Carta pastoral de Mons. Enrique Benavent: El proceso sinodal

El proceso sinodal al que hemos sido convocados por el Papa, no pretende únicamente que lleguemos a algunas conclusiones sobre los aspectos de la vida de la Iglesia que más nos preocupan, como puede ser la necesidad de reorganizarla ante el fenómeno de la falta de vocaciones sacerdotales o religiosas, que nos fuerza a buscar alternativas para atender pastoralmente las distintas realidades eclesiales. Tampoco se trata de encontrar fórmulas que resulten eficaces para el anuncio del Evangelio y la trasmisión de la fe en el momento actual. El objetivo es más profundo: aprender a vivir en la Iglesia desde unas nuevas actitudes. Aunque la fase diocesana terminará en el mes de abril, el documento preparatorio insiste en que la sinodalidad es una característica constitutiva de la Iglesia y el camino que ha de recorrer durante el tercer milenio. En este documento se emplean tres términos para expresar qué es lo esencial en la vida eclesial: comunión, participación y misión.

La comunión es algo más que la unidad. La unidad puede ser externa y jurídica. En la Iglesia hay unidad cuando los fieles profesamos las mismas verdades, celebramos los mismos sacramentos y reconocemos la autoridad a los legítimos pastores acogiendo sus enseñanzas y prestándoles la obediencia. La comunión presupone esta unidad, pero no se limita a ella. Las verdades que creemos nos deben llevar a compartir y vivir juntos la fe; los sacramentos que celebramos nos hacen amigos de Dios por la Gracia que nos comunican; la unidad garantizada por los pastores debe llevarnos a una comunión en el amor, a hacer de la Iglesia una misma familia de hermanos. Ciertamente, ello no implica que entre nosotros no haya diferencias, pero si la fe vivida es auténtica, las diferencias no llegan a convertirse en divisiones. El proceso sinodal nos debe enseñar que no nos podemos conformar con una unidad meramente externa y que las diferencias no nos deben dividir.

La participación es también una exigencia de una vida eclesial sana. La Iglesia no la edificamos nosotros; es el Espíritu Santo quien va construyéndola como un templo consagrado al Señor en medio del mundo. Y el Espíritu se sirve de los bautizados que, viviendo en fidelidad al bautismo y a la propia vocación, dan vida de la Iglesia. La participación supone que todos podemos aportar algo y que nadie tiene derecho a pensar que puede prescindir de los otros. Todos tenemos el derecho y el deber de contribuir como cristianos y con nuestro compromiso en el Pueblo de Dios. La participación exige paciencia, diálogo, hablar con caridad y escuchar con respeto. Solo de este modo encontramos caminos para vivir como hermanos.

Cristo no entregó su vida para salvar a la Iglesia, sino para salvar a toda la humanidad. Por ello, la Iglesia no vive para sí misma, sino que está al servicio de todos ofreciendo el Evangelio y la Vida de la Gracia. Esta misión no es tarea de unos pocos, sino que nos debe implicar a todos, y solo será creíble si vivimos la comunión y nos comprometemos en la vida eclesial.

Os invito a orar desde ahora por los frutos de este proceso sinodal.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.