Carta pastoral de Mons. Joan E. Vives: Yo soy la resurrección y la vida

La pandemia ha comportado que no pudiéramos dejar de mirar de cerca a «la hermana muerte», como la llama S. Francisco de Asís. Nos ha arrebatado a tantos familiares y amigos de forma cruel; nos ha demostrado que, cuando llega, puede ser triste porque nos encuentra muy, demasiado, solos; nos ha hecho dar cuenta de nuestra fragilidad… La Organización Mundial de la Salud estima que el número real de muertes por coronavirus es 2 ò 3 veces superior a los 3,4 millones de defunciones notificadas actualmente a la agencia, según explica el Informe sobre las Estadísticas Sanitarias Mundiales. Es decir, las cifras de fallecidos podrían estar entre los 6,8 y los 10 millones de personas en todo el mundo. ¿Quién los recuerda y que reza por ellos?

Siempre empezamos el mes de noviembre con el recuerdo de la fiesta de Todos los santos y santas de Dios, fiesta gozosa y llena de esperanza y de comunión. Los santos nos atraen hacia Dios y nos ayudan a confiar en el amor del Padre, que quiere salvarnos y reunirnos con Él, por toda la eternidad. Nos ayuda el conocer las luchas y las heroicidades de los santos, la confianza que pusieron en Dios y el bien que supieron realizar, haciendo fructificar los talentos que Dios les otorgó. Y el día 2, recordamos a todos los difuntos del mundo, especialmente nuestros familiares, amigos y benefactores, y a todos los que amamos, que ya han partido hacia la Casa del Padre. Este año debemos tener presentes a tantos millones de víctimas de la Covid-19, los conocidos y los desconocidos. Tengámoslos presentes, especialmente durante todo el mes de noviembre; roguemos con confianza por ellos, para que reciban el perdón y la salvación eterna; y pidamos que los sacerdotes recen también por nuestros difuntos, con el ofrecimiento de sufragios; no los olvidemos ante el altar.

La Eucaristía es el mejor de los sufragios por nuestros difuntos, ya que siempre es el memorial de la muerte redentora y de la resurrección de Cristo, que «nos abre la esperanza de una resurrección gloriosa», como canta el prefacio primero de difuntos. Encomendar a una persona fallecida y hacer que los ministros de la Iglesia oren por ella, nombrándola en la celebración de la Eucaristía, es unirla a Cristo para presentarla, junto con Él, al Padre. En cada misa recordamos la intercesión y la ayuda de los santos, al tiempo que también siempre oramos por los difuntos, en el interior de la plegaria eucarística. Aplicamos los méritos de Cristo a los vivos y difuntos, convencidos de que el sacrificio de Jesucristo, y los méritos de la Virgen María y de todos los santos, de todas las obras buenas realizadas, les serán vida y salvación.

El Señor, con su misterio pascual, nos ha preparado un camino de vida y de esperanza eternas. Él afirma: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá» (Jn 11,25) y estas palabras siguen interpelando a la humanidad. Cristo ilumina y revela la esperanza de la resurrección gloriosa, más allá del sufrimiento y de la muerte. «Esta revelación de Jesús nos interpela todos -dice el Papa Francisco- y por eso estamos llamados a creer no como un espejismo en el horizonte, sino como una realidad que está presente y que nos involucra misteriosamente ya desde ahora. Es a nosotros a quienes el Señor llama a renovar el gran salto de fe, entrando ya desde ahora en la luz de la resurrección». Cuando se produce este salto, «nuestra forma de pensar y de ver las cosas, cambia. La mirada de la fe, trascendiendo lo visible, ve en cierto modo lo invisible y cada evento se evalúa entonces a la luz de otra dimensión: la de la eternidad».

+ Joan-Enric Vives,

Arzobispo de Urgell

Mons. Joan E. Vives
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Nació el 24 de Julio de 1949 en Barcelona. Tercer hijo de Francesc Vives Pons, i de Cornèlia Sicília Ibáñez, pequeños comerciantes. Fue ordenado presbítero en su parroquia natal de Sta. María del Taulat de Barcelona. Elegido Obispo titular de Nona y auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, fue ordenado Obispo en la S.E. Catedral de Barcelona el 5 de septiembre de 1993. Nombrado Obispo Coadjutor de la diócesis de Urgell el 25 de junio del 2001. Tomó Posesión del cargo el 29 de julio, en una celebración presidida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nuncio Apostólico en España y Andorra. El día 12 de mayo del año 2003, con la renuncia por edad del Arzobispo Joan Martí Alanis, el Obispo Coadjutor Mons. Joan-Enric Vives Sicília pasó a ser Obispo titular de la diócesis de Urgell y copríncipe de Andorra. El 10 de julio del 2003 juró constitucionalmente como nuevo Copríncipe de Andorra, en la Casa de la Vall, de Andorra la Vella. El 19 de marzo del 2010, el Papa Benedicto XVI le otorgó el titulo y dignidad de Arzobispo "ad personam". Estudios: Después del Bachillerato cursado en la Escuela "Pere Vila" y en el Instituto "Jaume Balmes" de Barcelona, entró al Seminario de Barcelona en el año 1965 donde estudio humanidades, filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona y en la Facultad de Teología de Barcelona (Sección St. Pacià). Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Barcelona, en diciembre de 1976. Profesor de lengua catalana por la JAEC revalidado por el ICE de la Universidad de Barcelona en julio de 1979. Licenciado en Filosofía y ciencias de la educación -sección filosofía- por la Universidad de Barcelona en Julio de 1982. Ha realizado los cursos de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona (1990-1993).