Carta pastoral de Mons. Salvador Cristau: El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús

Esta es una frase del santo cura de Ars, san Juan María Vianney, que describe muy bien la realidad de este misterio, el misterio del sacerdocio. Porque es el Señor quien, en su misericordia, ha mirado con amor el mundo, los hombres y las mujeres que viven en él inmersos en la oscuridad sin hallar sentido a sus vidas y llama a unos hermanos suyos, como llamó a los apóstoles, a seguir el camino de Jesús para ser portadores de luz y de paz al mundo. Cuando nos parece que estamos rodeados de tempestades y terremotos en el mundo y en la Iglesia, cuando a veces nos sentimos impregnados de cierto pesimismo que no deja de ser también una falta de esperanza, resulta que hoy, este domingo de octubre, viviremos la experiencia de la presencia del Señor, de un milagro que se realiza ante nuestros ojos. Un acontecimiento eclesial que nos muestra que el Espíritu Santo continúa actuando en la Iglesia.

Sí, porque este domingo 10 de octubre, cuatro jóvenes seminaristas de nuestro Seminario Diocesano serán ordenados presbíteros, es decir, serán configurados a Jesucristo sacerdote por el sacramento del orden que recibirán.

¿Qué puede significar ello para nosotros, cristianos de la Iglesia diocesana de Terrassa? En el libro del profeta Ezequiel hallamos un pasaje impresionante. El profeta vio un campo inmenso lleno de huesos secos y amontonados. Pero por la invocación del Espíritu todos aquellos huesos con sus cuerpos revivieron, se pusieron en pie y cobraron nueva vida (Ez 37,1-14).

Ciertamente a veces puede parecernos que casi nada en el mundo tiene solución, pero resulta que cuatro jóvenes de nuestras parroquias que, hace ya algunos años, escucharon la llamada del Señor, dan hoy una respuesta como la del profeta Isaías: “Entonces escuché la voz del Señor, que decía: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?” Contesté: “Aquí estoy, mándame” (Is 6,8).

Ante la secularización que nos rodea, ante el dolor por ver a tantos hermanos y hermanas nuestros alejados de Dios, apartados de su luz, ante la falta de fe en el mundo, en la cultura y en el ambiente que respiramos, ante el materialismo y la dictadura del consumismo, ante el mal que oprime y mantiene esclavizados tantos corazones, ciertamente podemos dejarnos abatir por el desánimo y quedarnos cruzados de brazos pensando que no hay nada a hacer. Pero también podemos levantarnos mirando más allá de lo que  ven nuestros ojos y emplear nuestra vida en hacer presente a Dios y su amor en el mundo y entre los hombres y mujeres que viven en él. Podemos trabajar con esperanza allí donde el Señor nos ha puesto, en el tiempo y en el lugar donde nos toca vivir, y confiando en su palabra, dar testimonio con nuestra vida de lo que creemos, somos y vivimos.

Eso es lo que estos jóvenes, ellos, han escogido hacer. Es un testimonio y un estímulo para nosotros. Y es a nosotros que hemos recibido el bautismo y hemos sido enviados también al mundo, a quienes toca dar también nuestra respuesta.

+ Salvador Cristau Coll

Administrador diocesano de Terrassa