dieron la vida por Él, son sus auténticos testigos.

Esta búsqueda humilde de la verdad y el testimonio, vivido evangélicamente, son hoy más necesarios que nunca. Cuando la verdad no es valorada ni buscada, el mundo cae en manos de los poderosos que crean y difunden “verdades” a la medida de sus intereses; o que se sirven de tácticas poco claras para manipular las conciencias. Solo la búsqueda humilde de la verdad es el camino para la auténtica libertad.        Por otra parte, todos deseamos un mundo bueno y justo. Verdad, justicia y bondad son inseparables: con el oscurecimiento de la verdad, se ofusca también el sentido del bien y la justicia. El escepticismo ante la posibilidad de conocer aquello que es verdadero, lleva también a un oscurecimiento del sentido de la justicia. Únicamente la verdad nos lleva a conocer y alcanzar aquello que es bueno para la humanidad.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.