Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo i Artigas: Contigo somos una gran familia

Una iglesia en comunión, también de bienes

Este domingo celebramos la jornada de la hermandad. Recordemos un hecho importante: somos una Iglesia de comunión en Cristo, de comunión entre nosotros, y también de comunión de bienes. Somos conscientes de que nuestra misión como Iglesia en cada momento de la historia es anunciar la Buena Nueva de Jesús –el amor de Dios que salva–, vivirla, celebrarla, ofrecerla y hacerla tangible mediante ayudas, acompañamiento, educación y respuesta a las diversas necesidades humanas. Para esta misión nos necesitamos en primer lugar a nosotros mismos, los creyentes, pero también nos hacen falta medios materiales.

Es verdad que la aportación económica de la “equis” en la declaración de la renta es muy necesaria, pero de ninguna manera suficiente. Necesitamos la colaboración de todos para disponer de una economía lo bastante sólida que nos permita vivir las celebraciones en lugares de culto dignos y acogedores; para asumir la retribución de los sacerdotes y otros trabajadores al servicio de todos; para ofrecer propuestas de formación; para acoger a quienes más lo necesitan; para estar junto a aquellos que más sufren. Por eso contamos con las colectas de cada domingo, los donativos, y con la colecta de la fiesta de la hermandad para el fondo común diocesano.

Como Iglesia, tenemos la misión y el deber de que nuestra generación reciba la buena noticia del Evangelio. Es en nombre de este deber que me atrevo a pedir vuestra ayuda.

Muy a menudo, en conversaciones sobre “las riquezas de la Iglesia” he tenido que recordar que la Iglesia vive de la generosidad de muchas personas del pasado y de hoy; que la mayoría de las “riquezas” son templos, importantes piezas del patrimonio cultural. Si bien, en algunos casos, recibimos ayudas de las administraciones, tenemos la responsabilidad de mantenerlos. Es un patrimonio que tiene que estar al servicio de todo el mundo. También nos esforzamos para que las demás obras de arte que custodiamos, archivos de documentos, bibliotecas… estén al servicio de todos.

Hay que saber que, desde hace tiempo, se trabaja para que los inmuebles que nos han sido legados contribuyan a la financiación de las numerosas actividades pastorales.

Todos tenemos cariño a nuestras parroquias, todos deseamos que estén en condiciones para las celebraciones habituales y para otros momentos –gozosos o difíciles– de la vida. Todos deseamos el servicio de los presbíteros y diáconos, que están a vuestro lado multiplicando su esfuerzo.

Soy muy consciente del momento de crisis económica que vivimos, del debilitamiento de los recursos de muchas familias. Aun así, estoy convencido de que la necesidad aumenta la generosidad, más que debilitarla. Que cada cual dé lo que pueda, pero que lo haga con el convencimiento de que su aportación sirve para que la Iglesia contribuya a fundamentar una sociedad sobre los valores de la justicia, la dignidad humana y la conciencia social, y no sobre el enriquecimiento y la especulación a cualquier precio y sin ninguna consideración ética.

Debemos atender, en lo posible, las necesidades de las casi 400 parroquias del obispado, muchas con muy pocos fieles y escasos recursos para mantenerse. Pero la Iglesia es comunión en Cristo, comunión entre nosotros –los fieles– y también comunión de bienes. De aquí la necesidad del fondo común diocesano; de aquí la necesidad de la contribución de las parroquias a este fondo; de aquí el esfuerzo que realizamos –os lo aseguro– para conseguir una gestión económica exigente, responsable, transparente y solidaria.

La jornada de hermandad y la colecta para el fondo común son una aportación que, añadida a los recursos habituales, nos permite equilibrar el presupuesto diocesano y el de las parroquias.

Conscientes de lo que Jesucristo nos ha dado y nos da mediante nuestra Iglesia, ¿cuál es nuestra respuesta, también, como contribución económica?

Sea la que sea, ¡muchas gracias!

Mons. Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.