Carta pastoral de Mons. José María Yanguas: Pobreza y justicia

Queridos diocesanos:

En seguida se cumplirán cuatro años de la primera celebración de la Jornada Mundial de los Pobres. Fue una decisión del Papa Francisco con la que, de alguna manera, concluía el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. El Papa quiso que la Jornada tuviera lugar en toda la Iglesia el penúltimo domingo del tiempo ordinario, que precede la fiesta de Cristo Rey, “el cual, como dice Francisco, se ha identificado con los pequeños y los pobres, y nos juzgará a partir de las obras de misericordia” (cf. Mt 25,31-46). Este año la Jornada la celebraremos este domingo, 14 de noviembre.

En el pensamiento del Santo Padre este día debe ayudar a las comunidades cristianas, y a cada bautizado en particular, a profundizar en tres direcciones distintas. En primer lugar, debe facilitar la reflexión sobre el hecho de que la pobreza “está en el corazón del Evangelio”, además de ser compañera de viaje de la humanidad. Basta recordar el episodio que tuvo lugar en la sinagoga de Nazaret a la que acudió Jesús en sábado, según era su costumbre. Allí, tras leer el pasaje de Isaías en el que está escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres…”, Jesús concluye la lectura del Profeta afirmando solemnemente: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír” (Lc 18 y ss). Los destinatarios de su misión son, pues, los pobres. Es cierto que todos los hombres están llamados a acoger el Evangelio, porque Dios quiere la salvación de todos; pero solo los humildes, los sencillos, los que están abiertos a Dios, los que se saben necesitados de Él, le abren sus oídos, lo reciben con gozo y dejan que ilumine sus vidas. La pobreza material despierta con mayor facilidad la conciencia de la radical indigencia, de la pobreza propia de toda criatura. La riqueza, por el contrario, puede favorecer el engreimiento, la autosuficiencia, la “soberbia de la vida”, la desmedida confianza en los bienes que uno posee, y puede provocar la cerrazón a la Palabra de Dios y el olvido de los demás.

En segundo lugar, como decía el Papa hace cuatro años, esta Jornada de los Pobres debe recordarnos que “mientras Lázaro esté echado a la puerta de nuestra casa (cf. Lc 16, 19-21), no podrá haber justicia ni paz social”. Podría parecer que estas palabras condenan a los hombres a habitar un mundo sin paz ni justicia, ya que el mismo Señor afirma que siempre tendremos pobres entre nosotros (cf. Jn 12, 8); pero lo que, desde luego, resulta claro es que la pobreza es una ofensa a la justicia y un obstáculo para la paz, y que el empeño auténtico por una y otra debe ser acompañado por el esfuerzo sincero por erradicar la pobreza. El alma del hombre justo no podrá nunca contemplar impasible la pobreza ni permanecer inactivo en su presencia.

Por último, esta Jornada debe motivarnos como una genuina forma de nueva evangelización (cf. Mt 11,5), que debe renovar el rostro de la Iglesia en su acción perenne de conversión pastoral, para ser testimonio de la misericordia”. (n. 21). Por eso, el Papa nos llama a ir al encuentro de los pobres, allí donde se encuentren, sin que importe el tipo de pobreza, vieja o nueva, más o menos clamorosa, que sufren. “No podemos esperar a que llamen a nuestra puerta, dice, es urgente que vayamos nosotros a encontrarlos en sus casas, en los hospitales y en las residencias asistenciales, en las calles y en los rincones oscuros donde a veces se esconden, en los centros de refugio y acogida…” Es una invitación a estar vigilantes para descubrir los rostros de la pobreza que interpelan nuestra conciencia cristiana.

Cada uno puede preguntarse: ¿Estoy seguro de no ceder, a veces, a la indiferencia, al desprecio, al gesto de disgusto ante el pobre? ¿Medito con frecuencia que Jesús se hace presente en él? ¿Lucho concretamente por erradicar la pobreza?

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).