Carta pastoral del Cardenal Carlos Osoro: Preparar el Sínodo en la dinámica del éxodo y del don

Ahora que han arrancado los trabajos de la fase diocesana del Sínodo de los Obispos, el Señor nos hace contemplar a una Iglesia viva, con deseos grandes de anunciar el Evangelio. Todos los cristianos, personalmente y como comunidad, estamos llamados a vivir y a realizar una salida misionera. El profeta Isaías nos recuerda esto: «La estirpe de mi pueblo será célebre entre las naciones». El nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia de Jesucristo que camina en esta tierra, quiere seguir siendo célebre y no se cierra en sí misma; todos sus miembros desean salir de la propia comodidad y quieren llegar a todos los lugares y rincones de la existencia humana para llevar la luz del Evangelio. Aquí encontramos la alegría del Evangelio: en la misión. Nuestra alegría es una alegría misionera y la vivimos con dos dinamismos: en la dinámica del éxodo, de salir siempre de nosotros mismos, y en la dinámica del don, que se traduce en caminar siempre de nuevo, en ir más allá.

Hermanos, «somos estirpe del Pueblo de Dios», hemos aprendido del Señor y seguimos haciéndolo, involucrándonos con obras y palabras, con gestos y gestas creíbles para los hombres. Necesitamos avanzar en el camino de la conversión pastoral y misionera. El Concilio Vaticano II nos dijo qué es la conversión eclesial: es la apertura a una permanente reforma de la Iglesia, por fidelidad a Jesucristo. Él nos llama a una perenne reforma. Como señaló el Papa san Juan Pablo II, «toda renovación en el seno de la Iglesia, debe tender a la misión como objetivo para no caer presa de una especie de introversión eclesial» (EiO, 19). Y el Papa Francisco nos ha dicho que sueña «con una opción misionera, capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda la estructura eclesial se conviertan en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual, más que para la autopreservación (conservarse a sí misma)» (EG 27).

Para vivir en la dinámica del éxodo y del don tenemos tres tareas que la Virgen María, a quien en Madrid honraremos en muy pocos días bajo la advocación de Santa María la Real de la Almudena, nos enseña a realizar:

1. Vivamos en la alegría del Evangelio como María. A Ella le pedimos que nos dé su identidad profunda. Le pedimos que interceda por nosotros para que tengamos en nuestra vida el contenido que Ella tuvo y regaló. Ella escuchó el «alégrate llena de gracia», que es lo mismo que decir «alégrate porque estás llena de Dios. Dios ha rebosado de sí mismo tu vida, para que regales a los hombres su vida misma». En una época de tantos vacíos e incertidumbres, acerquémonos a los demás como Santa María Madre de Dios. María es una maestra, que supo acoger a la Vida y llevar vida a los demás.

2. Vivamos sabiéndonos hijos de Dios y hermanos de todos los hombres. Descubramos lo que significa en nuestras vidas el título de hijo de Dios. Como os he recordado en no pocas ocasiones, si somos hijos de Dios, también somos hermanos de todos los hombres. María, haznos descubrir que el hijo es aquel que se deja conducir por Dios con todas las consecuencias. Jesucristo se dejó conducir por el Padre. María se dejó conducir por Dios: «Hágase en mí según tu Palabra». Dejémonos conducir por Dios nosotros y que, en María, encontremos la dicha de vivir con hondura aquellas palabras de Jesús: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados que yo os aliviaré» (Mt 11, 28).

3. Vivamos en la verdad sobre el hombre. En las bodas de Caná no había lo necesario para hacer la fiesta; faltaba el vino y fue María quien dijo: «Haced lo que Él os diga». La Virgen María nos muestra la importancia del cuidado y del encuentro. Como tantas veces ha remarcado el Papa Francisco a lo largo de su pontificado, ahora que la fraternidad parece herida, nuestro mundo, la realidad concreta en la que vivimos, también necesitan del encuentro y el cuidado. Hemos de aprender a acercarnos a los demás, a estar junto a los hombres, a acompañarlos, aunque tengamos que hacer largos caminos y atravesar regiones montañosas como María.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos, Cardenal Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.