Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez: Es saludable vivir el momento presente con orden y armonía

Una de las tareas que a lo largo de la jornada se han de cumplir por honradez y por coherencia en lo que toca a la hora de ejercer la responsabilidad personal, familiar, laboral y social es la de ser conscientes de lo que llevamos entre manos. Se ha ido perdiendo fuerza y esto porque se ha puesto de moda posponer las obligaciones presentes para el futuro. Los que conocen los movimientos sicológicos de la persona definen que la postergación o posposición de lo que uno debe realizar en el momento presente se ha convertido en un hábito y lo pasan al futuro. Tal actitud se denomina procrastinación (del latín procrastinare: pro –adelante- y crastinus –mañana-). Su traducción sería “trasmañanar”: Dejar para mañana lo que es conveniente hacer hoy. Saber vivir el momento presente con tranquilidad, orden y armonía es saludable para las mociones interiores de nuestra alma y espíritu. Pero ocurre que estamos tan presionados por las circunstancias ambientales y laborales que corremos el peligro de crear un ritmo tan veloz que no gustamos o aprovechamos lo que nos ofrece el momento presente. Y el fruto de tal aceleración es el trastorno sicológico que se define bien en la depresión o en la angustia existencial.

Por el ritmo que llevamos en la sociedad actual se ha de estar atentos a no sobrecargar la jornada con actuaciones tan rápidas que llegan a agotar o abrumar tanto que se pierda la armonía y se llegue al trastorno por déficit de atención a causa de la hiperactividad. Cada día tiene su propio afán y no se ha de pasar de ahí para no caer en lo ilusorio. “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas las cosas se os añadirán. Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su propio afán” (Mt 6, 33-34). Cada día tiene un tiempo para saber aprovechar bien y no para malgastar. Pero ocurre que o lo administramos para bien en la armonía de los horarios o en el desajuste anárquico de los mismos.

Hay muchos profesionales que nos advierten de ciertas conductas adictivas que contribuyen a este trastorno de evasión. Hay adicciones a la televisión dónde se dedica tiempo sin medida o la computadora/ordenador en internet que es insaciable o el teléfono móvil que se ha convertido en el “amigo” que acompaña hasta en la calle cuando se pasea como si fuera el “perrito” que no se desliga de la correa de la mano y el oído. Pero lo peor es que tales adicciones disminuyen y hasta anulan las relaciones personales. Y si advertimos que esto no contribuye a lo más humano que es atender a la persona que tenemos delante, entonces lo normal es posponer tareas para dedicarse malamente al presente en cosas que no son importantes, dejando las importantes para el tiempo futuro. De ahí que la procrastinación (posponer para otro día) se convierte en un problema de autorregulación y de organización del tiempo. Su solución consistirá en lograr una adecuada organización del tiempo concentrándose en lo que debemos realizar en el momento presente sin posponer para otro día. Es ser diligentes para no caer lo que dice el refrán: “Por la calle de ‘mañana’ se llega a la plaza de ‘nunca’. Siempre ‘mañana’, y nunca mañanamos”.

Si queremos superar dicha conducta de posponer lo de hoy para otro día se requiere la mística del silencio y de la reflexión sosegada en el presente. Conviene dar sentido a lo que realizamos cada día para no caer en ser instrumentalizados por las prisas, los atascos mentales, el activismo… Caemos en la tentación de entender mal el ser productivos lo cual significa también el hacer o poder realizar varias cosas al mismo tiempo e inmediatamente lo único que provoca es nerviosismo y malestar. La verdadera productividad está en concentrarse en una única tarea y bien hecha. Y si añadimos para dedicar un tiempo de la jornada a rezar, la misma Palabra de Dios nos ayudará a serenar nuestro espíritu y realizar el momento presente con gozo. “¡Anda perezoso, fíjate en la hormiga! ¡Fíjate en lo que hace y adquiere sabiduría!” (Proverbios, 6, 6). Este ejemplo de la hormiga y su diligencia nos enseña cómo se debe trabajar para ser efectivos y tener resultados provechosos. No dejemos para mañana lo que podamos hacer hoy.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).