Carta pastoral de Mons. Francisco Cerro: Los sueños se construyen juntos

A LOS SACERDOTES, MIEMBROS DE LA VIDA CONSAGRADA Y FIELES LAICOS DE LA ARCHIDIÓCESIS DE TOLEDO

1. INTRODUCCIÓN: ALGO MÁS QUE UN TÍTULO

1. Todos soñamos. Y lo hacemos en un doble sentido: como expresión de una función primordial de nuestro cerebro cuando dormimos, que nos ayuda a seleccionar recuerdos; y, de forma consciente, como anhelo persistente de algo que deseamos conseguir. La acción de soñar es, por definición, individual. Pero solemos compartir nuestros sueños, ya sea al despertarnos, comentando aquello que recordamos haber soñado con quienes nos acompañan en nuestro día a día, ya sea al hacer partícipes a otros de nuestras añoranzas.

Mi sueño para la Archidiócesis de Toledo, que deseo compartir con cada uno de vosotros, es poder celebrar un sínodo que nos
ayude a todos los miembros de la comunidad diocesana a fortalecer nuestra fe en Cristo, a reforzar nuestro ser Iglesia y a manifestarnos como un único Pueblo de Dios para salir al encuentro de los hermanos que no le conocen. Es un sueño que he ido madurando desde que tomé posesión como Arzobispo de Toledo el pasado 29 de febrero de 2020. Un sueño que comienza a concretarse con la propuesta pastoral presinodal 2021-2024 que quiero presentaros en esta Carta Pastoral. Un sueño que hemos de hacer realidad todos y cada uno de nosotros, miembros de la Iglesia que peregrina en la Archidiócesis de Toledo, desde la complementariedad de nuestras propias vocaciones –laical, consagrada y sacerdotal–. Un sueño que podemos y debemos construir juntos.

2. Un sínodo diocesano es, de conformidad con el Código de Derecho Canónico, un «una asamblea de sacerdotes y de otros fieles escogidos de una Iglesia particular, que prestan su ayuda al Obispo de la diócesis para bien de toda la comunidad diocesana». Su convocatoria corresponde al Obispo cuando las circunstancias así lo aconsejen y su finalidad es prestar ayuda al Pastor para bien de toda la comunidad, aconsejando sobre los distintos aspectos de la vida de la Iglesia diocesana. Se trata de una oportunidad única para que todos nos sintamos protagonistas de la milenaria historia de la Archidiócesis de Toledo en el momento presente para construir su destino futuro.

3. Desde que llegué a la Archidiócesis de Toledo, una de mis prioridades ha sido escuchar. Gobernar exige adoptar decisiones,
pero para mí la mejor forma de hacerlo es escuchando antes. Es por ello por lo que he querido iniciar una visita pastoral a toda
la Diócesis, tal y como he explicado en mi Carta Pastoral «La parroquia, manantial de vida para la comunidad cristiana», con el
objetivo de escucharos, alentaros, compartir con vosotros vuestros anhelos y necesidades. Creo que es un primer paso importante para seguir conociéndonos y creciendo juntos; también a fin de crear ambiente presinodal, tan necesario para poder celebrar con éxito un sínodo diocesano.

4. Deseo hacerlo no sólo porque es la forma en la que entiendo mi ministerio episcopal, sino también porque, como he señalado en distintas ocasiones, estamos viviendo un cambio de época que exige que nos replanteemos algunas cuestiones fundamentales de nuestra organización, de nuestra pastoral, de nuestra misión como Iglesia diocesana en el contexto de las prioridades marcadas a nivel nacional y universal. El último sínodo celebrado en la Archidiócesis lo impulsó nuestro querido y admirado don Marcelo en 1986. Han pasado 35 años. Este intervalo de tiempo, en el contexto del mundo actual, donde todo se ha acelerado, hace que resulte necesario discernir, escuchar y dialogar sobre qué nos pide el Señor en el momento presente a quienes formamos parte de la comunidad diocesana.

En este sentido, mis primeros pasos entre vosotros han coincidido con dos acontecimientos eclesiales muy significativos que están marcando ya el futuro inmediato de nuestra Iglesia: el Congreso de Laicos y el Sínodo de Obispos sobre la sinodalidad.
Ambos han sido concebidos no como eventos, sino como auténticos procesos que implican a todo el Pueblo de Dios: obispos, sacerdotes, religiosos, laicos. Todos hemos de sentirnos protagonistas, porque lo somos.

El Congreso de Laicos comenzó como una fecha marcada en el calendario para reflexionar sobre el laicado y ha culminado como un proceso de todo el Pueblo de Dios. Hemos descubierto que nos necesitamos entre nosotros y que el mundo necesita del mensaje de esperanza que podemos transmitirles como Iglesia. La fase que se ha abierto al finalizar el mismo, en la que se promueven cuatro itinerarios como referencia de nuestras dinámicas pastorales – primer anuncio, acompañamiento, procesos formativos y presencia en la vida pública– y dos claves horizontales para guiar los trabajos –sinodalidad y discernimiento– ha de llegar a todos los rincones de nuestra Archidiócesis, porque nos jugamos mucho en ello.

Al mismo tiempo, el Sínodo de los Obispos convocado por el Santo Padre en torno a la sinodalidad nos permitirá profundizar
en ese proceso vivido con motivo del Congreso de Laicos. No en vano, como señala el Papa Francisco, «[el] camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra ‘Sínodo’. Caminar juntos –laicos, pastores, Obispo de Roma–» (Discurso en la Conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, 17 de octubre de 2015).

5. ¿No es todo esto providencial? Yo creo que lo es. Me emociona pensarlo así y me ilusiona saber que el objetivo que soñamos con el Papa Francisco de ser Iglesia en salida vamos a construirlo juntos para nuestra Archidiócesis de Toledo.

Ambos acontecimientos nos ayudan y, al mismo tiempo, nos impulsan, a comenzar a dar los primeros pasos hacia nuestro sínodo diocesano.

2. UNA PROPUESTA PASTORAL PRESINODAL
2.1. Premisas

6. El pasado curso concluíamos el Plan Pastoral 2012-2021 impulsado por mi querido predecesor, don Braulio. Un plan pastoral muy bien preparado y ejecutado, modélico en relación con no pocos aspectos, que nos ha ayudado a profundizar, desde la clave de la familia, en diferentes aspectos fundamentales de nuestra vida de fe y de nuestra misión como Iglesia. Los planes pastorales son importantes, porque ayudan a crear comunión.

(sigue…)

+ Francisco Cerro Chaves

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.