Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Dos mandamientos que se complementan

Aquel escriba de la Ley que pregunta a Jesús qué mandamiento es el primero de todos, lo hace abrumado por el peso de las leyes y preceptos de la Ley judía; Jesús le recuerda lo que estaba dicho ya en el antiguo Testa­mento: amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo; pero pone una diferencia, que es la relación de dependencia del amor a Dios y el amor al prójimo. No es posible amar a Dios si no se ama al prójimo, y ade­más, al prójimo no hay que amarlo como a uno mismo, sino mucho más, como Él nos ha amado, es decir, has­ta entregar nuestra vida por ellos.

Hoy, seguro que muchos de noso­tros nos hemos preguntado también qué es lo esencial, lo más importante para nuestra vida como seguidores de Jesús, porque vemos que muchos hacen del seguimiento de Cristo algo a su medida, o una religiosidad de­masiado espiritualista, que no tiene repercusiones en la vida de cada día ni en la relación con los demás. ¿Qué es lo más importante para la vida de un cristiano?

La norma suprema del cristiano es el amor. Todo en la vida del cris­tiano debe ser expresión del amor al Señor y a los hermanos.

Algo que es muy importante te­ner claro es a qué Señor es al que debemos amar, sobre todo, porque hoy nos encontramos y, tal vez nos está pasando a nosotros mismos, que muchas personas, incluso cristianos bautizados, han hecho Señor de su vida no al Dios de Jesucristo, sino al dios dinero, o al dios poder, o al dios placer y son a esos dioses a quienes están rindiendo su culto, a quienes están dedicando su tiempo y su in­terés.

A quien tenemos que tributar todo nuestro amor y dedicación es al Dios Padre, misericordioso, cuya verdadera imagen nos la ha mostra­do el Hijo con su venida, mostrándo­nos que nuestro Dios es un Dios Pa­dre, que nos ama a pesar de nuestros pecados y deficiencias humanas, que es capaz de compadecerse de noso­tros y perdonarnos.

Es a este Dios, cuya imagen au­téntica nos la ha mostrado el Hijo, a quien tenemos que amar sobre todas las cosas.

Amar a Dios supone para todos nosotros que le dejemos entrar en nuestra vida, que le dejemos entrar en nuestro corazón para que nos dé su amor y su perdón. Es dejar que entre en cada uno de nosotros y nos transforme según el modelo que Él quiere de nosotros.

Es a este Dios a quien tenemos que amar y a quien tenemos que de­dicar nuestro culto y nuestra vida en­tera, a cumplir lo que él nos pide, no solo como mandatos o normas, sino como respuesta a tanto amor como él nos tiene.

No po­d e m o s decir que amamos a Dios si no nos acorda­mos de Él, si no tratamos con el, si no le agradecemos todo lo bueno que hay en nosotros que viene de Él y si ante las necesidades que tenemos no se lo contamos para que nos ayude. Lo mismo que de un amigo no pode­mos decir que es nuestro amigo si no tenemos ninguna relación con él.

Tampoco podemos decir que amamos a Dios si no amamos a los hermanos.

El amor a los hermanos brota del amor de Dios y el amor a Dios. Cristo nos lo dijo en el mandamiento nue­vo: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13,34-35).

Esto quiere decir que tenemos que revisar la importancia que damos a Dios en nuestra vida y la que damos al amor a los hermanos, porque en estos dos mandamientos esta el resu­men de nuestra vida cristiana. Si los vivimos estamos siendo verdaderos cristianos, pero si no los vivimos no lo estamos siendo.

 

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.