Carta pastoral de Mons. Demetrio Fernández: “A los pobres los tenéis siempre con vosotros”

Celebramos este domingo la Jornada Mundial de los Pobres, que el Papa Francisco introdujo en la Iglesia al concluir el Año de la Misericordia (2016). Dios nos ama con misericordia y siembra en nuestros corazones ese estilo de amar, en medio de las miserias humanas, que acarrean tanto sufrimiento.

Constituye como una de las betas importantes de este pontificado, la de ayudarnos a todos a colocar en el centro de la vida de la Iglesia a los pobres, como objeto de la misericordia divina y la prolongación de este amor para aquellos que sufren las consecuencias del pecado en todas sus secuelas: injusticias, maltratos, abusos, descartes, explotación, exclusión, etc. Todo lo que el pecado es capaz de hacer en contra del hombre. Al entrar Jesucristo en este mundo, se ha puesto al lado de las víctimas, de los que no cuentan, de los que sufren la injusticia. Y ha cambiado de sentido la historia humana Potentísima palanca que tiene en los pobres su fuerte punto de apoyo.

El lema de este año “A los pobres los tenéis siempre con vosotros” son palabras de Jesús en casa de María de Betania, la hermana de Lázaro, cuando Judas consideraba un derroche aquel gasto de perfume en su honor por parte de aquella mujer. La cuestión de los pobres no es cuestión de dinero o de recursos económicos, sino una cuestión de amor. Judas prefería que ese dinero se empleara para los pobres, aunque a él no le importaban los pobres y como tenía la bolsa se llevaba de lo que iban echando. Aquella mujer hizo lo que debía y gastó con Jesús el mejor de los perfumes.

La afirmación de Jesús indica que los pobres estarán con nosotros hasta el final, no podemos desentendernos de ellos. Están a nuestro lado para recordarnos continuamente la misión de compartir con ellos. “No podemos esperar –afirma el Papa en su mensaje para la Jornada— a que llamen a nuestra puerta, es urgente que vayamos nosotros a encontrarlos en sus casas, en los hospitales y en las residencias asistenciales, en las calles y en los rincones oscuros donde a veces se esconden, en los centros de refugio y acogida… Es importante entender cómo se sienten, qué perciben y qué deseos tienen en el corazón”.

Uno de los fundamentos de la Iglesia son los pobres, junto a la Eucaristía y a los obispos como sucesores de los apóstoles. Este es el trípode de la vida de la Iglesia: los obispos como garantes de la sucesión apostólica y guardianes de la fe y de la caridad en la comunidad, la Eucaristía como prolongación de Cristo vivo sacramentalmente hasta el final de los tiempos. Y los pobres, que los tendremos siempre con nosotros. Porque pobres es aquel que necesita para vivir, el que no tiene la suficiencia de recursos para su mantenimiento material, espiritual, afectivo, etc. Todos de algina manera somos pobres, carecemos de algo necesario para sobrevivir. Pues este título de privados nos hace pertenecer a la Iglesia donde se nos entregan los dones de la salvación. Todas esas pobrezas son ocasión para confiar en Dios y ayudarnos unos a otros.

Salgamos al encuentro de los pobres, allí donde estén. Los que carecen de Dios, la mayor de las pobrezas, para llevarles el testimonio de Dios y los dones de la Casa de Dios. Los que no tienen para vivir y viven de la confianza en Dios y de los que quieran ayudarles. Los que viven sin amor por las vueltas que da la vida, entre ellos los esposos que no se aman y sufren el fuerte desamor que los destruye, o los padres que son olvidados por sus hijos y los hijos olvidados por sus padres. Los que han sido despojados de su dignidad por el desprecio, la injusticia y el abuso de los demás. Los que sufren enfermedad o falta de salud, por lo que dependen de la ayuda de otros. La Jornada Mundial de los Pobres sea una ocasión para aceptar nuestra realidad y abrir los ojos a las necesidades de los demás. Los pobres están siempre con nosotros y son un estímulo permanente para salir de nuestros egoísmos y abrir nuestro corazón a sus necesidades.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

 

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

Mons. Demetrio Fernández
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Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.