Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: «Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo»

Queridos amigos y her­manos:

La celebración de la jornada de la Igle­sia Diocesana quiere hacernos conscientes de lo que somos: la gran familia de los seguidores de Jesús, la gran fa­milia que formamos todos los bau­tizados, porque la Iglesia, cuya ca­beza es Cristo, la formamos todos los cristianos.

Este año que, con motivo del quinto aniversario de la publicación de la exhortación apostólica Amoris laetitia, celebramos en comunión con toda la Iglesia el Año de la Familia Amoris laetitia, establecido por el Papa, nos puede ayudar a compren­der la realidad de la Iglesia, lo impor­tantes que somos todos y la misión que cada uno tenemos en ella.

También nos puede ayudar a entender la preocupación por toda la familia, y nuestra aportación a la misma, otro acontecimiento importante que comenzamos este curso: el Sínodo de los obispos sobre la sinodalidad, desde el que se nos hace una llamada a toda la Iglesia y a todas las Iglesias dioce­sanas y particulares, a vivir su mi­sión de evangelizar en comunión y responsabilidad, en la que todos debemos sentirnos Iglesia y, por lo mismo, en comunión con la Iglesia. Y, por otra parte, siendo miembros de ella, sentir la corresponsabili­dad que nos corresponde en ella y con ella.

En una familia, para que sea una familia viva y autentica, todos sus miembros tienen que estar en comu­nión con lo que se propone en toda la familia y debe sentirse responsable de aportar su parte para que toda ella pueda cumplir la misión importante que tiene como familia y colaborar en el buen funcionamiento, de tal mane­ra que sea realmente una familia viva.

Ninguno de los miembros de una familia puede sentirse al margen de la familia a la que pertenece, sino que debe sentirse llamado a implicarse, a colaborar en ella, a entregarse a ella, acompañándola y viviendo sus alegrías y sus penas, sus momentos buenos y menos buenos.

Cada uno está llamado a aportar a toda la realidad familiar aquello que tiene: uno será su alegría, otro su optimismo, otro su carácter ama­ble, otro los medios materiales que necesita la misma para que pueda funcionar, otro la escucha y el alien­to a los demás de la familia, etc. To­dos y cada uno de los que forma­mos cada familia debemos sentirnos llamados a aportar nues­tro don personal y a colaborar para bien de todos, porque todos somos corresponsables de que la familia sea lo que debe ser y funcione como debe funcionar.

La Iglesia, la diócesis, la parro­quia, es esa gran familia que forma­mos todos los bautizados que trata­mos de seguir a Jesús. Y lo mismo que en nuestra familia natural to­dos tenemos algo que aportar, tam­bién en nuestra familia espiritual todos debemos sentirnos llamados a aportar aquello que tenemos: nuestro tiempo, nuestra formación, nuestras cualidades, nuestra gene­rosidad para ofrecer a Cristo a los demás, nuestro testimonio de vida que anime a los otros a vivir la fe, cómo ven que nosotros la vivimos, nuestros medios materiales, nues­tro entusiasmo y ardor pastoral por mostrar el mensaje de Cristo a to­dos los demás, etc.

Todos y cada uno de los que formamos esta gran familia de los hijos de Dios somos corresponsa­bles de su misión y somos muy importantes en ella. Nuestra apor­tación es necesaria, para que esta gran familia sea una familia viva,

que cumple la misión que el Señor le ha encomendado.

Ningún cristiano puede sentirse fuera, ni ser indiferente a lo que su­cede, bueno o malo, en la gran fami­lia de la Iglesia, porque piense que no tiene nada importante que aportar. Todo es importante y todos debemos sentirnos llamados a aportarlo. Todos somos y formamos esa gran familia y todos debemos sentirnos correspon­sables de lo que en ella suceda. Todos participamos de la misión de la Iglesia y todos debemos ayudar con nuestra generosidad y aportación del tipo que sea, a que cumpla con la gran mi­sión confiada por el Señor, que no es otra que la evangelización de nuestro mundo, haciendo que el anuncio de Jesucristo llegue a todos los hombres y mujeres en todos los momentos y de todos los lugares.

Todos «somos lo que tú nos ayu­das a ser. Somos una gran familia contigo».

 

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.