Carta pastoral del Cardenal Carlos Osoro:«Dame de beber» (Jn 4, 7)

Introducción
Hace tres años comenzamos un itinerario pastoral en nuestra archidiócesis de Madrid (Plan Diocesano Misionero -PDM-) para
entrar en la dinámica que el Papa Francisco nos propone en la exhortación apostólica Evangelii gaudium: «Todos somos llamados a una salida misionera […], cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (EG 20). Este documento marca un camino y una dirección a la Iglesia. Es la que el Concilio Vaticano II nos dio y la misma que el Papa Francisco nos invita a vivir haciendo una relectura de la exhortación
apostólica Evangelii nuntiandi de san Pablo VI.

Con las cartas pastorales de cada inicio de curso, he intentado marcar una dirección y un camino en nuestra Iglesia diocesana en la línea de la exhortación apostólica del Papa Francisco y de los documentos del último Sínodo Diocesano de nuestra archidiócesis. Lo he venido haciendo también sirviéndome de la carta que os entrego cada semana. Mis cartas siempre se apoyan en una página del Evangelio. Con ello no trato de hacer un comentario exegético del texto elegido, más bien hago una lectura sapiencial, viva y existencial del mismo. De tal manera que nos mueva a todo el Pueblo de Dios que camina en Madrid a salir a la maravillosa misión a la que el Señor nos llama como miembros vivos de la Iglesia. Este año quiero invitaros
a todos, sacerdotes, vida consagrada y laicado, a sentir las voces de tantas personas que pasan a nuestro lado y nos dicen: «Dame de beber». Trato de haceros ver y descubrir que en el fondo de la Palabra de Dios, desde una lectura creyente de la misma, aparece una situación significativa en la misión de Jesucristo. A esa misma misión nos convoca el Señor, hoy y aquí, a la Iglesia, su Cuerpo.

Quisiera que a través de mi carta pastoral se apropiara del corazón de cada uno de nosotros ese sueño del Papa Francisco: «Sueño con una opción misionera, capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda la estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual, más que para la autopreservación […]. Como decía san Juan Pablo II, toda renovación en el seno de la Iglesia debe tender a la misión como objetivo, para no caer presa de una especie de introversión eclesial» (EG 27).

Os recuerdo las cartas escritas en los dos cursos pasados, en las que traté de descubrir la llamada que Jesucristo nos hace a todos a través de su Palabra a la misión.

«¿Qué quieres que haga por ti?»: en ella aludía, a través del encuentro de Jesús con el ciego Bartimeo, a cómo la Iglesia ha de
seguir escuchando los gritos de los hombres que pasan por este mundo y ponerse a su servicio; si es necesario, cambiando de ruta. Lo que importa es que la noticia de Cristo llegue al corazón del ser humano, lo transforme y lo entusiasme con ese anuncio de un camino existencial que colma la vida y el corazón del ser humano. ¡Cuántas noticias me habéis dado sobre los gritos que habéis escuchado! Y más aún sobre el trabajo y la dedicación que habéis tenido para acogerlos y dar respuesta.

«Quiero entrar en tu casa»: En ella, a través de la contemplación del texto, descubríamos a Zaqueo. Jesús lo ve subido a un sicómoro, pues tenía curiosidad por ver al Señor, quizá movido por su vacío y los deseos de que se acercara a su vida. El Señor lo llama, quiere comunicarse con él, desea entrar en su vida y ofrecerle una manera de vivir absolutamente nueva. Con esta carta expresaba un profundo deseo en mi corazón como pastor de esta Iglesia diocesana: entrar en tantas situaciones vitales en las que viven nuestras gentes y ponernos como Iglesia en esa actitud misionera que el Señor tuvo. Se trata de entrar
en todas las circunstancias que viven los hombres, porque el Señor nos muestra que no hay ningún camino por el que transite un ser humano que esté cerrado para Cristo. Él, durante su estancia en este mundo, manifestó un deseo claro de entrar en las vidas de las personas, cualesquiera que fuesen, para regalar Vida, sentido, hondura y encuentro.

Para seguir pensando:

1. ¿Te has sentido misionero? ¿Cómo dijiste y a quién: «¿Qué quieres que haga por ti?»?, ¿en tu casa, entre los tuyos, con tus
amigos, con tus vecinos, en tu barrio…?
2. ¿Te ofreciste y pudiste decir: «Quiero entrar en tu casa»?
3. ¿Sientes y vives que ser misionero ha de ser la versión de tu vida como cristiano?
4. ¿Animas a otros que viven a tu lado a vivir la fe, ya que dejaron de practicar la vida de fe, no bautizaron a sus hijos o no se casaron por la Iglesia?
5. ¿Muestras con obras que eres discípulo de Cristo y miembro de la Iglesia?

Fundamentación
Con la carta pastoral de este curso, que lleva por título «Dame de beber», quiero hacer ver a toda la Iglesia diocesana que, «cuando se asume un estilo misionero […], el anuncio se concentra en lo esencial […]. La propuesta se simplifica, sin perder por ello profundidad y verdad, y, así, se vuelve más contundente y radiante» (EG 35). ¡Qué hondura alcanza a la vida de un discípulo de Cristo el descubrir a la Iglesia como «madre de corazón abierto»! «La Iglesia en salida es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás, para llegar a las periferias humanas no implica, sin embargo, correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido» (EG 46). La página del Evangelio de la samaritana (Jn 4, 1-42) va a sustentar mi reflexión. La he estudiado y la he rezado en estos primeros 15 días de agosto para poder escribirla a partir del 15 de este mismo mes. Quiero ver a tantos hombres y mujeres de hoy, niños, jóvenes, personas de edad media y ancianos que nos están diciendo de modos muy diferentes: «Dame de beber».

Y ese grito, a veces silencioso y otras veces resonando con ecos muy variados, no puede dejar de escucharlo la Iglesia de Cristo: «La Iglesia no es una aduana, es la casa paterna, donde hay lugar para cada uno, con su vida a cuestas» (EG 47). Si la Iglesia asume este dinamismo, «debe llegar a todos, sin excepciones». Pero hay privilegiados en esta llegada. «El Evangelio es contundente: hay que llegar […], sobre todo, a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados» (EG 48). En este sentido, ¡qué bien lo hicieron durante todo este tiempo de pandemia Cáritas Diocesana de Madrid y todas las
Cáritas parroquiales! Gracias de corazón a todos los que estáis implicados de una u otra forma y nos impulsáis a vivir con la fuerza y el coraje de la caridad de Cristo desde tantos lugares de Iglesia.

Quizá en ningún lugar como en otro, las grandes ciudades, y es nuestro caso, «necesitamos reconocer la ciudad desde una mirada contemplativa, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en las calles, en las plazas […]. La presencia de Dios en la ciudad no debe ser fabricada, sino descubierta, desvelada. Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero, aunque lo hagan a tientas, de manera imprecisa y difusa» (EG 71). Hemos de tener imaginación, la misma que tuvo el Señor para alcanzar el corazón de la samaritana. Nuestras ciudades son un lugar privilegiado de la nueva evangelización. Para ello urge que tengamos imaginación, generemos espacios de oración y de comunión que sean atractivos y significativos para quienes viven en ellas (cfr. EG 73 y 74), que nos ayuden a implicarnos más y llamar a otros al movimiento de Amor que se inició en la Encarnación y al que el Señor nos convoca desde nuestra pertenencia eclesial.

¡Qué hondura tiene el encuentro del Señor con la samaritana! Dios alcanzando el corazón de un ser humano, porque tiene sed del hombre. Y el hombre alcanzado por Dios porque en su ser e identidad más profunda tiene sed de Dios; tiene grabada la imagen de Dios en su esencia y tiene deseos inmensos de encontrar a quien le está diciendo, como a la samaritana: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva» (Jn 4, 10). Esta es la realidad del momento histórico que nos toca vivir y en el que la Iglesia ha de ofertar la vida de Dios para quitar la sed de la humanidad y transformar este mundo.

Las tres encíclicas que el Papa Francisco nos ha regalado hasta ahora exponen aquellas situaciones que hacen que, en nuestro mundo, la imagen del hombre quede ensombrecida y no manifieste su gran belleza. El Papa indaga sobre lo que, a mi
modo de ver, son los problemas reales de nuestra época. En medio de ellos, nos hace oír el grito, unas veces manifiesto y
otras silencioso, de quienes viven a nuestro lado y con tanta fuerza nos piden: «Dame de beber». Esto se hace patente a través
de tres realidades:

(sigue…)

 

+ Carlos Card. Osoro Sierra

Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.