Proclamados beatos Francisco C. Sojo, Millán Garde, Manuel Galcerá y Aquilino Pastor

La catedral de Tortosa ha acogido en la mañana del 30 de octubre la beatificación de los últimos cuatro mártires operarios. “En Cristo, la vida nunca se pierde, antes bien se encuentra, porque él es la Vida”, ha recordado en su homilía el cardenal Semeraro, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos.

Tortosa, la tierra natal de Mosén Sol, ha sido testigo de la beatificación de los últimos cuatro sacerdotes operarios diocesanos. Francisco Cástor Sojo López, Millán Garde Serrano, Manuel Galcerá Videllet y Aquilino Pastor Cambero han sido declarados beatos en el marco de una solemne celebración en la catedral. El cardenal Semeraro, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, ha presidido la eucaristía de Beatificación.

En su homilía, el cardenal Marcello Semeraro ha analizado la frase central del Evangelio proclamado hoy: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y me siga” (Lc. 9, 23-26). Según ha explicado, Jesús “se dirige a todos, sin excepción”, pero deja la puerta abierta a que sea “una elección libre”.

Su predicación ha girado en torno a la necesidad de aceptar la Cruz. Una Cruz que Jesús llevó una vez para siempre. Una Cruz junto a la que estaba María, recordando que es meta del creyente. “Nosotros, en cambio, para completar en nuestra vida el vía crucis del Señor, necesitamos tomarla cada día y retomar cada día nuestro camino de seguimiento”.

El prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos ha recordado la vinculación de los nuevos beatos a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, con la que “se dedicaron especialmente a la promoción y formación de las vocaciones sacerdotales”.

“No buscaban el martirio, porque el martirio no se busca, sino que se sufre. Pero cuando llegó el momento de dar con sangre su testimonio de Cristo, no lo rehuyeron y abrazaron su cruz con amor”, ha aclarado. Sobre su entrega, ha resaltado que “tres de ellos, como el que encabeza el grupo, el beato Francisco Cástor Sojo López, sufrieron la muerte por asesinato y uno, el beato Millán Garde Serrano, soportó la tortura con actitud de perdón hacia sus verdugos y con confianza en el Señor”.

Al final de su homilía, ha reflexionado de nuevo sobre la frase central del Evangelio proclamado en la Misa: “En Cristo, la vida nunca se pierde, antes bien se encuentra, porque él es la Vida. Es más, como dijo en el diálogo con Marta, no sólo es la vida, sino también la resurrección”.

Rito de la beatificación

Al inicio de la Eucaristía, se ha desarrollado el rito de la Beatificación. El obispo de Ciudad Real, Mons. Gerardo García Melgar, ha dirigido la súplica al representante del Santo Padre para para la inscripción en el número de los beatos a Francisco Cástor Sojo López, Millán Garde Serrano, Manuel Galcerá Videllet y Aquilino Pastor Cambero. Por su parte, el Postulador de la causa, Carlos Comendador ha presentado a los Siervos de Dios a través de la lectura de una breve biografía de cada uno estos testigos de su sacerdocio.

A continuación, ha llegado el momento central de la ceremonia. El cardenal Marcelo Semeraro, por mandato del papa Francisco, ha leído la Carta Apostólica en la que Su Santidad inscribe en el libro de los beatos a los Siervos de Dios que dieron su vida en defensa de la fe. Al acabar, se ha procedido a descubrir el tapiz con la imagen de los nuevos beatos. Las reliquias han salido en procesión hasta quedarse a los pies de la imagen. El obispo de Cuenca, Mons. José María Yanguas Sanzha agradecido al Santo Padre la beatificación de otros cuatro mártires operarios, en representación de su diócesis y las de Jaén y Ciudad Real.

Una gran fiesta de la santidad

El obispo de Tortosa, Mons. Enrique Benavent; el Director General de la Hermandad, Florencio Abajo; y otros cuatro cardenales, 20 obispos y más de 80 sacerdotes han concelebrado en la Eucaristía. Más de 500 peregrinos estaban inscritos para participar en esta gran fiesta de la santidad.

Hacia el final de la Eucaristía, el administrador apostólico de la diócesis de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez, y el Director general de la Hermandad han expresado la acción de gracias a Dios. Florencio Abajo ha tenido un recuerdo especial para todas las personas que han colaborado en la preparación de la ceremonia, así como para aquellas que han participado en la misma. “Dios nos llama a la santidad”, ha recordado. Y mandado un mensaje a los seminaristas parafraseando al Beato Mosén Sol“Aspirad a ser santos sacerdotes”, como los mártires operarios.

 

 

Francisco Cástor Sojo López

Francisco Cástor Sojo López nació en Madrigalejo (Cáceres) y murió en Ciudad Real el 12 de septiembre de 1936, cuando tenía 55 años.

Puedes leer su biografía completa en la Página web de la Beatificación.

 

Millán Garde Serrano: Siempre alegre

Millán Garde Serrano era originario de Vara del Rey (Cuenca). Murió en Cuenca el 7 de julio de 1938, a la edad de 62 años.

Puedes leer su biografía completa en la Página web de la Beatificación.

 

 

Manuel Galcerá Videllet: Un hombre de Dios

Manuel Galcerá Vidallet nació en Caseras (Tarragona). Murió en Ibros (Jaén) el 3 de septiembre de 1936, con 59 años.

Puedes leer su biografía completa en la Pagina web de la Beatificación.

 

Aquilino Pastor Cambero: Apóstol de la juventud

Aquilano Pastor Camberos era natural de Zarza de Granadilla (Cáceres). Murió en Úbeda (Jaén) el 28 de agosto de 1936, con tan solo 25 años y tras haber cumplido uno como sacerdote.

Puedes leer su biografía completa en la Pagina web de la Beatificación.

 

(Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos)

 

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