Carta pastoral de Mons. Enrique Benavent: Día de la Iglesia diocesana

Celebramos este domingo el día de la Iglesia diocesana. Habitualmente nuestra vida de fe está vinculada a aquellas realidades eclesiales más próximas a nosotros: la familia; la parroquia y el sacerdote que está al frente de ella; los grupos de reflexión en los que profundizamos con otros cristianos en las exigencias del seguimiento del Señor; la catequesis que ayuda a los niños y jóvenes a crecer en el conocimiento de Cristo y a integrarse en la comunidad; y, en muchos casos, el centro educativo si es de inspiración cristiana, o la clase de religión para aquellos que la piden. Cada uno de nosotros hemos tenido o tenemos referentes cercanos que nos han ayudado a sentirnos Iglesia.

Ahora bien, no podemos olvidar que estas realidades nos hacen presente y cercano el misterio de la Iglesia. No somos cristianos porque pertenecemos a un grupo; o a la parroquia de nuestro pueblo, ciudad o barrio; o porque hemos sido educados en un colegio católico. Lo somos porque hemos sido bautizados y, por el bautismo, hemos entrado a formar parte de la Iglesia. Todo bautizado es miembro del Pueblo de Dios y debería sentirse como en casa en cualquier lugar donde una comunidad de hermanos en la fe se reúne para celebrar la Eucaristía. Reducir la vivencia eclesial al propio grupo o a la propia parroquia y aislarse del resto de la comunidad, lleva a vivir en la Iglesia como si esta fuera una secta.

La realidad en la que se realiza plenamente el misterio de la Iglesia es la diócesis, presidida por el obispo en comunión con el Sucesor de Pedro y con el resto del Colegio Episcopal. Esta comunión, que lleva a cada obispo a no aislarse de la Iglesia universal, asegura la autenticidad de su magisterio y posibilita que cualquier bautizado que vive una plena comunión con la Iglesia, pueda participar en la Eucaristía celebrada por él o por los sacerdotes, que son sus colaboradores. Además de ser principio de comunión en el magisterio y en la celebración de los sacramentos, la misión del obispo en la diócesis es asegurar que todas las comunidades cristianas estén atendidas pastoralmente en la medida de lo posible teniendo en cuenta sus necesidades; y garantizar que en toda la diócesis se celebren los sacramentos según el sentir de la Iglesia expresado en los textos litúrgicos, se anuncie el Evangelio de Cristo, se viva el mandato del amor a los hermanos, especialmente a los más necesitados, y haya un auténtico crecimiento en la santidad y en la vida cristiana en el conjunto del Pueblo de Dios. Es posible que en todas las parroquias no pueda hacerse todo, pero ninguna de estas dimensiones puede faltar en una diócesis.

Para que haya comunión en la Iglesia diocesana, debe haber solidaridad entre nosotros: entre los cristianos y entre las distintas realidades eclesiales. Hemos de aprender a compartir. En toda diócesis, también en la nuestra, hay parroquias grandes y pequeñas; algunas tienen más recursos que otras, pero todas deben ser atendidas y acompañadas. Hay también estructuras que están al servicio de todos y que animan la pastoral, por lo que entre todos las debemos sostener. El día de la Iglesia diocesana ha de ser, por ello, de solidaridad y de fraternidad entre los que formamos parte de esta porción del Pueblo de Dios que peregrina en Tortosa.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.