Carta pastoral de Mons. José María Yanguas: «La misión de la Iglesia se lleva a cabo de diversas maneras»

Queridos diocesanos:

Con demasiada frecuencia noticias como la que ofrecen en estos días algunos diarios nacionales salpican sus páginas, recordándonos que ser cristiano es algo peligroso que, a veces, se paga muy caramente. Y si lo es el simple hecho de ser cristiano, todavía lo es más el de quien dedica su vida o parte de ella a anunciar el Evangelio a quienes no lo conocen o solo han oído hablar de él. Esta vez ha ocurrido en Haití. Un grupo de misioneros norteamericanos, no importa ahora a qué confesión o grupo pertenece, han sido secuestrados en los días pasados muy cerca de la capital del país. Meses atrás, en ese mismo lugar, lo fueron siete religiosos, en este caso católicos.

Hechos como estos, en la cercanía del día del Domund, que celebraremos el próximo domingo, 24 de octubre, nos ayudan a vivir con más intensidad esa jornada, ya tradicional en la vida del Pueblo de Dios. Si es verdad que la misión evangelizadora es propia de toda la Iglesia y de cada uno de sus miembros, somos bien conscientes de que son hombres y mujeres concretos, sacerdotes, religiosos y laicos, los que se hallan en la primera línea del frente evangelizador. Hombres y mujeres que han puesto desinteresadamente su vida al servicio de los demás, con el fin de hacerles llegar la luz y el calor del Evangelio. La suya es una labor evangelizadora que, al mismo tiempo, mejora las condiciones económicas, de salud y de educación de poblaciones enteras; sin ruido, sin alharacas ni aspavientos, discreta pero eficacísimamente; y ello sin esperar nada a cambio, ni reconocimientos mediáticos ni interesados agradecimientos.

El Domund, domingo mundial de las misiones, es el día en que la Iglesia entera aviva la conciencia de la misión que ha recibido, reza por los misioneros y sus trabajos en favor de la fe y del desarrollo humano, y ofrece su colaboración económica para que puedan sostenerlos. Para la mayor parte de los cristianos, la oración, la ofrenda de los propios sufrimientos y la colaboración económica son la forma de implicarse en la misión de la Iglesia enviada a todas las gentes.  Es algo que está al alcance de todos.

La misión de la Iglesia se lleva a cabo de diversas maneras. Con el nombre de “misiones” entendemos las iniciativas evangelizadoras encaminadas a la fundación de nuevas Iglesias particulares que “para poder ofrecer a todos el misterio de la salvación y la vida traída por Dios”, deben insertarse en los distintos grupos humanos “con el mismo afecto con que Cristo se unió por su encarnación a las concretas condiciones sociales y culturales de los hombres con quienes convivió” (Concilio Vaticano II, Decreto Ad gentes divinitus, n. 10).

Con nuestra colaboración económica en el día del Domund se sostiene la Iglesia en más de 1.100 territorios de Misión, en los que desarrolla su labor evangelizadora y humanizadora; de ella se benefician, más de 16.500 mil quinientos misioneros españoles, repartidos en 135 países. Asombra lo que estos pueden hacer en bien de la gente con nuestra oración y colaboración económica; una colaboración que aprecian tanto y tan sinceramente que su gratitud llega hasta avergonzarnos por no merecerla.

En nuestra diócesis tenemos la bella y enriquecedora experiencia de grupos de jóvenes voluntarios que han dedicado un tiempo de su vida -unos meses, unas semanas-, a hacer una experiencia misionera. Sería bueno que esa experiencia pudiera repetirse cada año. Quienes la hacen perciben que reciben más de lo que dan, que vuelven enriquecidos en su humanidad y fortalecidos en su fe.

Acabo con unas palabras del Santo Padre Francisco en su Mensaje para el Domund de este año: “Todo lo que hemos recibido, todo lo que el Señor nos ha ido concediendo, nos lo ha regalado para que se lo regalemos gratuitamente a los demás”. Seamos generosos.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).