Carta pastoral de Mons. José Leonardo Lemos Montanet: Halloween versus Holywins

De todos es sabido que el pueblo gallego guarda un especial cariño y reverencia a sus difuntos. Una muestra de ello lo encontramos en el hecho de que los camposantos o cementerios, en la mayor parte de nuestras parroquias del ámbito rural, abrazan el templo parroquial, como un elemento de alto significado porque a través de esta cercanía se une, misteriosamente, la Iglesia de los que peregrinamos en la tierra con los que ya se encuentra en la eternidad. Aunque este hecho, desde el punto de vista patrimonial y artístico tiene sus inconvenientes, sin embargo, el simbolismo espiritual encierra una motivación muy hermosa: queremos que nuestros difuntos sigan estando presentes allí donde habita el mejor vecino de la parroquia que es Jesucristo, ese Dios con vosotros que está en los sagrarios de nuestras parroquias y es el Dios de los vivos, también de los que han muerto porque “viven en el Señor”.

Algunos antropólogos sostienen que en la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre, los celtas celebraban el Samaín, que era una celebración en honor de los antepasados. Parece ser que los irlandeses y escoceses que emigraron a los Estados Unidos en el siglo XIX llevaron consigo sus fiestas más entrañables, entre ellas la conmemoración de los difuntos: el Samaín que allí pasó a denominarse Halloween (vísperas de Todos los Santos). No voy a entrar a analizar si esto ha sido así o no; lo que sí es cierto es que, de un tiempo a esta parte, se está extendiendo la costumbre, en muchos aspectos ajena a nuestra cultura multisecular, de celebrar Halloween a través de aspectos esperpénticos de la muerte, máscaras, disfraces de personajes del mundo de la ficción y del terror. Da la sensación de que la muerte es una realidad poco seria y que puede tomarse a broma o, incluso, se llega a caricaturizar con expresiones del terror fantástico que llega a nosotros a través de la TV. La distorsión de un hecho tan serio como el morir, gracias a la fuerte influencia de las cadenas comerciales, ha llegado a penetrar incluso en los centros confesionales cristianos que se dedican a la docencia, de tal modo que está establecido en el calendario de sus actividades la celebración del Halloween.

Estoy por asegurar que los antiguos pobladores celtas de nuestras tierras no se disfrazaban de personajes del mundo del terror, sino que se reunirían en torno a las tumbas de sus antepasados para celebrar algunos ritos de “comunión” de los vivos con los muertos. Sin embargo, la sociedad de consumo ha visto un filón interesante para exportar del mundo estadounidense los aspectos lúdico-comerciales del Halloween, por cierto, con mucho éxito.

Sin embargo, desde hace unos años, no muchos, algunos grupos de cristianos y también varias diócesis españolas han presentado una forma especial para acercarse, sobre todo, a los niños y jóvenes, de tal modo que puedan recibir otro mensaje frente a la celebración pagana de la muerte. Ha surgido el día de Holywins, es decir, “la santidad vence” o, quizás mejor, “los santos ganan”. En ese día se invita a vestirse de santos, de manera especial, de los santos preferidos y aquellos a los que se tiene especial devoción, para expresar así que la muerte también tiene otro rostro, el de aquellos que a lo largo de sus vidas se entregaron al servicio de los demás y lucharon por encarnar en su existencia las virtudes humanas y sobrenaturales: los santos.

Desde aquí felicito a las Delegaciones episcopales para la Causa de los Santos y para la Pastoral Juvenil y de la Universidad de la Diócesis de Ourense, por haberse dejado llevar de la creatividad positiva a la hora de apostar por otra manera, más auténtica y hermosa, de vivir la Fiesta de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles Difuntos. A pesar de los aparentes fracasos, les animo a seguir con este empeño que no solo es una tarea evangelizadora sino también, una realidad auténticamente cultural que va al fondo de las raíces de nuestras creencias religiosas, y de una genuina veneración y respecto por nuestros queridos fieles difuntos, que se merecen ser recordados de una manera más seria.

+  J. Leonardo Lemos Montanet

Obispo de Ourense

Mons. José Leonardo Lemos Montanet
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Mons. J. Leonardo Lemos Montanet nació el 31 de mayo de 1953 en la parroquia de Santiago de Barallobre, ayuntamiento de Fene, provincia de Coruña y diócesis de Santiago de Compostela. A los 9 años se traslada con su familia a Ferrol, por destino de su padre, donde realiza los estudios hasta el bachillerato superior. Cursó el COU en el Instituto Xelmírez de Santiago de Compostela al tiempo que realizaba el propedéutico en el Seminario Mayor. Cursará los Estudios Eclesiásticos, siendo ordenado Diácono en el año 1978. En septiembre de ese mismo año será nombrado Formador en el Seminario Menor Diocesano de la Asunción. Desde este momento es socio de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. El 19 de mayo de 1979 será ordenado Sacerdote al servicio de la Archidiócesis de Santiago de Compostela por el arzobispo D. Ángel Suquía Goicoechea. Continuó como Formador del Seminario Menor, al tiempo que colaboraba los fines de semana en la parroquia de Nuestra Señora de la Merced de Conxo (Santiago), hasta septiembre de 1982 en que es enviado a Roma para ampliar estudios. Allí obtendrá la licenciatura en Filosofía Teorética por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y las diplomaturas de Arqueología Sagrada, Archivística y Biblioteconomía. Más tarde, obtiene el doctorado en Filosofía por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Roma, en junio de 1987, con la tesis Lo que llamamos ser humano. Ensayo sobre la antropo-ontología de Ángel Amor Ruibal. En el curso 1985-1986 empezará su actividad docente como profesor de Filosofía en el Instituto Teológico Compostelano y en el Seminario Menor de la Asunción, hasta la actualidad. Entre 1986 y 1988 ejercerá de capellán de la Residencia Universitaria Cristo Rey en Santiago de Compostela y profesor de religión en el Chester College International School. Desde septiembre de 1988 hasta junio de 2001 será Formador en el Seminario Mayor de Santiago de Compostela, labor que compaginará como sacerdote adscrito de la parroquia de S. Fernando, desde 1987 hasta la actualidad. Tras su etapa en el Seminario Mayor es nombrado Director Técnico del Seminario Menor Diocesano en el año 2001, cargo que desempeña en estos momentos. En el Instituto Teológico Compostelano, Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, desempeñará el cargo de Vicedirector desde 2007 hasta la actualidad, Director de la Biblioteca de Estudio Teolóxicos de Galicia, desde 1993 hasta 2007 y Director del Instituto Superior Compostelano de Ciencias Religiosas desde 2006. En diciembre de 2003 será nombrado por el Arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio Barrio, Canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, ocupando el oficio de Canónigo-Secretario Capitular de la misma. El 16 de diciembre de 2011 la Santa Sede hizo público que S. S. Benedicto XVI lo ha nombrado nuevo obispo de Ourense.