Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo i Artigas: Domund. No podemos callar lo que hemos vivido y sentido

Este año me ha parecido que el testimonio de dos misioneros nos puede ayudar a comprender mejor las misiones y a sentirnos responsables.

¿Cómo ofreces aquello que has vivido y sentido cuando eras a Dapaong, obispado de un país de misión?

El P. Prosper Mibé Lare es un sacerdote de 38 años, originario del obispado de Dapaong (Togo, África), una diócesis fundada por los misioneros hace solo 56 años. En estos momentos, el P. Mibé está estudiando en la Facultad de Teología de Cataluña para licenciarse en Sagrada Escritura, y ayuda en las parroquias de Arenys. Hace seis años que está ordenado.

Nos dice: “Lo primero que querría ofrecer de lo que he vivido y sentido es un profundo agradecimiento al Señor por la obra y la vida de los misioneros. Son obras que constituyen los principales pilares del desarrollo integral de nuestra región y del Togo, con la transmisión de la fe por el anuncio del Evangelio, la construcción de iglesias y capillas, escuelas, hospitales, centros de formación de jóvenes, lugares de alfabetización, etc.

En cuanto a mí, mi testimonio de experiencia misionera se sitúa en dos niveles: vida y apostolado.

Por un lado, está la vida vivida en comunidad sacerdotal en el seno de la parroquia.

En referencia al apostolado, destacaría la predicación, la catequesis, los cursos de religión, el acompañamiento de los grupos de plegaria o de movimientos católicos, las campañas de evangelización y, evidentemente, las celebraciones litúrgicas y la administración de los sacramentos de la Iglesia, que eran para mí ocasiones en las cuales compartir con mis hermanos y hermanas los dones recibidos de Dios.

Por eso, lo que más destacaría de la vida de misión es el profundo sentido de fraternidad, que hacía que el trabajo de evangelización se insertara siempre en el interior de una comunidad creyente”.

Josep Frigola Ribas

Ha sido misionero en África durando medio siglo: 20 años en Burkina Faso en tres parroquias y 30 años en Níger, en tres parroquias y un centro socioeducativo diocesano. Este es su testimonio: “No porque hayamos decidido dejar familia, país e irnos lejos ya podemos pensar que lo tenemos todo ganado. La vocación misionera es un don de Dios. Nace y crece en el interior de cada persona y se realiza a través de un testimonio de vida fiel y cotidiano. No nos podemos fiar solo de las buenas intenciones o de nuestras capacidades. Tampoco nos podemos dejar llevar por los sentimientos y las emociones. Lo que cuenta es la experiencia de creer en Jesús, de seguirlo y de transmitir a los demás que Él es Camino, Verdad y Vida.

Tanto para disfrutar de una buena experiencia como para transmitirla, hay que tener ojos, oídos, una mente sana y un corazón generoso. Tenemos que ver, escuchar, entender y amar. Pero la transmisión de un mensaje pide siempre una conexión especial con la gente y su cultura. Transmitir y testimoniar la fe cristiana exige respetar, dignificar y conducir a las personas a una liberación integral. Es todo un proceso para facilitar que se vea con los propios ojos y se escuche con los propios oídos. Y para ello hay que hablar las lenguas locales, y el evangelio tiene que inculturizarse.

Como misionero, en África y aquí, he tenido la suerte de vivir tres experiencias diferentes y enriquecedoras. La primera, en Burkina Faso, me sumergió en un mundo de religión tradicional, islamizado en parte, y también con comunidades de bautizados y catecúmenos. Han sido años de mucha actividad pastoral y de primera evangelización. La segunda experiencia, en Níger, un país islamizado, me exigió el mismo conocimiento de lengua y costumbres. La transmisión del mensaje se hacía a través de contactos con personas y pequeñas comunidades. Era esencial el testimonio de solidaridad y de ayuda social en toda la comunidad humana. De vuelta aquí, a casa, me parece que hay bastantes raíces, pero faltan nuevos brotes y frutos vigorosos. Solo otro impulso misionero con apertura a toda la sociedad podrá conseguir que, tanto desde dentro como desde fuera, se crea en lo que hemos vivido y sentido.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.