Carta pastoral del Cardenal Ricardo Blázquez: DOMUND 2021

E l Papa Francisco acuñó desde el principio de su ministerio como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal la fórmula “Iglesia en salida” para expresar la dimensión misionera que es constitutiva de la Iglesia. “La Iglesia existe para evangelizar” (Pablo VI) y es por naturaleza misionera. Consiguientemente todo cristiano está llamado a vivir como discípulo en comunión con Jesucristo y a ser misionero enviado por El. Todo cristiano es un discípulo-misionero. La expresión “Iglesia en salida” se inspira en unas palabras del Señor con las que resume su venida al mundo enviado por el Padre y su retorno al Padre después de haber cumplido su misión. “Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre” (Jn. 16, 28).

Por ser discípulos-misioneros no debemos los cristianos ni ensimismarnos en nosotros, pretendiendo refugiarnos al abrigo de la intemperie, ni diluirnos en el mundo al que somos enviados. La misión transcurre entre la experiencia y la esperanza, entre el encuentro vivo con Jesucristo y el envío por El hasta los confines del mundo, a las periferias geográficas y existenciales de la humanidad. La presencia del misionero con su palabra y actividad será tanto más convincente cuanto más refleje la comunión en la fe y el amor con nuestro Señor Jesucristo, que nos revela al Padre y nos da el Espíritu para salir de todos los “cenáculos” protectores y afrontar la misión con sus tiempos propicios y con sus vientos contrarios (Cf. Jn. 20, 19-23). Esta dualidad entre encuentro y salida, en recíproca interacción, indica el lema del domingo del DOMUND de este año 2021: “Cuenta lo que has visto y oído”, que reproduce de cerca el texto bíblico: “Por nuestra parte, dijeron los apóstoles, no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído” (Act. 4, 20), tomado de los Hechos de los Apóstoles, que es el “libro de cabecera de los discípulos misioneros” (Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones). En efecto, desde la despedida de Jesús en la Ascensión y la promesa del envío del Espíritu Santo (Act. 1, 1 ss.) hasta la llegada de Pablo a Roma (Act. 28, 14 ss.) es una narración llena de vivacidad y entusiasmo. Este relato de misión en el comienzo de la historia de la Iglesia que nos inspira y anima en toda aventura misionera.

La Jornada Mundial de Misiones transcurrió el año pasado con gran limitación de movimientos y convocatorias a causa de la pandemia. Este año la celebramos con acción de gracias porque va cediendo en gran medida, aunque no haya cesado totalmente, y por ello debemos actuar entre la confianza y la precaución. Cuando vamos saliendo de esta situación producida por el Covid-19, necesitamos también ser “Iglesia en salida” animosamente, y al mismo tiempo reflexionar sobre las convicciones mayores que se han ido asentando como poso sapiencial en nuestro espíritu. Yo recuerdo ahora tres grandes lecciones; en primer lugar, hemos palpado nuestra fragilidad, todos somos vulnerables y muchos han sucumbido a la vulneración. Además, durante el tiempo más duro del confinamiento se ha manifestado la solidaridad, la bonhomía y la generosidad de tantas personas en la ayuda a los más necesitados. Esta experiencia histórica es también motivo de gratitud y satisfacción, ya que más allá de lo que tantas veces aparece existen muchas personas de corazón bueno. Y. por fin, aunque de esto somos muy sobrios para hablar como si padeciésemos una especie de “afasia”y de pérdida del habla, con un título de J. Ortega y Gasset podemos decir: “Dios a la vista”. Un acontecimiento mayor, como es la pandemia, no puede pasar sin interrogarnos en profundidad. Este tiempo, en que la humanidad entera, hemos corrido peligro y a muchos hermanos se ha apresurado el desenlace, puede ser considerado también como una corrección de Dios y como una llamada a contar con El en la vida, el solo Creador y Padre, Omnipotente y Misericordioso. La prueba se puede convertir en oportunidad.

Las misiones que hace años presentaban un rostro frecuentemente exótico y romántico, cuya imagen estaba envuelta en el heroísmo de los misioneros, actualmente es más conocida y familiar por los medios de comunicación social. ¡Qué admiración nos producía la visita y la narración de los misioneros! Nuestras Diócesis son, además, muy fecundas en misioneros. De los Agustinos filipinos de nuestra ciudad salieron durante varios siglos miles de misioneros hacia Filipinas; fue una admirable epopeya misionera secular. Esta historia es motivo de acción de gracias a Dios por los que nos han precedido en la fe y en la evangelización. Actualmente la situación ha cambiado, ya que España es también “país de misión”; y la condición misionera de todo cristiano puede ejercerse en la proximidad de los familiares, de los amigos y conocidos. Si salieron misioneros de aquí, hoy recibimos también misioneros venidos de lejos. El Concilio Vaticano II, que ha subrayado la dimensión misionera de todo cristiano, ha dirigido también nuestra mirada a la misión en la proximidad. Salgamos a las “cruces de los caminos” (Mt. 22, 9).

Es cierto, todo cristiano está llamado a contar lo que ha visto y oído, a testificar al Señor, a ser apóstol y misionero. Pero el Señor ha enviado a sus apóstoles hasta los confines del mundo (cf. Mt. 28, 20). Ser misionero acontece en la cercanía y en la distancia. En esta perspectiva la misión Ad gentes debe ser subrayada también hoy. El carácter misionero de todo cristiano se refuerza por los misioneros, que han dejado sacrificadamente su familia, su pueblo, su cultura y se han embarcado con tantos peligros para llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra (cf. Act. 1, 8). Convirtieron su existencia en palabra encarnada para la salvación de los hombres. El mismo espíritu fortalece a los misioneros aquí y allí. En la Jornada Mundial de Misiones recordamos particularmente a los que habiendo sido misioneros aquí, animados por una vocación especial, se ponen generosamente en camino. Su salida misionera Ad gentes es para nosotros un estímulo apostólico que se debe traducir en sostenerlos, ayudarlos en sus obras, acogerlos en su retorno, escuchar la narración de sus aventuras apostólicas (cf. Act. 11, 1 ss.; 14, 27-28; 21, 17 ss.). Nuestras Diócesis ejercitan la obediencia al Señor de evangelizar también a través de los cristianos salidos de entre nosotros. Ellos manifiestan vigorosamente la audacia en la dimensión misionera y a través de ellos nuestras Iglesias amplían la llamada del Señor a evangelizar.

Queridos amigos, tengamos presentes a los misioneros, dejémonos contagiar de su espíritu, seamos generosos en la colecta económica por las Misiones.

+ Cardenal Ricardo Blázquez

Arzobispo de Valladolid

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)