Carta pastoral de Mons. Agustí Cortés: Nosotros en misión

La invitación a participar en el Sínodo de toda la Iglesia, ya inaugurado en Roma el día 10 y entre nosotros el pasado día 17, viene acompañada por tres palabras que concretan su significado y contienen sendas llamadas: “comunión – participación – misión”.

Es muy importante, no solo entender cada una de estas palabras, sino también descubrir la relación que tienen entre sí y el orden en que están colocadas.

Hacemos esta advertencia precisamente cuando celebramos el Día las Misiones, el Domund, el día en que nos sentimos particularmente misioneros, unidos a tantos hermanos nuestros que evangelizan lejos, donde Jesucristo no es aún conocido.

Este año se anuncia el Domund con el siguiente lema: “Cuenta lo que has visto y oído”. Esta llamada se inspira en aquel bonito texto con el que se inicia la Primera Carta de San Juan:

“Os escribimos acerca de lo que ya existía desde el principio, de lo que hemos oído y de lo que hemos visto con nuestros propios ojos… Os anunciamos, pues, lo que hemos visto y oído, para que tengáis comunión con nosotros, como nosotros tenemos comunión con Dios Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que vuestra alegría sea completa” (1Jn 1,1-4)

Lo primero, fundamental y necesario, es la comunión, la comunidad de personas que han visto y escuchado (la carta dice más, “que han tocado con sus manos”). Estas personas se sienten vinculadas, son una fraternidad en la que cada uno participa, a su modo, de la vida del conjunto. Y es este conjunto, todo él, el que realiza la misión, anuncia a quienes no conocen el misterio de vida que habían visto y oído. Por eso, aunque el lema del día del Domund habla en singular (“anuncia”), el texto de la 1ª Carta de San Juan habla en plural (“Os anunciamos”).

Este mensaje es fundamental para entender y vivir la misión.

– Si decimos que somos hermanos, vivimos en comunión, deberemos participar de la vida eclesial (la comunidad, la Diócesis, la Iglesia). Y si esta comunión – participación no desemboca en la misión (el anuncio y testimonio de lo que creemos) no será verdadera.

– Si decimos que somos misioneros, que anunciamos y testificamos la fe, pero esa misión no nace y se alimenta de la comunión – participación que vive la Iglesia, será inútil. Quizá se hagan muchas cosas, pero serán acciones vacías.

La auténtica misión brota, casi incontenible, del misterio escuchado, visto, “tocado”… y compartido en el interior de la Iglesia.

Celebramos la misa los domingos: asentimos a la Palabra que se proclama, recitamos o cantamos el Credo, comulgamos diciendo Amén al Cuerpo y la Sangre de Cristo. En ese momento estamos siendo misioneros. Al menos así lo hemos de vivir. Solo faltará que, al ser conscientes de ello, sirvamos concretamente a la misión, al anuncio. Al menos, sintiendo que los misioneros que anuncian la fe lejos forman también parte de nuestra comunión y participan de nuestra fe y nuestro amor, son también miembros de nuestra Iglesia.

Los misioneros vieron, escucharon y compartieron la fe tan intensamente que entregaron su vida a anunciarla. Un testimonio que todos hemos de imitar.

 

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.