Carta pastoral de Mons. Demetrio Fernández: El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres

Ha sido preciosa la celebración de la beatificación de nuestros mártires de Córdoba, el pasado sábado 16 de octubre. La gran afluencia de fieles, la concelebración de más de 200 sacerdotes y una veintena de obispos, la orquesta y coro de la Catedral, todo preparado al detalle hizo que la celebración litúrgica, presidida por el cardenal Marcelllo Semeraro, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y Delegado del Papa, resultara espléndida y llena de contenido. Todos experimentamos una profunda emoción, un sentimiento hondo, como si el cielo se hubiera rasgado, abriéndose sobre nosotros y envolviéndonos a todos en la gloria de nuestros mártires. La liturgia cristiana tiene esa capacidad de unir el cielo y la tierra en los misterios que celebramos.

Ha sido tan grande la humillación, la tortura, el sufrimiento vivido con amor por parte de ellos, que ahora nos sentíamos emocionados ante el gran aplauso de la asamblea litúrgica, que corroboraba la proclamación como mártires por el Papa Francisco, en la lectura de su Carta Apostólica. Cuando la urna portadora de sus reliquias subía al altar, rodeada de palmas, sentí cómo el peso de la gloria que nos espera hace que los sufrimientos de ahora apenas tengan peso en la vida presente.

Qué grande es la fe cristiana y qué bonita es la Iglesia. Somos una familia, los del cielo y los de la tierra. Pertenecemos a la familia de los santos, donde unos preceden a otros y todos confluyen para la gloria de Dios. La lección de amor que nos dan lo mártires, al perdonar a sus verdugos, será algo inolvidable para toda nuestra vida. Y ese es el principal motor de la historia. Sólo el amor será capaz de transformar nuestro corazón, y consiguientemente la historia de la humanidad.

Esta es la tarea misionera de la Iglesia en todo tiempo, particularmente en este domingo del DOMUND, en el que se nos dice: “Contad lo que habéis visto y oído”. Porque la tarea misionera de la Iglesia no es un simple marketing ni una simple colecta de fondos, sino un testimonio personal como Iglesia y en la relación del tú a tú. El testimonio de nuestros mártires tiene también un sentido misionero. Y ellos nos dan fuerzas para el camino, especialmente a los que son perseguidos por causa de su fe, como nos ha recordado el Papa en el Ángelus del pasado domingo. La Iglesia tiene un mensaje precioso que transmitir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y en esto los mártires son los mejores testigos, los mejores misioneros.

Os pido a todos, sacerdotes y fieles, que hagáis presente en vuestras parroquias el testimonio de nuestros mártires. Dedicad algún altar, preparad alguna imagen en talla o en pintura. No dejéis que se arrincone este testimonio precioso, y hablemos de ello con la enorme alegría de quienes tienen tan cerca un testimonio tan grande de amor y de perdón. No nos privemos de ello en un mundo tan fraccionado y tan enfrentado. Ellos, los mártires, contribuirán grandemente a la concordia y a la paz en nuestros pueblos, porque ellos vienen a transmitirnos un mensaje de perdón y reconciliación. La obtención de reliquias de estos mártires se ajusta a un protocolo que administra el Secretariado para las Causas de los Santos en el Obispado de Córdoba. Pedidlas y rendidles el culto que se merecen.

Nuestra vocación es la santidad, nuestra meta es el cielo. Recorramos este camino, transformando el mundo en el que vivimos y llevando de la mano a nuestros hermanos. El impulso bienhechor del Espíritu Santo es más potente que todas las fuerzas del mal que nos encontremos. La Iglesia es misionera porque lleva en su seno un tesoro de amor, capaz de transformar el mundo entero.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández,

Obispo de Córdoba

Mons. Demetrio Fernández
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Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.