Carta pastoral de Mons. Jesús Fernández: Cuenta lo que has visto y oído – Domund 2021

Junto a otras preocupaciones que indudablemente nos afectan, nos inquieta sobremanera la indolencia que manifiesta nuestro mundo a la hora de vivir y anunciar el Evangelio de Jesucristo. En esta situación, bienvenida la celebración del DOMUND 2021. Esta jornada nos ofrece una nueva oportunidad de reavivar nuestro espíritu misionero, de posar nuestra mirada sobre el admirable testimonio de tantos y tantos misioneros que se entregan sin cesar a la misión, y de ofrecerles la ayuda en forma de oración y de aportación económica.

La Jornada misionera que celebramos el día 24 de octubre se desarrolla bajo el lema propuesto por el Papa Francisco: “Cuenta lo que has visto y oído”. El Santo Padre lo toma de un pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles (cf. Act 4, 20). En él se nos cuenta cómo Pedro y Juan, después de realizar milagrosamente la curación de un lisiado, son apresados y puestos a disposición del Sanedrín que los interroga y les prohíbe severamente predicar y enseñar en el nombre de Jesús. Los dos discípulos, llenos de coraje y valor, le responden que no es justo obedecerles a ellos antes que a Dios y que no pueden por menos de contar lo que han visto y oído.

Desde el primer momento, antes de enviarlos a predicar, Jesús ofrece a los discípulos un tiempo de convivencia para que sean testigos de su vida y enseñanza. Así lo atestigua el evangelista s. Juan al narrar la llamada de Andrés y Juan: Jesús, a la pregunta sobre el lugar de residencia, les responde: “Venid y veréis” (Jn 1, 39). Todos los cristianos, discípulos y apóstoles de Cristo, estamos llamados a convivir con el Señor, a verle, a oírle. También a contar lo que hemos visto y oído. Lo hemos de hacer porque, como dice s. Pablo, “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2, 4) o, dicho al modo del Papa Francisco, Dios nos ama y quiere que todos alcancemos la plenitud en el amor (cf. FT 68). El Señor nos ha dejado este encargo, el deber fraterno de conducirlos hacia la verdad salvadora de Jesucristo, ¿lo cumplimos adecuadamente? Me temo que no. Tal vez porque no hemos vivido convenientemente el encuentro con Jesucristo, encuentro que conduce a la plenitud y a la alegría. Tal vez porque hemos reducido la fe cristiana a una teoría, unos principios, unos ritos, en definitiva, una cultura.

Los cristianos creemos que hay valores que nos hacen mejores y otros que nos destruyen. Estamos de acuerdo en que la paz, la justicia, la solidaridad, el perdón, la fraternidad, son buenos y, por lo tanto, deseables. Y hasta educamos en ellos. Pero, a lo que se ve, los valores no enamoran ni aportan por sí mismos la energía necesaria para encarnarlos en la vida, de ahí que nos cueste tanto presentarlos, testimoniarlos y, sobre todo, hacer que sean asumidos vitalmente por las nuevas generaciones. La experiencia nos dice que, para hacer nuevos cristianos, no basta transmitir valores por muy evangélicos que sean, hay que facilitar el encuentro personal con el Señor.

Los valores del Reino son importantes, pero con frecuencia olvidamos a aquél que nos los ha dado: Jesucristo. Tiene razón el Papa s. Pablo VI cuando dice que “la evangelización debe contener siempre una clara proclamación de que en Jesucristo se ofrece la salvación a todos los hombres” (EN 27). La evangelización no se puede reducir a la transmisión de valores ni de conocimientos. Transmitamos sobre todo la experiencia de ser amados, buscados, encontrados, y rescatados por Jesucristo. Así lo hacen nuestros misioneros, ¿lo harás también tú?

 

+ Jesús Fernández,

Obispo de Astorga