Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez: La misión es comunicar a Jesucristo con la vida y los gestos

Muchas veces hemos oído y conocido a misioneros que se encuentran en diversas partes del mundo. Nos ha atraído y admirado su entrega generosa que manifiestan con su disponibilidad y de modo especial cuando trabajan en ambientes pobres y sufrientes. También nos admiramos de los misioneros que dan tal paso a lo desconocido y además saliendo de su propio entorno familiar, social y cultural. ¡Nos fascinan! No es lo mismo el ambiente social y cultural de Europa que el ambiente de Asia, de África, de América o de Australia. Pero como el amor cristiano no tiene fronteras y el ser humano, con sus respectivas y diversas características raciales, es idéntico en el fondo de su corazón, es por ello que los misioneros no tienen dificultad de exponerse a todos con generosidad y sin distinción. Los misioneros nos invitan a ser, en nuestros ambientes propios, también misioneros. La misión es un don que recibimos en el bautismo y por tanto todos los miembros de la Iglesia somos misioneros por naturaleza y mostramos con nuestra vida y con nuestros gestos a Jesucristo que nos dice: “Así que marchad a los cruces de los caminos y llamad a las bodas a cuántos encontréis” (Mt 22, 9). Nadie es ajeno y todo el género humano es invitado a conocer y a seguir los mandatos del Señor.

El misionero que sigue al Señor no se avergüenza. Comunica con sencillez lo que ha visto y oído: “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Act 4, 20). Hay muchas personas que creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. La fe del misionero ha de ser alternativa para los que han perdido el sentido de su existencia que es algo muy común en nuestra sociedad ávida de éxitos que se esfuman, ansiosa de felicidad que tiene su fuente en lo etéreo y en lo inexistente, buscando recursos en lo material que agobia y hastía… Éste es el mejor momento para llevar el Evangelio de Jesucristo. “El Redentor del hombre, Jesucristo, es el centro del cosmos y de la historia (…) A través de la encarnación, Dios ha dado a la vida humana la dimensión que quería dar al hombre desde sus comienzos…” (Juan Pablo II, Redemptor hominis, n.1). Sin Jesucristo la humanidad se deprecia y devalúa tanto que pierde la esencia propia de su humanismo. La pasión del misionero pone su acento en las palabras del Maestro que vividas con fervor y buen espíritu son medicina y esperanza para la humanidad.

El misionero no pasa de largo ante el sufrimiento humano. Sufre con el que se encuentra en el camino, sufre por amor de la verdad y de la justicia; sufre sin quejarse y se fortalece con un amor que enardece el corazón de los demás. Son los elementos fundamentales que hay en lo más íntimo del ser humano, sea de la condición que sea o de la cultura a la que pertenezca, y por tanto se han de respetar. Por eso, el misionero tiene la facultad, apoyado en el nombre de Jesucristo, de hacer resurgir el auténtico humanismo que tiene como nombre: AMOR. Sin el amor que tiene su fuente en Dios el ser humano se destruye a sí mismo. El amor es aquel que constituye el verdadero humanismo. Tantas realidades que se ponen en duda y que se llegan con petulancia a legislar, como es la vida humana desde sus inicios hasta el final, son modos de actuar que lesionan gravemente lo humano. “La vida no es un problema a resolver sino un misterio a vivir” (Soren Kierkegaard-filósofo danés del s.XIX). Y ese misterio va haciendo posible que se reconozca al ser humano como la creatura más sagrada y respetable que pueda existir.

Estamos en el tiempo de hacer honor y ser agradecidos a los misioneros. Invito a todos los fieles de nuestra diócesis que apoyemos a aquellos que están en otras regiones y países del mundo. Que apoyemos, en nuestra tierra, a todos los agentes de pastoral como son los sacerdotes, los consagrados, los catequistas y los fieles cristianos para que sigamos confiando en la misión que Jesucristo nos ha encomendado a todos. Y no olvidemos de ayudar con nuestra caridad y solidaridad económica a los más pobres y necesitados. Las Obras Misionales Pontificias nos lo agradecerán. ¡FELIZ JORNADA DEL DOMUND! ¡FELIZ JORNADA DE LOS MISIONEROS!

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).