Carta pastoral de Mons.. Francisco Cerro: «Le hablaré al corazón» (Os 2, 16) Sobre la pastoral vocacional

A todos los sacerdotes y seminaristas, a los miembros de la vida consagrada, a las familias, a los jóvenes y a los fieles laicos de nuestra archidiócesis

I. INTRODUCCIÓN

1. «Le hablaré al corazón» (Os 2, 16). He querido recurrir al profeta Oseas para dar título a esta Carta pastoral porque en estas palabras veo reflejado el comienzo, el sentido y el apoyo de toda vocación, particularmente, la vocación sacerdotal: todo pasa por ese diálogo de amor por el que Dios habla y toca el corazón humano. Su palabra llega a nosotros envuelta en misericordia y gracia. Y en ese encuentro entre el Corazón de Cristo y el nuestro, puede surgir la respuesta a su llamada.

En varias ocasiones he tenido la oportunidad de compartir con vosotros algunas de mis experiencias en el que fue y será mi querido Seminario Diocesano de Toledo. Y os he hablado de mis formadores, profesores y directores espirituales. Tampoco os he ocultado algunos de los momentos en los que fui comprendiendo cómo Jesús me invitaba a seguirle, en particular a través de los Ejercicios Espirituales.

En el marco aún de este año dedicado a san José, Patrono de la Iglesia universal y también del Seminario, quisiera entregaros en esta Carta pastoral algunas reflexiones que considero necesarias en el actual contexto social y diocesano, para que la vocación al ministerio sacerdotal siga siendo suscitada en toda la archidiócesis, custodiada en el Seminario y finalmente reconocida y sellada por la Iglesia a través de la sagrada ordenación. ¡Cómo no recordar a este respecto la permanente
preocupación de mis predecesores hacia nuestro Seminario y hacia las vocaciones! Desde aquella histórica carta pastoral «Un Seminario nuevo y libre» del Cardenal don Marcelo González Martín en el año 1973, los esfuerzos de los arzobispos y demás instituciones diocesanas han sido tantos que nuestra archidiócesis se ha visto muy bendecida por Dios con numerosos, celosos y santos sacerdotes.

2. El misterio de toda vocación, también al sacerdocio, nos remite al Corazón de Jesús. En Él fuimos creados y llamados a vivir en comunión con Dios. En esto consiste la santidad, como nos enseña san Ignacio de Loyola: «El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima.» En el encuentro con Cristo descubrimos esta llamada básica y fundamental y en el diálogo íntimo con Él se nos manifiesta el camino concreto en el que cumplirla: el sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio cristiano. Por ello, desde mi entrada en nuestra querida archidiócesis, me he esforzado en afirmar la primacía de la vida del espíritu y la necesidad que tenemos de la oración y de aprender a orar «según el Espíritu» (Judas 20).

3. La presente carta pastoral quiere centrarse en las vocaciones al sacerdocio, pues, cuidando éstas, cuidamos las demás. En efecto, toda la vida cristiana encuentra su «fuente y su culmen» en la Eucaristía, la cual llega a nosotros a través del ministerio de los sacerdotes, y, junto a la Eucaristía, el perdón de los pecados y todos los demás bienes de la redención de Cristo necesarios para la realización de aquella vocación fundamental a la santidad. Por eso, el sacerdocio ministerial está al
servicio de todas las demás vocaciones; más aún, es necesario para la realización de todas ellas. «Donde haya sacerdotes que cumplan bien con su misión habrá un laicado floreciente, y sin sacerdotes, de ley ordinaria, no lo habrá» . Por ello, promoviendo las vocaciones sacerdotales, promovemos todas las demás vocaciones. Yo mismo lo recordaba justo hace un año: «siempre necesitamos más seminaristas para que tengamos abundantes sacerdotes con los que podamos afrontar el reto
de la evangelización», sacerdotes que sean transparencia fiel de la bondad y del amor del Corazón de Cristo, según la acertada expresión del santo Cura de Ars: «El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús».

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+ Francisco Cerro Chaves

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.