Carta pastoral de Mons. Rafael Zornoza: “Ensanchar el corazón” ante la inmigración

La Iglesia celebra el 26 de septiembre la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado para orar por ellos y tomar conciencia de la situación del mundo en el que vivimos, ante el desafío de las migraciones y las oportunidades que nos ofrecen de cara al futuro.

Las migraciones han formado parte de la historia de la humanidad –especialmente la de Europa, en su cultura y en su economía—, y gracias a ellas hemos crecido y afrontado nuevos desafíos. Pero también hoy recordamos las dramáticas crisis migratorias, que nos afectan tan de cerca, tanto en las fronteras de Canarias como en Ceuta y Melilla.

Ante el desafío de las migraciones es necesario dar una respuesta de fe, pues se nos presentan hoy como un «signo de los tiempos». El Señor resucitado espera de la Iglesia la acogida integradora que reclama siempre la Palabra de Dios. ¿Con qué medios salimos al encuentro y acogemos a migrantes, refugiados y víctimas de la trata para manifestarles el amor del Señor por ellos?

El Papa Francisco nos propone «ensanchar el corazón» ante los que llegan, porque «todos somos responsables de la vida de quienes nos rodean» (Francisco, JMMR 2013). El lema que el papa Francisco nos propone este año nos sitúa ante las migraciones como ante una oportunidad para profundizar en la catolicidad de la Iglesia, en su universalidad, haciendo un mundo más inclusivo. Cada uno de nosotros, a partir de la comunidad en la que vive, ha de contribuir a que la Iglesia sea siempre más comprensiva: «Hacia un “nosotros” cada vez más grande» y que sintamos a todos como parte nuestra, unidos a nosotros y a nuestra suerte, puesto que todos compartimos un destino y un mismo viaje. Aprendamos, pues, a acoger, proteger, promover e integrar para vivir la «cultura del encuentro» y cambiar la mentalidad, para hacer «una mejor política, política puesta al servicio del verdadero bien común» (Fratelli Tutti, n. 154). La familia humana necesita: salir de un «nosotros» pequeño, reducido por fronteras o por intereses políticos o económicos, para ir a un «nosotros», para caminar como humanidad en la que vivamos como hermanos, compartiendo la misma dignidad que Él nos da.

Hacen falta políticas y legislaciones que favorezcan a quienes llegan y que potencien la ayuda necesaria para el desarrollo de los países de origen (FT, n. 132). De ahí la importancia del Pacto Global por las Migraciones y la iniciativa de políticas internacionales que garanticen estos derechos desde el «nosotros» inclusivo y amplio, “que se base plenamente en una ética apoyada en los derechos humanos, en el horizonte de fraternidad universal y en el derecho internacional. La Iglesia quiere trabajar de la mano de la sociedad civil, de las administraciones y del Estado para acoger el fenómeno de la migración con ojos nuevos.

Hemos de promover y construir comunidades acogedoras e inclusivas, y defender la dignidad de toda vida humana, trabajando al servicio de la justicia y el bien común. Y preocuparnos además de rezar por el dolor de quienes, a poco de llegar, intentan abrirse paso en nuestra sociedad, para que con nuestra actitud encuentren caminos de integración y condiciones para un futuro de trabajo, dignidad y paz; y para que se ensanche nuestro corazón y nuestra vida hasta dar cabida a todos los que sufren, dando así testimonio del amor de Cristo por todos.

Nuestra Delegación Diocesana de Migraciones lleva mucho tiempo trabajando en ello y colaborando en primera línea en las difíciles situaciones que se presentan en nuestras fronteras, y sigue pidiendo nuestra colaboración. Como cristianos, debemos ser modelos de una nueva forma de vida: una vida de amor, compasión y cuidado de los demás. Hemos de trabajar por la dignidad y la igualdad, para construir una sociedad en la que sea más fácil para las personas amar y ser amadas. Por nuestro amor, por la forma en que servimos a nuestro prójimo, por la manera en la que cuidamos unos de otros, especialmente de los débiles y vulnerables, podemos cambiar el mundo.

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.