Carta pastoral de Mons. Rafael Zornoza: No vivimos para morir

El 1 de noviembre se celebra a todos los santos, es el Día de Todos los Santos, día en el que se recuerda a los santos, conocidos y desconocidos. Nos hace reflexionar sobre el doble horizonte de la humanidad, que es la “tierra” y el “cielo”, la historia, nuestra vida y la plenitud de la vida de Dios a la que estamos llamados. “Jesucristo es quien ha introducido en el género humano esta dinámica nueva, un movimiento que la conduce hacia Dios y al mismo tiempo hacia la unidad, hacia la paz en sentido profundo. Ser cristianos, formar parte de la Iglesia, significa abrirse a esta comunión, como una semilla que se abre en la tierra, muriendo, y germina hacia lo alto, hacia el cielo” (Benedicto XVI, 01.11.2012). Los santos y santas a quienes hoy también celebramos vivieron intensamente esta dinámica.

Los nombres que tenemos suelen ser de algún santo o santa, que son nuestros patronos, por ejemplo San CarlosSanta TeresaSanta CeciliaSan PedroSan JuanSan Alberto, etc. En su fiesta los cristianos celebramos el día de nuestro santo. Así recordamos que todos estamos llamados a ser santos, que Dios nos quiere santos, y para eso nos dio el don de la Fe, y que, a partir de nuestro bautismo, esa es nuestra vocación, porque nuestra meta es ser santos, pero para eso hace falta querer serlo con decisión. Conocer sus vidas es decisivo para anhelar imitarles viendo su grandeza y plenitud de vida, su amor atractivo y su entusiasmo por seguir al Señor, pero muchos son casi desconocidos y, por eso los recordamos hoy. A los que ya están en el cielo se les venera porque vivieron su bautismo, hasta el punto de querer seguir a Jesús, actuar como Él, hacer el bien como Él, amar como Él. Podríamos decir que ser santo es sencillamente ser amigo de Jesús, pero de verdad. Viendo lo que ellos hicieron para ser amigos de Dios nosotros los podemos imitar. Son modelo y estímulo para nosotros, pero, además, también son intercesores ante Dios en el cielo, a quienes les podemos pedir ayuda.

Los santos no son personas diferentes de nosotros. Los hay de todas las edades, razas, condiciones, estados de vida, etc. Muchos de ellos llevaron una mala vida hasta que se encontraron con Jesús y cambiaron al seguirle, y fueron con El muy felices e hicieron felices a los demás. La literatura fantástica nos hace creer que para destacar hay que tener poder, incluso super-poderes (como los super-héroes de los comics) que nos hagan sobre-humanos, sin embargo no pensamos que el más grande de todos los poderes es el don de la fe con el que los santos han movido montañas, como prometió Jesús en el evangelio, transformando la realidad del mundo y de las personas con su amor y entrega hasta dar la vida como Jesús. Los apóstolesmártires santos todos esperan nuestro triunfo, están atentos a nuestra lucha, no nos olvidan. Especialmente la Virgen María. La fiesta de Todos los Santos, es también una llamada apremiante a que vivamos todos nuestra vocación a la santidad según nuestro propio estado de vida, de consagración y de servicio. La santidad es el destino de todos, no es patrimonio de algunos pocos privilegiados.

Al día siguiente -el 2 de noviembre– la Conmemoración de los Fieles Difuntos, hace que el mes de noviembre sea para muchos el mes de las ánimas, tiempo propicio para rezar por los difuntos y para reflexionar sobre la llamada doctrina de la Iglesia de los “Novísimos” o Escatología, que contempla el dogma cristiano de la resurrección de los muertos y la respuesta al sentido de la vida y de la muerte. Su objetivo es orar por los fieles que ya no siguen en la vida terrenal. Es bueno que como cristianos oremos por nuestros difuntos.

La muerte es sin duda alguna la realidad más dolorosa y misteriosa de la condición humana. Dios, al encarnarse en Jesucristo, no sólo ha asumido la muerte como etapa necesaria de la existencia humana, sino que la ha transcendido, la ha vencido. Por tanto, no vivimos para morir, sino que la muerte es la puerta de la vida eterna, que es el clamor más profundo del hombre de todas las épocas, porque lleva en lo más profundo de su corazón el anhelo de la inmortalidad.

Las vidas de los santos y su presencia tan viva entre nosotros, a pesar de haber fallecido, corroboran este dogma central del cristianismo que es la resurrección de la carne y la vida del mundo futuro, a imagen de Jesucristo, muerto y resucitado. Porque seguir a Cristo lleva a la vida, a la vida eterna, y da sentido al presente, a cada instante que pasa, pues lo llena de amor, de esperanza.

Oremos, pues a los santos, y pidamos por los difuntos. Viendo la caducidad de la vida y el paso del tiempo, deseemos ser santos para gozar eternamente con Cristo en el cielo.

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.