Carta pastoral de Mons. Eusebio Hernández: Llamada a la santidad y oración por por difuntos

Mañana comenzamos el mes de noviembre y lo hacemos con dos celebraciones de gran arraigo en nuestra diócesis: La solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los Fieles Difuntos.

La solemnidad de Todos los Santos nos hace presente a la Iglesia triunfante, recordando a todos aquellos hermanos que después de una vida llena de virtudes han alcanzado la bienaventuranza de ver a Dios (Mt 5,8). Al siguiente día, y completando la fiesta del día anterior, se celebra la conmemoración de los Fieles Difuntos, en este día, recordamos y oramos por aquellos hermanos nuestros que, aunque seguros de su eterna salvación, necesitan un tiempo de purificación y nuestra oración.

La solemnidad de Todos los Santos nos hace contemplar a aquellos hijos de la Iglesia que han vivido a través de los siglos dando testimonio de su fe, algunos, incluso, con el derramamiento de su sangre. Algunos de ellos han sido reconocidos por la Iglesia y los veneramos como santos, pero también celebramos a los que podemos llamar “santos anónimos”, es decir, tantas personas que, en su vida ordinaria, supieron vivir como testigos de Cristo, en la vida consagrada, en el matrimonio, en la familia, en su trabajo.

Todos ellos, como nos dice el papa Francisco: “Nos estimulan y nos motivan, pero no están para que tratemos literalmente de copiarlos, la santidad no se copia, porque hasta eso podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para cada uno de nosotros. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino, cada uno de nosotros tiene su camino de santidad, de encuentro con el Señor”.

El día 2 de noviembre, al celebrar este día de oración por los difuntos, confesamos nuestra fe en que, por la Muerte y Resurrección de Cristo, estamos llamados a participar de la vida plena más allá de la muerte, adquiriendo la muerte cristiana un sentido positivo: “Para mí, la vida es Cristo y morir una ganancia” (Flp 1, 21) y “si hemos muerto con Él, también viviremos con Él” (2Tm 2,11) convencidos de ello, profesamos en el credo “Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna”.

Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. La visión cristiana de la muerte se expresa de modo privilegiado en la liturgia de la Iglesia: “La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma: y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo”. También en nuestros días, estamos llamados a anunciar esta gran esperanza, la Iglesia está llamada a anunciar la fe en la resurrección. La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella.

+ Eusebio Hernández Sola

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 282 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.