La Iglesia, clave en la reinserción de los presos en Valencia

La Pastoral Penitenciaria del Arzobispado de Valencia ha invitado a las parroquias de la Archidiócesis a realizar una labor de acogida de las personas internas del Centro Penitenciario de Picassent que salen en libertad, para contribuir a su reinserción, y ser lugar de encuentro para las que van a ingresar en prisión y para sus familias.

En este sentido, la Pastoral Penitenciaria propone “a las parroquias que quieran realizar esta labor de acogida para presos que contacten con nosotros para reunirnos, que nos conozcan y empezar así un proyecto conjunto”, indica Víctor Aguado, director de Pastoral Penitenciaria, que apunta que para obtener más información se puede enviar un mail a la dirección [email protected], llamar al 963 158 219 y consultar la web penitenciariavalencia.com.

Con esta acogida en las comunidades parroquiales “podremos seguir profundizando en el seguimiento de Jesús por parte de los internos” lo que se traduce en “no juzgar el pasado sino convivir con estas personas fraternalmente: la Iglesia no puede huir donde haya una persona herida”, expresa. “Pedimos a las parroquias que se impliquen siendo lugar de encuentro para los que van a entrar en prisión y para los que salen, que les acompañen con programas de formación o laborales, con nuestro asesoramiento”, explica Aguado, que subraya su interés en participar en las reuniones de los arciprestazgos para informar sobre este proyecto cuyo objetivo es que “la Iglesia forme parte del proceso de reinserción”.

Asimismo, “lo descartable para todos es amado por el equipo de Pastoral Penitenciaria” que está formado por capellanes -tres a plena dedicación y otros voluntarios-, un director -laico- y un grupo de personas voluntarias. Los voluntarios “se ocupan de las tres situaciones en las que ejercemos nuestra labor evangelizadora: prevención, con charlas en los colegios; interior de la prisión, en tres áreas inseparables -Área Religiosa, Jurídica y Social- y fuera de la cárcel, con trabajo de reinserción en cuatro casas de acogida y formación”, según Aguado, que añade que además la Pastoral Penitenciaria acompaña a las familias de los internos.

400 internos en las celebraciones eucarísticas del fin de semana

Desde la Pastoral Penitenciaria expresan que “podemos ahogar todos los desprecios  hacia los presos para buscar a la persona, sin juzgarla, sino mirar hacia adelante, y darle una segunda oportunidad”.

“Nuestra tarea es vestir al interno de dignidad y que crean que la dignidad humana está sobre el delito. Cuando se ha perdido todo, y especialmente la libertad, hay una vuelta misteriosa a Dios de una u otra manera: Dios es lo único que les queda y no les abandona. Esto hace que sean muy fructíferas las catequesis y las celebraciones eucarísticas en el centro penitenciario, con una asistencia media cada fin de semana de unos 400 internos”, concluye Aguado.

Trabajos en beneficio de la comunidad (TBC) en Santa María del Mar

La parroquia Santa María del Mar, en el barrio valenciano de El Grao, puso en marcha, hace seis años, un servicio de acogida y acompañamiento a personas que van a entrar en prisión y sus familias, y a las que salen del centro penitenciario.

Al respecto, “para llevar a cabo esta acogida es necesaria la orientación y formación de los voluntarios por parte de la Pastoral Penitenciaria y la coordinación y trabajo conjunto, en este ámbito penitenciario parroquial, con Cáritas Diocesana y las Cáritas parroquiales”, destaca José Vicente Calza, párroco de Santa María del Mar.

En el marco de esa labor de acogida, la parroquia de Santa María del Mar es una de las pocas de la diócesis donde se pueden realizar trabajos en beneficio de la comunidad (TBC), es decir, penas alternativas a la entrada en prisión que consisten en actividades de utilidad pública, en este caso, de mantenimiento del templo parroquial.  Este servicio de acogida, que se realiza en línea directa con la Administración y bajo el control del Juez de Vigilancia Penitenciaria, no sería posible en Santa María del Mar sin la implicación de dos mujeres: Carmen Quintana y Jesa Parejo.

Carmen Quintana, integradora social de 62 años, es responsable, desde hace tres años, del servicio de acogida a presos y sus familias que presta Santa María del Mar a través de la Cáritas parroquial. Por tanto, tiene un perfil de doble voluntariado, en Cáritas y penitenciario, ámbito en el que se formó con un curso de sensibilización. En la parroquia “en primer lugar realizamos una entrevista a la persona que va a hacer el TBC, enviada por la Administración de Justicia, para recoger sus datos, evaluar su situación y concretar el día en que se iniciarán esos trabajos”, explica Carmen.

Cuando la persona que tiene que cumplir los TBC “entra en nuestra parroquia, lo primero que tenemos presente es respetar su dignidad por encima de todo. Después les explicamos las normas que hay que cumplir”, subraya.  En la actualidad “hay 15 personas realizando TBC en tres turnos -mañana, tarde y fin de semana- y tenemos lista de espera, lo que significa que este servicio parroquial funciona porque hace tres años, cuando empecé esta labor, la media era de 5 personas”.

“A veces vienen a la entrevista con miedo, pero siempre se van contentos y tranquilos por el trato recibido, son muy respetuosos y nos apreciamos mutuamente”, comenta Quintana, quien concluye: “Tienen que cumplir su condena, sin duda, y somos estrictos con los horarios y tareas, pero también somos lugar de acogida”.

“No los tratamos como números de expedientes sino como personas”

Josefa Isabel Parejo, a la que todos llaman Jesa, tiene 59 años, es sacristana desde 2012 en Santa María del Mar y feligresa desde hace más de 30 años. Trabaja “en equipo y en sintonía, coordinada al cien por cien, con Carmen Quintana y con nuestro párroco” y se encarga de la asignación y seguimiento de las tareas y horarios de los TBC.

Con estos trabajos “se beneficia la parroquia, ya que realizan labores de electricista, fontanería, pintura, limpieza y desinfección, entre otros, pero también se benefician las personas que cumplen estas penas, porque intentamos que esas labores sean acordes a su perfil profesional y personal, que sientan que hacen cosas útiles”, indica la sacristana.

En Santa María del Mar “intentamos que la acogida sea humana, no los tratamos como números de expedientes sino como personas, compañeros; si necesitan hablar o llorar, estamos con ellos, les escuchamos y atendemos con cariño, creamos un ambiente positivo: es algo muy importante, sobre todo por donde estamos: la Iglesia”, señala. El trato humano “es fundamental, por eso nos alegra mucho cuando, pasado el tiempo, algunas de estas personas que han realizado TBC pasan por nuestra parroquia y nos saludan, y con algunas de ellas mantenemos contacto vía móvil: para nosotras eso es todo un éxito”, concluye.

Firma: Alberto Sáiz/ Archidiócesis de Valencia